‘LUCES DE BOHEMIA’: IMPONENTE PUESTA EN ESCENA DE SANZOL PROTAGONIZADA POR LOS ESPEJOS Y POR LA EXCELSA ACTUACIÓN DE JUAN CODINA COMO MAX ESTRELLA

CALIFICACIÓN.- EXTRAORDINARIA: 9

‘Luces de Bohemia’, en el María Guerrero, es uno de los montajes más importantes de 2018. Alfredo Sanzol pone en escena una de las cumbres del teatro español, que Valle-Inclán escribió hace casi un siglo, y que se llevó a las tablas, por vez primera, en 1970. Sanzol nos deleita con un montaje excepcional en el que brillan la espléndida escenografía de Alejandro Andújar -sustentada en espejos-, el magnífico diseño de luces y la música en directo. Juan Codina, de forma magistral, se mete en la piel del inolvidable Max Estrella, encabezando un grupo de magníficos actores formado, entre otros, por Chema Adeva, Paula Iwasaki, Jorge Kent, Jesús Noguero, Ascen López, Paco Ochoa, Natalie Pinot, Kevin de la Rosa y Ángel Ruiz. 

Que Alfredo Sanzol es el dramaturgo más prestigioso de la actualidad, muy poca gente lo puede poner en duda. Así lo avalan el Premio Valle-Inclán de Teatro, que el madrileño recibía hace unos meses por ‘La Ternura’ y el Premio Nacional de Literatura Dramática que le concedieron hace un año por ‘La Respiración’, dos textos realmente excepcionales. Pero, además, es indiscutible que Sanzol se ha convertido en uno de los grandes directores de escena de este país. Solo hay que mirar su curriculum en el último año, donde ha dirigido tres montajes: ‘La Valentía’, una divertidísima comedia de la que es autor y director, la actual ‘Luces de Bohemia’ que ha llevado a escena con enorme maestría, y ‘La dama boba’, montaje maravilloso que también dirigió, con gran acierto, en noviembre del año pasado para la Joven Compañía de Clásico. Como ven, son incuestionables los méritos de este hombre a lo largo de los últimos tiempos, además de su increíble versatilidad. Al dramaturgo no hay género que se le resista. (En julio de este mismo año realizó -con gran éxito- una fantástica versión -que no dirigió- de la zarzuela ’24 horas mintiendo’). De ahí, que cuando aceptó el reto de Ernesto Caballero, director del CDN, para llevar a escena el clásico de Valle-Inclán, nadie dudaba de que Sanzol iba a hacer un trabajo extraordinario. Y así ha sido.

‘Luces de Bohemia’ fue publicada en 1920 en una primera versión, y después, cuatro años más tarde, se editó la versión definitiva, que incluye tres escenas más. Pero, no fue hasta 1970, cuando se llevó a escena por primera vez en el Teatro Principal de Valencia de la mano de José Tamayo con José María Rodero interpretando a Max Estrella -al que posteriormente sustituyó Carlos Lemos cuando el montaje se estrenó en Madrid, en el Bellas Artes-. Ubicada dentro del género del esperpento, la obra narra las últimas horas de la vida Max Estrella, un anciano ciego, miserable y tremendamente irónico e ingenioso, al que todos consideran el primer poeta de nuestro país. Estrella es el antihéroe por antonomasia que tiene, en el dominio de la palabra, la mejor de sus armas. En esas últimas horas, el protagonista recorrerá las calles de nuestra capital; un Madrid sórdido, marginal, grotesco y muy oscuro. Pero no lo hace solo, está acompañado en todo momento por su guía, don Latino de Hispalis. Y, en ese peregrinar hasta su muerte, se encontrará a otros personajes de la bohemia madrileña e, incluso, a un ministro. ‘Luces de Bohemia’ es una crítica feroz a la España de la época pero, también, un retrato fidedigno de lo que era nuestro país hace justo un siglo. Curiosamente, muchas cosas no han cambiado y la sociedad española sigue funcionando de la misma manera. De ahí, la vigencia y la modernidad de esta obra, y el placer de volver a verla sobre las tablas. 

