CALIFICACIÓN.- SOBRESALIENTE: 9


Carmen Maura y Félix Gómez en una escena de ‘La Golondrina’. Fotografía: Javier Naval

Helena Lanza, Enriqueta Carballeira y Blanca Oteyza, tres de las protagonistas de ‘SE VENDE’ junto a Esperanza Elipe.

Adrián Lastra interpreta al protagonista de ‘Port Arthur’, un asesino psicópata que cometió una verdadera masacre en 1996.

Una de las impactantes imágenes que nos deja ‘Jauría’ con María Hervás en el centro. A su alrededor, de izqda a derecha; Ignacio Mateos, Raúl Prieto, Fran Cantos, Álex García y Martiño Rivas. Fotografía: Vanessa Rábade

De izqda a derecha: Oriol Pla, Blai Juanet Sanagustín y Marc Sastre en uno de los sketch más divertidos de todo el show.
Salimos de ‘BE GOD IS’ con una amplia sonrisa dibujada en la cara. No todos los días se tiene la suerte de ver de algo así. ‘BE GOD IS’ es una explosión de humor y de talento. Marc Sastre, Blai Juanet y Oriol Pla son unos artistas extraordinarios y polifacéticos que nos deleitan con un espectáculo redondo al alcance de unos cuantos virtuosos. Estos tres hombres se conocieron, por casualidad, hace cinco años tocando música en la calle. Y a raíz de ahí, nació la compañía, ‘Espai Dual’ y, con ella, este proyecto. Desde entonces, el espectáculo ha acumulado un buen número de premios y distinciones en distintas muestras de teatro y festivales. Ahora, somos los madrileños quienes podemos disfrutar de esta joya en el Teatro del Barrio.
‘BE GOD IS» combina el humor con el teatro gestual, la música y el circo. Se puede englobar dentro del subgénero del slapstick, un tipo de comedia que recurre a bromas exageradas (bufonadas) con un buen componente de humor físico y cuyo argumento es muy sencillo; los personajes tienen que ir superando obstáculos para conseguir su objetivo. Es el número por excelencia de los clowns; quieren hacer algo pero les aparecen multitud de impedimentos para alcanzarlo. Tanto en su estética, como en su forma de trabajar, nos recuerda mucho al cine mudo e, incluso, a los dibujos animados.
Oriol Pla, Marc Sastre y Blai Juanet y Oriol son los creadores, directores e intérpretes de ‘BE GOD IS’, un montaje para todos los públicos que te atrapa desde el ocurrente y divertido arranque hasta su no menos original desenlace. Toda la acción se desarrolla en un espacio escénico muy simple -casi todo se deja en manos de la imaginación- cuya escenografía está compuesta por dos sillas, una mesa de escritorio, una vara de hierro, y los instrumentos musicales; el saxofón -que toca Blai Juanet-, el cajón, la guitarra eléctrica -a cargo de Marc Sastre- y la guitarra española, acústica, que toca Oriol Pla en un determinado momento.
Al ritmo frenético de la música, se van sucediendo los sketches a un ritmo vertiginoso, y los tres protagonistas nos dan un auténtico recital. Ataviados con sombrero y con bigote, Oriol, Blai y Marc bordan el teatro gestual, son unos músicos virtuosos y unos ases de la comedia. El resultado es un espectáculo completamente delirante en el que los tres personajes (casi) mudos se ven envueltos en una vorágine de situaciones surrealistas e inesperadas a las que tendrán que enfrentarse para poder terminar aquello que han empezado.
Los tres artistas son buenísimos pero, hay uno, superlativo; Oriol Pla. Hace un par de años, nos enamoró con su memorable ‘Ragazzo’, que pudimos ver también en el Teatro del Barrio. Y, ahora, lo ha vuelto a hacer. Nos faltan los adjetivos para calificar el trabajo de Oriol y, a medida que transcurría el show, más nos iba impresionando. En ‘BE GOD IS’, el protagonista de ‘El día de mañana’ nos hechiza con su magnetismo y con una amplísima galería de gestos que nos recuerdan inevitablemente a Buster Keaton o al propio Chaplin. Gestos muy caricaturescos que pueden provenir también del mejor dibujo animado. En el trabajo gestual, el catalán roza la excelencia. Su mirada, su pelo, el movimiento de cada una de las partes de su cuerpo… Todo es perfecto. Además, Oriol Pla demuestra ser un cómico excepcional; un clown electrizante que desborda energía a raudales y se mueve milimétricamente al compás de la música, exhibiendo unas dotes acrobáticas y físicas asombrosas. Es espectacular el dominio y la técnica que tiene sobre su cuerpo. En definitiva, estamos ante un artista genial que sigue creciendo día a día y que no tiene límites. ¿Hasta dónde puede llegar este hombre?.
Enlaces relacionados:
.

