‘MOBY DICK’: JOSÉ MARÍA POU EMERGE, REGIO Y PLETÓRICO, EN LA ESPECTACULAR PUESTA EN ESCENA CREADA POR ANDRÉS LIMA

CALIFICACIÓN.- SOBRESALIENTE: 9

Hasta el 10 de marzo se representa, en el Teatro de La Latina, ‘Moby Dick’. Juan Cavestany firma esta adaptación que está sustentada en la figura del capitán Ahab y en su lucha titánica contra la ballena. Una versión dirigida magistralmente por Andrés Lima y protagonizada por el gran José María Pou, inmenso dando vida al enloquecido capitán. Jacob Torres y Oscar Kapoya acompañan a Pou en este montaje que nos deja imágenes muy cinematográficas. 
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José María Pou, enorme, encarna a Ahab

‘Moby dick’ es una de esas obras que ningún buen aficionado al teatro debería perderse. Simplemente por la puesta en escena que nos brinda Andrés Lima merece la pena ver este montaje. Es un auténtico placer contemplar, de principio a fin, la recreación que ha hecho Lima de esa novela que todos hemos leído alguna vez en nuestra vida- o, al menos, hemos visto la película-. Una puesta en escena realmente cinematográfica que alcanza unas cotas increíbles de espectacularidad con ese final, potentísimo, en el que José María Pou emerge, regio, en su lucha titánica contra la ballena mientras la vela, izada, se rebela contra la tempestad. Podríamos asegurar, sin miedo a equivocarnos, que Lima alcanza, en ‘Moby Dick’, uno de los mejores trabajos de su carrera a nivel de dirección. Y tiene muchísimo mérito: Es complicadísimo trasladar al teatro una novela que todos conocemos a la perfección ya que se corre el riesgo -altísimo- de que no se cumplan las expectativas que nosotros nos habíamos creado en nuestra imaginación al leer la novela. Sin embargo, Andrés Lima supera el listón con matrícula de honor. 

La escenografía de Beatriz San Juan juega un papel fundamental en la puesta en escena. San Juan nos sitúa en la cubierta del barco, concretamente en la proa, con las cuerdas que llevan al palo mayor, el suelo de madera y demás utensilios del barco… Tampoco podía faltar la vela que, como hemos dicho antes, cobra vital importancia en la recta final de la historia y, por supuesto, el sillón de Ahab. El diseño de luces a cargo de Valentín Álvarez es también una auténtica maravilla, situando focos en todos y cada uno de los rincones del espacio escénico, incluso debajo del suelo de manera, logrando unos efectos ópticos impactantes. Lo mismo ocurre con la música y la ambientación sonora, obra de Jaume Manresa. Si a esto le sumamos el sistema de vídeo-proyecciones creado por Miguel Ángel Raió -espléndido y logradísimo- que hace que Ahab y sus dos compañeros parezcan que están surcando realmente el océano, el resultado es sencillamente espectacular. Lima consigue crear una atmósfera fascinante que no solamente atrapa a los protagonistas de la obra sino también a todos los espectadores que pueblan las gradas. 

Y, aunque hayamos empezado la casa por el tejado, en este caso por la puesta en escena y su espectacularidad- eso no significa que los otros apartados del montaje tengan un nivel inferior, ni mucho menos. Hay que alabar la adaptación realizada por Juan Cabestany, una versión sintética y precisa, que reduce la novela al máximo, y que centra la trama en la figura de Ahab y su lucha titánica por dar muerte a la ballena. Cabestany plasma muy bien la locura y la obsesión de ese hombre cuyo único objetivo es matar a Moby Dick le cueste lo que le cueste, aunque para ello tenga que  sacrificar todo lo que se encuentre a su paso, como las vidas de todos los componentes de la tripulación y la suya propia. Una adaptación muy acertada y, más teniendo en cuenta, que era José María Pou el elegido para encarnar la obsesión de este personaje, sin duda, uno de los más importantes que nos ha dado la literatura universal. 

Pou está pletórico dando vida a Ahah, bordando todas las aristas del personaje. Por un lado, la debilidad física -con una pierna ortopédica que apenas le permite moverse con desenvoltura- y, por otro lado, toda la inestabilidad emocional que va in crescendo y que lo lleva directamente a la locura. Su monólogo final de quince minutos es impresionante, de los que ponen la piel de gallina. Imponente de voz y de presencia escénica, luchando contra la ballena y contra todas las tempestades que lo atormentan, José María Pou, vuelve a dar una clase de interpretación y de poderío dejándonos momentos memorables. 

Acompañan a Pou dos excelentes actores que aguantan muy bien el tipo ante el maestro. Oscar Kapoya, entrañable en la piel de Pip, sabe transmitir a la perfección toda esa ternura que atesora su personaje en su particular relación con Ahab. Jacob Torres, por su parte, se desdobla con enorme solvencia en varios personajes; Starbuck, Ismael y otros. Brilla especialmente en el cara a cara que mantiene con Pou, en el que se enfrenta con valentía al enloquecido capitán cuyo único objetivo es dar caza a su eterna enemiga.

Aldo Ruiz

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