CALIFICACIÓN.- 6

Todos los protagonistas de ‘Refugio’ aparecen en esta fotografía. Solo dos miran abajo; en primer plano, Raúl Prieto, y al fondo, Israel Elejalde.
Con ‘Refugio’ se me plantea un gran dilema; valorar las dos facetas de Miguel del Arco como creador; por un lado, su trabajo como dramaturgo y, por otro, su labor como director. Como podréis comprender, es un problema de consideración y la confrontación no ha resultado nada fácil. Vaya por delante, mi admiración absoluta por Del Arco. Para mí, cada uno de sus montajes es una obra de arte y, en cada uno de ellos, voy buscando la excelencia, como no podía ser de otra manera tratándose de un hombre que, en los últimos años, nos ha dejado joyas como ‘La función por hacer’, el ‘Misántropo’, ‘Juicio a una zorra’ o su más reciente ‘Hamlet’. Y haciendo esta comparativa, -que me asaltaba constantemente durante toda la función-, tengo que confesar que en ‘Refugio’ hay un claro vencedor; el Miguel del Arco director. Y es que éste es un montaje deslumbrante en el que el genial artista vuelve a demostrar ese talento excepcional que tiene para poner en escena una historia y ese don innato para crear imágenes inverosímiles cargadas de una belleza brutal. Pero antes de continuar con la puesta en escena, voy a analizar el texto.


Extraordinario. Así se puede calificar el trabajo que han hecho José Ramón Fernández y Ernesto Caballero para llevar a cabo la adaptación de ‘El Laberinto Mágico’, el famoso conjunto de seis novelas escritas por Max Aub ambientadas en la guerra civil española. Mano a mano y desde hace más de dos años, autor y director trabajado estrechamente para construir una sólida estructura dramática basándose en una magnífica selección de fragmentos de esta obra que, más allá de ser una mera crónica histórica, es un emocionante retrato sobre la condición humana y, por supuesto, una de las cumbres narrativas del siglo XX.