Rubén Ramírez, a sus 30 años, nos relata su vida en ‘El niño de la tele’.

José María Pou, enorme, encarna a Ahab
‘Moby dick’ es una de esas obras que ningún buen aficionado al teatro debería perderse. Simplemente por la puesta en escena que nos brinda Andrés Lima merece la pena ver este montaje. Es un auténtico placer contemplar, de principio a fin, la recreación que ha hecho Lima de esa novela que todos hemos leído alguna vez en nuestra vida- o, al menos, hemos visto la película-. Una puesta en escena realmente cinematográfica que alcanza unas cotas increíbles de espectacularidad con ese final, potentísimo, en el que José María Pou emerge, regio, en su lucha titánica contra la ballena mientras la vela, izada, se rebela contra la tempestad. Podríamos asegurar, sin miedo a equivocarnos, que Lima alcanza, en ‘Moby Dick’, uno de los mejores trabajos de su carrera a nivel de dirección. Y tiene muchísimo mérito: Es complicadísimo trasladar al teatro una novela que todos conocemos a la perfección ya que se corre el riesgo -altísimo- de que no se cumplan las expectativas que nosotros nos habíamos creado en nuestra imaginación al leer la novela. Sin embargo, Andrés Lima supera el listón con matrícula de honor.
La escenografía de Beatriz San Juan juega un papel fundamental en la puesta en escena. San Juan nos sitúa en la cubierta del barco, concretamente en la proa, con las cuerdas que llevan al palo mayor, el suelo de madera y demás utensilios del barco… Tampoco podía faltar la vela que, como hemos dicho antes, cobra vital importancia en la recta final de la historia y, por supuesto, el sillón de Ahab. El diseño de luces a cargo de Valentín Álvarez es también una auténtica maravilla, situando focos en todos y cada uno de los rincones del espacio escénico, incluso debajo del suelo de manera, logrando unos efectos ópticos impactantes. Lo mismo ocurre con la música y la ambientación sonora, obra de Jaume Manresa. Si a esto le sumamos el sistema de vídeo-proyecciones creado por Miguel Ángel Raió -espléndido y logradísimo- que hace que Ahab y sus dos compañeros parezcan que están surcando realmente el océano, el resultado es sencillamente espectacular. Lima consigue crear una atmósfera fascinante que no solamente atrapa a los protagonistas de la obra sino también a todos los espectadores que pueblan las gradas.
Y, aunque hayamos empezado la casa por el tejado, en este caso por la puesta en escena y su espectacularidad- eso no significa que los otros apartados del montaje tengan un nivel inferior, ni mucho menos. Hay que alabar la adaptación realizada por Juan Cabestany, una versión sintética y precisa, que reduce la novela al máximo, y que centra la trama en la figura de Ahab y su lucha titánica por dar muerte a la ballena. Cabestany plasma muy bien la locura y la obsesión de ese hombre cuyo único objetivo es matar a Moby Dick le cueste lo que le cueste, aunque para ello tenga que sacrificar todo lo que se encuentre a su paso, como las vidas de todos los componentes de la tripulación y la suya propia. Una adaptación muy acertada y, más teniendo en cuenta, que era José María Pou el elegido para encarnar la obsesión de este personaje, sin duda, uno de los más importantes que nos ha dado la literatura universal.
Pou está pletórico dando vida a Ahah, bordando todas las aristas del personaje. Por un lado, la debilidad física -con una pierna ortopédica que apenas le permite moverse con desenvoltura- y, por otro lado, toda la inestabilidad emocional que va in crescendo y que lo lleva directamente a la locura. Su monólogo final de quince minutos es impresionante, de los que ponen la piel de gallina. Imponente de voz y de presencia escénica, luchando contra la ballena y contra todas las tempestades que lo atormentan, José María Pou, vuelve a dar una clase de interpretación y de poderío dejándonos momentos memorables.
Acompañan a Pou dos excelentes actores que aguantan muy bien el tipo ante el maestro. Oscar Kapoya, entrañable en la piel de Pip, sabe transmitir a la perfección toda esa ternura que atesora su personaje en su particular relación con Ahab. Jacob Torres, por su parte, se desdobla con enorme solvencia en varios personajes; Starbuck, Ismael y otros. Brilla especialmente en el cara a cara que mantiene con Pou, en el que se enfrenta con valentía al enloquecido capitán cuyo único objetivo es dar caza a su eterna enemiga.
Enlaces relacionados:

Aquí el elenco al completo de ‘Nerkrassov’