‘LOS REMEDIOS’: FERNANDO DELGADO-HIERRO Y PABLO CHAVES NOS DELEITAN CON UNA PIEZA MAGISTRAL QUE ABORDA EL SENTIDO DE LA VIDA, LA AMISTAD Y LAS RAÍCES

CALIFICACIÓN.- EXTRAORDINARIA: 10

Hasta el 2 de noviembre, los viernes y sábados a las 20:30, se representa ‘LOS REMEDIOS’ en la sala Exlimite. Una joya de muchos quilates. A nuestro juicio, el segundo ’10’ del año tras ‘MAUTHAUSEN’. Estamos ante una obra muy divertida y, al mismo tiempo, cargada de profundidad, que está protagonizada por dos actores que son amigos desde que eran unos niños en el barrio sevillano de ‘Los Remedios’. Fernando Delgado-Hierro ha confeccionado un texto extraordinario, cargado de sentido del humor, que llega hasta el alma, y que invita profundamente a la reflexión. ¿Para qué estamos en este mundo? ¿De dónde venimos? ¿Qué tenemos en nuestro cuerpo de las personas que más nos han marcado?. Todas estas y otras muchas cuestiones se plantean en ‘LOS REMEDIOS’ un montaje brillantemente protagonizado por Pablo Chaves y por el propio Delgado-Hierro, y dirigido por Juan Ceacero con enorme solvencia. 
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Fernando Delgado-Hierro y Pablo Chaves con una maqueta de el barrio sevillano de ‘Los Remedios’.

Hacía mucho tiempo que no escuchábamos una ovación tan cerrada y unánime -en una sala de teatro- como la vivida ayer sábado en Exlimite (antigua sala Kubik Fabrik). Los culpables: Fernando Delgado-Hierro y Pablo Chaves, protagonistas de ‘Los Remedios’, una obra extraordinaria y genuina, con mucho ‘ángel’, desbordante de gracia y comicidad, en la que se tratan temas tan trascendentes como estos; el sentido de la vida, de dónde venimos, nuestras raíces, aquellas personas que nos han marcado de una manera u otra, la familia, la identidad, los sueños, el machismo, la represión sexual gay,  el despertar sexual, la amistad de dos amigos desde hace más de 25 años, sus comienzos en el mundo de la interpretación… y otros muchos asuntos que son relatados con un gran sentido del HUMOR y MUCHÍSIMA VERDAD. 

Fernando Delgado-Hierro ha confeccionado un texto magistral que lleva por título ‘Los Remedios’, un barrio de Sevilla construido en los años 50. Partiendo del barrio en el que nacieron y se criaron, dos amigos de la infancia (Fernando y Pablo) se juntan para tratar de entenderse a base de representarse a ellos mismos y a las personas que marcaron su desarrollo en el contexto social donde se forjó su identidad. ‘Los Remedios’ es una autoficción hecha por dos personas ‘desenraizadas’ y un tanto perdidas en este mundo, que remueven cielo y tierra buscando a qué agarrarse. Los dos protagonistas de la historia, aunque nacieron en ‘Los Remedios’, nunca se sintieron identificados con las tradiciones de ese lugar (feria de abril, toros, catolicismo, señoritos andaluces, sevillanas, machismo, etc). Ambos tienen una lucha tremenda en su interior entre lo que quieren ser y de dónde vienen. Este es uno de los aspectos mejor reflejados en el texto; las raíces y la identidad. 

Delgado-Hierro ha hecho un trabajo espléndido y de un alto calado existencial. Más que una obra de teatro, se podría decir que ‘Los Remedios’ es un ‘ensayo’ sobre la vida misma y el sentido de ésta. Es admirable cómo se pueden tocar tantos temas trascendentes en un mismo texto y que todo encaje con la mayor naturalidad. De hecho, cuando termina el montaje, todas las piezas encajan a la perfección dentro de un TODO. De manera muy inteligente, en ‘Los Remedios’ se van alternando momentos de una gran comicidad con otras escenas de mayor enjundia. El resultado es un brillantísimo collage, muy personal, que empieza de manera más ligera y, a medida que va desarrollándose, va alcanzado cotas de mayor emoción. A lo largo del montaje, van desfilando todo tipo de personajes de ‘Los Remedios’, familiares y allegados a los dos protagonistas. Personajes que son interpretados de forma genial por los dos actores. 

