‘EL NUDO GORDIANO’: UN POTENTE DRAMA PSICOLÓGICO ELEVADO POR EL EXCEPCIONAL DUELO INTERPRETATIVO DE MARÍA MORALES Y EVA RUFO

CALIFICACIÓN: EXCELENTE — 8

Hasta el 25 de octubre, la Sala Margarita Xirgu del Teatro Español acoge El nudo gordiano, un intenso drama psicológico de la dramaturga estadounidense Johnna Adams, que regresa a este mismo espacio tras su estreno a comienzos de año y la excelente acogida obtenida. La obra, de aproximadamente 75 minutos de duración, está protagonizada por Eva Rufo y María Morales, bajo la dirección de Israel Elejalde.

La historia transcurre en la actualidad, en un aula de un colegio estadounidense, donde se encuentran Heather (Eva Rufo), una profesora, y Corryn (María Morales), la madre de Gidion, un niño de once años cuya vida se ha visto marcada por una trágica situación en el entorno escolar. La referencia temporal queda fijada en la propia pizarra, donde figura la fecha del 10 de febrero de 2026. Desde el primer instante, la tensión se hace palpable entre ambas mujeres. Lo que sigue es un enfrentamiento verbal cada vez más intenso, en el que afloran reproches, heridas emocionales y distintas formas de entender lo sucedido.

A través de sus diálogos, la obra aborda cuestiones tan complejas como la maternidad, la educación y la responsabilidad individual, planteando interrogantes incómodos sobre la culpa, el perdón y los límites del amor materno. Un conflicto en el que las certezas se desdibujan progresivamente y resulta difícil establecer dónde termina la responsabilidad de una y comienza la de la otra.

El texto de Johnna Adams, una dramaturga estadounidense cuya obra descubrimos por primera vez, constituye uno de los grandes aciertos del montaje. Hay que agradecer al Teatro Español y a Teatro Kamikaze que hayan apostado por esta pieza y la hayan acercado a nuestros escenarios. La fuerza dramática del texto reside tanto en la crudeza del conflicto que plantea como en su capacidad para sostener un enfrentamiento verbal de enorme intensidad entre sus dos protagonistas.

Mención especial merece la adaptación de Paula Paz, que traslada a nuestros escenarios una historia ambientada originalmente en un colegio estadounidense, manteniendo la fuerza del conflicto y la intensidad de los diálogos que sostienen el enfrentamiento entre sus protagonistas. Su trabajo permite que una historia nacida en un contexto educativo diferente conecte con el espectador y conserve toda su fuerza dramática. No obstante, a medida que avanza la representación, nos surge una duda en torno a la verosimilitud de la situación si la trasladamos a nuestro contexto educativo. Resulta difícil imaginar que un encuentro de semejante tensión entre una profesora y la madre de un alumno pudiera prolongarse en un colegio español sin la intervención de algún responsable del centro. Una reflexión que nos acompaña en distintos momentos de la función y que introduce cierta distancia respecto a lo que sucede sobre el escenario, aunque no llega a restar contundencia al conflicto dramático.

Más allá de esta consideración, estamos ante un texto de enorme potencia dramática y teatral, que aborda un asunto tan espinoso y vigente como el acoso escolar y sus devastadoras consecuencias. Adams construye un duelo dialéctico de primer orden: un cara a cara descarnado entre dos mujeres enfrentadas por una tragedia que las sitúa en posiciones aparentemente irreconciliables. La palabra se convierte en un arma y cada argumento cuestiona las certezas de la otra, sin ofrecer respuestas sencillas ni permitir que el espectador permanezca ajeno a las cuestiones morales que se ponen sobre la mesa.

Ese enfrentamiento encuentra en Eva Rufo y María Morales a dos intérpretes excepcionales. Ambas sostienen la tensión durante los 75 minutos de función, convirtiendo las palabras, los silencios y las miradas en instrumentos de un conflicto que atraviesa toda la representación. Eva Rufo se mete en la piel de Heather, la profesora, mientras que María Morales da vida a Corryn, la madre de Gidion. Dos personajes enfrentados que encuentran en estas actrices a dos intérpretes capaces de mantener al espectador en vilo.

