HACER LA DIRECCIÓN DE ARTE DEL VIDEOCLIP DE ‘LO MALO’ HA SIDO UN TRABAJO MUY INTERESANTE, TANTO A LA HORA DE TRABAJAR CON ANA GUERRA Y CON AITANA, COMO CON EL RESTO DE LOS EQUIPOS.

Alessio Meloni inmortalizo por el fotógrafo Javier Naval.
HACER LA DIRECCIÓN DE ARTE DEL VIDEOCLIP DE ‘LO MALO’ HA SIDO UN TRABAJO MUY INTERESANTE, TANTO A LA HORA DE TRABAJAR CON ANA GUERRA Y CON AITANA, COMO CON EL RESTO DE LOS EQUIPOS.

Alessio Meloni inmortalizo por el fotógrafo Javier Naval.
Solo quedan tres días (Viernes, sábado y domingo) para disfrutar en la Sala Mirador de ‘La Esfera que nos contiene’, una obra que fue candidata al Max al Mejor Espectáculo Revelación y que constituye un hermosísimo homenaje a la memoria de todos esos maestros y maestras que tanto hicieron por la educación de este país en una época tremendamente difícil, en la que ejercer su profesión con libertad les podía costar prácticamente la vida, como así ocurrió en muchos casos. Ahora, después de décadas en las que la educación se desarrolla con la normalidad de un acto rutinario, es casi una obligación descubrir cómo fue el largo y espinoso camino de quienes hicieron posible que la enseñanza fuese un derecho para todos.
Aunque muy interesante, ‘La disputa’ es uno esos montajes que, a priori, puede dar mucha pereza. Y es totalmente comprensible. Una obra en la que solo hay dos personajes y estos son Voltaire y Rousseau, permitirme la licencia, pero da un poco de miedo -o un mucho, según se mire-. De antemano se sabe que no va a ser nada ligero. Eso, con toda seguridad. Pero si luego nos percatamos de que la dirección y la dramaturgia vienen de la mano de Josep María Flotats, entonces tomamos aliento, y decimos ‘esto tiene que ser sinónimo de calidad’ y no nos equivocamos. ‘La disputa’ es una obra realmente interesante, teatro del que ya no se hace, ese teatro riguroso y de alta escuela que lleva la firma de Flotats, uno de los artistas más prestigiosos de nuestra escena.
Me ha costado muchísimo digerir ‘La autora de las meninas’. Se me ha hecho larga (1h y 45 min) y espesa por momentos. Y, aun reconociendo la gran originalidad de la historia y la brillante actuación de Carmen Machi -eso es incuestionable-, el montaje de Ernesto Caballero me ha dejado totalmente frío y descolado. De hecho, pasados unos minutos, aún sigo dándole vueltas a la cabeza preguntándome: «-¿Qué acabo de ver»?-. A fecha de hoy, no tengo clara una respuesta. Lo único que puedo decir es que estamos ante una obra inclasificable. Confieso que me encanta el argumento, me parece muy original y rompedor. Sin embargo, el tono en que está contada la historia y ese acusadísimo sentido del humor, me chirrían por completo. Tal es así que, en determinados momentos, me fue inevitable desconectar. En definitiva; el contenido de la obra -muy interesante y sugerente- choca frontalmente con el tono escogido por Ernesto Caballero.
No me salen los calificativos para definir la actuación de Ginés García Millán dando vida a ‘Tío Vania’, uno de los personajes más representados en la historia del teatro. Lo que hace este hombre en la Sala Francisco Nieva es indescriptible. ¡Hay que verlo en persona para sentirlo!. Lo único que puedo confesar es que a mí me conmovió profundamente y me llegó al alma como un misil. Con permiso de Manuela Paso en ‘La función por hacer’, creo que nunca he visto llorar a nadie así en una sala de teatro. ¡Qué manera de romperse…. qué forma de llorar desconsoladamente!. Lo que marca la diferencia entre él y la mayoría de actores, es que Ginés llora DE VERDAD, lo siente de verdad y ese dolor llega al público sin trampa ni cartón, poniéndole la carne de gallina. Sus lágrimas brotaban de sus ojos y parecían salir directamente de las entrañas. Los que estábamos allí nos dimos cuenta de que aquello era MAGIA y fuimos conscientes de que el ‘Tío Vanía’ que escribió Chéjov hace más de un siglo parecía estar escrito para Ginés. Lo que ocurre en el Valle Inclán es una de esas cosas mágicas que suceden a veces en el teatro cuando actor y personaje alcanzan una comunión perfecta. Por eso la interpretación de Ginés García Millán y su descarnado ‘Tío Vanía’ serán recordados por muchos años. ¡Memorable!.