A lo largo de una hora y media que dura la función, Fernando Delgado-Hierro y Pablo Chaves Maza nos brindan un hermoso duelo interpretativo, lleno de verdad, en el que ambos se van representándose a sí mismos y otros personajes y situaciones que han vivido a lo largo de su vida. Es evidente que Chaves y Delgado-Hierro son amigos y se conocen desde pequeños, y eso se palpa claramente en el escenario porque transmiten mucha química y complicidad. Son dos actores dotados de un inmenso talento, con una enorme vis cómica y una asombrosa versatilidad. Por tanto se pueden enfrentar a todo tipo de personajes. Pablo Chaves está magnífico durante toda la obra y tiene una gracia que no se puede aguantar. Y… qué podemos decir de Fernando Delgado-Hierro. Aparte de haber escrito un texto maravilloso, en el terreno interpretativo vuelve a demostrar por qué es uno de los mejores actores de su generación. Fernando es un actor que interpreta con una naturalidad arrolladora, cuenta -además- con un sello propio que lo hace muy especial, y siempre desprende VERDAD. Y en ‘Los Remedios’ se sale.  Lo que hace este hombre en uno de los momentos cruciales de la obra es para quitarse el sombrero. En una escena catártica y que destila EMOCIÓN A RAUDALES, él reconoce que no se siente identificado con las tradiciones del lugar donde nació, y al mismo tiempo, lo va poseyendo el espíritu andaluz de sus antepasados. Es increíble cómo se desdobla en los dos personajes al mismo tiempo, transmitiendo esa lucha titánica en su interior entre lo que quiere ser realmente y lo que le imponen sus raíces. ¡Simplemente espectacular!. Delgado-Hierro se emociona y nos emociona con unos minutos gloriosos plagados de diálogos brillantes y gestos memorables. 

‘Los Remedios’ nos dejan auténticos momentazos como el que acabamos de comentar o como esa larga escena en la que los dos actores van desdoblándose a un ritmo vertiginoso en los múltiples componentes de una familia católica que tienen que asistir a la cena de Nochebuena. Las risas y las carcajadas se suceden constantemente: otros dos de los momentos álgidos se producen cuando Fernando -dando vida al camarero de un bar franquista- crítica a lo bestia el fatídico papel que hizo Chaves al frente del gobierno de Andalucía completamente desternillante), y también cuando Pablo tiene un sueño sexual y aparece un penitente poseído -divertidísimo, también-. Por supuesto, ni que decir tiene que la recta final del montaje es impresionante. 

‘Los Remedios’ es un montaje redondo y excepcional en todos sus apartados. Si el texto y las interpretaciones resultan geniales, la dirección no se queda atrás. Para que un texto tan complejo -como este- y confeccionado a modo de collage, brille en todo su esplendor, la dirección tiene que ir en la misma línea. Y ahí, Juan Ceadero ha hecho una labor impecable, siguiendo la estela de actuación y dramaturgia. Se nota que el montaje ha sido fruto de un trabajo de co-creacción. Y eso se refleja en todos y cada uno de los apartados. Estamos ante una obra muy pulida. La escenografía, que refleja el salón de una casa sevillana, es obra de Paola de Diego -al igual que el vestuario-. Juan Ripoll, por su parte, es el responsable del diseño de luces. Hay varias cosas que nos gustan especialmente de la puesta en escena. En primer lugar, la inclusión de un plasma dentro de un cuadro del salón donde se van proyectando todo tipo de imágenes que apoyan el montaje (fotos del barrio, de ellos dos de pequeños, de su primera vez en un escenario, etc…). En ese plasma también se van proyectando frases -algunas de ellas en tono de pregunta- que sirven para reflexionar en voz alta y para reforzar algunos aspectos esencialmente importantes. 

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Pablo Chaves y Fernando Delgado-Hierro.

Ceacero también brilla en la dirección de actores, ya que tanto Chaves como Delgado-Hierro están insuperables tanto en el registro interpretativo, como en el movimiento, y en el enorme trabajo físico que ambos realizan durante toda la obra. Otro de los puntos fuertes de la puesta en escena es el uso de las canciones. Temas musicales que marcan la vida de los protagonistas y que le van como un guante a la historia. La elección de los temas es una maravilla. Al principio suena la ranchera ‘No volveré’ en la voz inolvidable de Chavela Vargas y, a partir de ahí, la música se convierte en un elemento crucial en el montaje. ‘La Flor de la Canela’ de María Dolores Pradera, ‘Cántame’ de María de Monte, ‘A mi manera’ de Siempre así, el pasodoble ‘Suspiros’ de España, algún bolero, una marcha de procesión, una saeta, una canción religiosa, incluso un tema lírico al final. Desde luego, Juan Ceacero ha hecho un trabajo espléndido en la dirección de ‘Los Remedios’ fomentando en todo momento que los actores brillen y que el potentísimo texto de Delgado-Hierro no pierda ni un ápice de fuerza a la hora de llevarlo a escena. 

Estamos, sin duda, ante uno de los montajes más personales y genuinos del año. ‘Los Remedios’ de Fernando Delgado-Hierro y Pablo Chaves darán mucho que hablar. Y si no… al tiempo. 

Aldo Ruiz

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