CALIFICACIÓN.- 6


Una de las potentes imágenes que nos dejan ‘Las Canciones’

Preciso el cartel de ‘Scratch’ con Javier Lara sustentado a Fernando Delgado-Hierro

Una de las imágenes más bonitas que nos dejan las ‘Bodas de Sangre’ de Messiez, con Pilar Bergés, de espaldas, y con peluca rosa. Fotografía: marcosGpunto
A lo largo de mi vida he visto trece adaptaciones de ‘Bodas de Sangre’; grandes producciones y montajes de formato más pequeño, versiones de compañías nacionales y también de extranjeras, adaptaciones fieles al original y otras más transgresoras que trasladaban la historia a nuestros días. Sin duda, es la obra de teatro que más veces he visto representada en mi vida, eso sin contar las ocasiones que he podido ver ‘La Casa de Bernarda Alba’, ‘Yerma’ o ‘Doña Rosita la soltera’. (Es lo que tiene nacer en un pueblo que tiene grupo de teatro, e impregnarme desde pequeño del universo lorquiano). Y siento decir que en ‘Las Bodas de sangre’ de Messiez no he sentido de cerca el espíritu ni la esencia de Federico García Lorca.

Iñigo Rodríguez-Claro y María Morales en una de las escenas más conmovedoras de la obra. Fotografía: Vanessa Rábade
«Todo el tiempo del mundo» me ha dejado una sensación un tanto contradictoria. Ante todo salgo fascinado por la magia de la historia de Messiez; por ese maravilloso personaje basado en su abuelo-el señor Flores- y por esa atmósfera tan onírica que allí se crea y que traspasa los límites meramente de una sala de teatro. Por tanto, son muchos los factores que hacen de ella, una obra verdaderamente excepcional y que me reafirman, una vez más, en catalogar a Messiez como un auténtico maestro a la hora de construir universos propios. Sin embargo, hay un factor que enturbia «Todo el tiempo del mundo» y que hace que no llegue a ser ese montaje tan redondo que podría haber sido: El desarrollo de la historia me parece -por momentos- excesivamente confuso. En una historia tan personal y llena de matices y emociones -como la creada por Messiez- he echado en falta una estructura más compacta y directa de cara al público. Quizás era eso lo que pretendía el autor; esa ambigüedad y esa confusión, pero yo particularmente me he salido de la trama en varias ocasiones y tenía que hacer el esfuerzo constante de volver a la misma. A pesar de todo, «Todo el tiempo del mundo» es un relato muy potente y embriagador con el que Messiez nos hechiza.