A María Morales, a la que hemos visto en numerosas ocasiones sobre los escenarios, no le recordamos una interpretación que nos haya defraudado. Vuelve a demostrar por qué es una de las grandes actrices de nuestro teatro. Desde el mismo instante en que abre la puerta, su mirada transmite una tensión que por momentos llega a resultar inquietante, incluso intimidatoria. Hay en su manera de abordar el personaje una intensidad y una verdad escénica que atrapan al espectador. Morales domina la escena con una autoridad indiscutible, haciendo de cada gesto y cada mirada una nueva fuente de tensión.

Frente a ella, Eva Rufo está magnífica en la construcción de Heather, una profesora que parece resquebrajarse desde los primeros compases del encuentro. Su interpretación aporta el contrapunto perfecto a la firmeza de Corryn: una fragilidad que deja al descubierto el miedo, la vulnerabilidad y la creciente angustia de un personaje que parece caminar constantemente al borde del derrumbe. Rufo transmite esa tensión con enorme brillantez, haciendo que la incomodidad de su personaje se traslade al patio de butacas. La confrontación entre ambas funciona gracias a una extraordinaria compenetración escénica y a su capacidad para escucharse, responderse y medirse en cada réplica. Dos interpretaciones que convierten el enfrentamiento verbal en un auténtico combate emocional.

Es cierto que, en determinados momentos, la intensidad del duelo hace que uno llegue a ser muy consciente de estar asistiendo a una representación teatral. La contundencia de algunas réplicas y la prolongación de una situación tan extrema pueden acentuar esa sensación de artificio, una cuestión que entronca con las reservas que ya apuntábamos al analizar el texto. Pero, dicho esto, el trabajo de ambas actrices está entre lo más destacado que hemos visto en esta temporada de 2026. 

Al frente de la dirección encontramos a Israel Elejalde, que resuelve el montaje con gran solvencia, consciente de que la principal fuerza de la obra reside en el enfrentamiento entre Heather y Corryn. Su propuesta apuesta por una puesta en escena contenida, que permite que la intensidad del texto y el trabajo de las dos protagonistas sostengan el pulso de la función, sin artificios innecesarios. Especialmente destacable resulta el desenlace, en el que el director introduce recursos de lenguaje cinematográfico que intensifican la tensión y aportan una fuerza visual añadida a los momentos finales de la representación.

En cuanto a la puesta en escena, destaca especialmente la escenografía de Mónica Boromello, que recrea con extraordinario cuidado por el detalle un aula de Primaria y se adapta como un guante a las características de la Sala Margarita Xirgu del Teatro Español. El espacio cuenta con pupitres azules, una pizarra y paredes cubiertas de materiales propios de una clase de alumnos de once años. Entre estos elementos destacan las referencias a la mitología griega y a las divinidades hindúes, junto con distintos carteles, ilustraciones y trabajos escolares que contribuyen a dotar al conjunto de una notable verosimilitud. No parece un simple decorado, sino un entorno perfectamente integrado en la sala, que sitúa al espectador en el contexto educativo en el que se desarrolla el conflicto y acentúa el contraste entre la apariencia cotidiana del aula y la tragedia que allí se aborda.

A ello se suman la iluminación de Paloma Parra y la música y el espacio sonoro de Sandra Vicente, elementos fundamentales para construir una atmósfera cada vez más opresiva y alimentar la tensión dramática. Todos estos recursos acompañan con precisión el desarrollo de la función y contribuyen a intensificar su impacto, especialmente en un desenlace que encuentra en la combinación de interpretación, imagen y sonido uno de sus momentos más potentes.

 

Lo mejor

El potente texto de Johnna Adams, por la crudeza del conflicto que plantea y su capacidad para mantener al espectador en una tensión constante. Y, por supuesto, el excepcional duelo interpretativo entre María Morales y Eva Rufo, dos actrices que brillan en un enfrentamiento de enorme intensidad emocional.

Lo que menos nos ha gustado

Las dudas sobre la verosimilitud de una situación que difícilmente podría prolongarse tanto en un contexto educativo real. Una reserva que, sin embargo, queda en segundo plano ante la potencia teatral de la propuesta y el magnífico trabajo de sus dos protagonistas.
Aldo Ruiz

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