Una de las imágenes más bonitas que nos dejan las ‘Bodas de Sangre’ de Messiez, con Pilar Bergés, de espaldas, y con peluca rosa. Fotografía: marcosGpunto
A lo largo de mi vida he visto trece adaptaciones de ‘Bodas de Sangre’; grandes producciones y montajes de formato más pequeño, versiones de compañías nacionales y también de extranjeras, adaptaciones fieles al original y otras más transgresoras que trasladaban la historia a nuestros días. Sin duda, es la obra de teatro que más veces he visto representada en mi vida, eso sin contar las ocasiones que he podido ver ‘La Casa de Bernarda Alba’, ‘Yerma’ o ‘Doña Rosita la soltera’. (Es lo que tiene nacer en un pueblo que tiene grupo de teatro, e impregnarme desde pequeño del universo lorquiano). Y siento decir que en ‘Las Bodas de sangre’ de Messiez no he sentido de cerca el espíritu ni la esencia de Federico García Lorca.
Algún lugar de Almería. Época actual. Un padre muy autoritario (Chete Lera) dirige con mano de hierro algunos invernaderos de la zona y, también, la vida de sus hijos. El mayor, Ángel, (Jorge Calvo) está sometido al yugo del padre, sin apenas poder respirar, y se ahoga poco a poco en su dolor. El mediano es el perro guardián y sigue estrictamente las órdenes de su progenitor. Indalecio (Samy Khalil) -el pequeño de la familia-, es el más rebelde, el soñador y el que se subleva ante tanta tiranía. Además, tiene la ‘mala suerte’ de enamorarse de Farida (Mina El Hammani), una joven inmigrante que trabaja en los invernaderos, saltándose una regla crucial que les impuso el patriarca. Eso le traerá graves consecuencias. Este padre dictador y sus tres hijos son los protagonistas de ‘Dentro de la Tierra’, un bellísimo relato escrito por Paco Bezerra que cuenta con dos personajes más; ‘La Quinta’ (Julieta Serrano), una estrambótica curandera, cuyos servicios contrata el padre, porque piensa que a Indalecio se le ha metido el sol en la cabeza. Y Mercedes (Pepa Rus), una madre soltera que se gana la vida como puede, en este caso traficando con droga, y que tiene una relación muy estrecha con Indalecio.

Lluís Homar brilla dando vida al gobernador Danforth en ‘Las Brujas de Salem’
A estas alturas es muy difícil que una versión de ‘Las Brujas de Salem’ pueda sorprendernos. Desde que Arthur Miller escribiera la historia en 1952, se han hecho múltiples y muy buenas adaptaciones teatrales, por no hablar de las películas e incluso de las series de televisión. En España la obra se estrenó por primera vez en el Teatro Español, en una versión dirigida por José Tamayo y protagonizada, entre otros, por Paco Rabal, Antonio Ferrandis y Analía Gadé. ¡Ahí es nada!. Con todos estos antecedentes, la labor de Andrés Lima no era nada fácil, pero el director sale muy airoso del reto ofreciéndonos un magnífico montaje gracias, en gran parte, a la imponente figura de Lluís Homar. Contar con la presencia del prestigioso actor es un auténtico lujo para cualquiera ya que el catalán se prodiga poquísimo sobre las tablas. Y, verle en el Valle Inclán, dando vida al gobernador Danforth, lo convierte, sin duda, en la gran atracción de este nuevo montaje de ‘Las Brujas de Salem’.

Maravillosa la estética de ‘La Cocina’ gracias, entre otras cosas, al precioso vestuario de Elda Noriega. Fotografías: marcosGpunto.
Sobrepasado y aturdido por la espectacularidad de la obra y aún digiriendo lo que acabo de ver, quiero empezar este artículo dando dos noticias; una buena y otra mala. La buena es que todavía queda más de un mes para disfrutar de esta extraordinaria propuesta. La mala es que ya está todo agotado y no queda ni una sola entrada. Y no es de extrañar porque estamos ante una de las obras que más expectación ha levantado en los últimos tiempos. Sergio Peris-Mencheta, uno de los grandes talentos de nuestro teatro, es el encargado de adaptar y dirigir el fabuloso texto de Arnold Wesker poniéndose al frente de veintiséis actores, nada más y nada menos. El resultado es realmente asombroso. ‘La Cocina’ es uno de esos montajes que se recordarán por mucho tiempo.

Precioso cartel de ‘Escuadra hacia la muerte’ con todos los protagonistas.
Uno termina de ver ‘Escuadra hacia la muerte’ con una sensación un tanto extraña. Por un lado, me ha seducido la maravillosa puesta en escena y la estética futurista pero, por otro, la versión me ha dejado un tanto frío. Quizás el espíritu que impregna la obra de Sastre requería otro tipo de adaptación más fiel a la original. Porque es evidente que la obra gusta, pero no llega a entusiasmar como se observa al final del espectáculo por las reacciones -a medio gas- de los espectadores. Y eso que el trabajo actoral es realmente bueno.