Como señalábamos con anterioridad, Sanzol ha hecho una labor excepcional llevando a escena esta mítica obra y logrando plasmar toda la esencia y el espíritu del texto original, -con el añadido de que no ha recortado nada-. Por tanto, somos testigos de la obra íntegra de Valle-Inclán. Así, durante dos horas y cuarto, presenciamos las últimas horas de Max Estrella recorriendo el Madrid de los años veinte bajo el prisma inigualable de Alfredo Sanzol. El genial dramaturgo nos deleita con una imponente puesta en escena sustentada en la caja negra del teatro, totalmente desnuda, engalanada en todo momento por el magistral juego de espejos -obra de Alejandro Andújar-, y el magnífico diseño de luces de Pedro Yagüe. El resultado es realmente extraordinario: una puesta en escena sobria y elegante que nos deja imágenes de una poderosa belleza que, perfectamente, podrían estar sacadas de las pinturas negras de Goya. Durante toda la representación, además de centrarnos en los magníficos diálogos de Valle-Inclán, -que salen de la boca, sobre todo, de Max Estrella- nos deleitamos con la estética portentosa creada por el genial dramaturgo -con la inestimable ayuda de Andújar-. Es increíble cómo Sanzol, a través únicamente de los espejos y de la iluminación, es capaz de recrear las callejuelas de Madrid, los cafés y las cantinas de la época, una librería, la redacción de un periódico, la cárcel o, incluso, el despacho de un ministro. A veces, resulta extremadamente difícil poner el foco solamente en el texto mientras que Sanzol nos apabulla con alguna imagen impactante, como esa del cementerio en que, gracias al efecto de los espejos en el suelo, la luz se refleja en la bóveda del teatro creando un ambiente mágico. 

Otros dos elementos fundamentales en este montaje son el vestuario -fantástico, diseñado también por Andújar- y la espléndida partitura musical creada por Fernando Velázquez -autor además del espacio sonoro- que es interpretada en escena por Jorge Bedoya al piano. La música y las canciones, -como en todos los montajes de Sanzol-, juegan un papel muy importante y, aquí, no podía ser de otra manera, cobrando especial protagonismo en las transiciones y también en otros momentos destacados. Es admirable cómo Sanzol sabe sacar el máximo partido a la música en todas y cada una de sus obras, aunque esta sea ‘Luces de Bohemia’.

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De izqda a derecha, Juan Codina -genial como Max Estrella-; Chema Adeva -don Latino de Hispalis- y Jorge Kent, en la piel del sereno. Fotografía: marcosGpunto

En cualquier montaje de ‘Luces de Bohemia’, uno de los requisitos imprescindibles es contar con un actor que esté a la altura de Max Estrella, un personaje complejo donde los haya y que ha sido interpretado por grandes figuras de nuestro teatro como José María Rodero, Carlos Lemos, Ramón Barea y Gonzalo de Castro. Este último nos dejó muy buen sabor de boca en el montaje de 2012, también llevado a cabo por el CDN. Aquí, Juan Codina es el escogido para interpretar a tan insigne personaje y su actuación raya la excelencia.  Dando vida a Max Estrella, Codina hace un auténtico alarde interpretativo mezclando, con enorme maestría, la humanidad y la hondura del personaje con ese humor suyo tan característico, -en el que emergen la ironía y la sorna-, con el que se enfrenta a las injusticias del mundo. Soberbio Juan Codina en una actuación que desprende verdad y que tiene momentos realmente gloriosos, como esa conversación magistral que mantiene con el Ministro de la Gobernación (Josean Bengoetxea) -con el majestuoso espejo de fondo- o la potente escena de su muerte. 

Acompañan a Codina, un grupo de quince actores de primerísimo nivel. Chema Adeva está verdaderamente genial en la piel de Don Latino de Hispalis, el perro guía -que no fiel- de Max Estrella. Graciosísima Paula Iwasaki encarnando a la mujer que vende lotería y, también, en otros papeles. Jorge Kent, siempre fantástico, haga lo que haga. Aquí nos convence dando vida a Zaratustra, el Sereno, etc… Lo mismo le ocurre a la maravillosa Ascen López desdoblándose en la vieja pintada, Merceditas la Secretaria o en una periodista. Natalie Pinot, muy alejada del registro cómico en el que la hemos visto últimamente, brilla aquí como la mujer de Estrella y, sobre todo, nos sobrecoge en la piel de la madre del niño muerto. Ángel Ruiz, actor excepcional, borda sus tres personajes (Rubén Darío, Serafín el Bonito y el Empeñista), al igual que Jesús Noguero que, en su caso, se enfrenta a cuatro. Qué pedazo de intérprete es Noguero. Nos gusta especialmente encarnando a El Marqués de Baradomín y a Don Filiberto, redactor jefe del periódico. Dando vida a este último, nos entusiasman sus flirteos con el modernista que visita la redacción interpretado por Kevin de la Rosa, graciosísimo y derrochando una gran vis cómica. Completan el reparto Jorge Bedoya -además de ser el pianista, encarna a otros tres personajes, Josean Bengoetxea, Paloma Córdoba, Lourdes García, Paco Ochoa, Gon Ramon y Guillermo Serrano. 

Aldo Ruiz

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