‘AIÓN’: LA COMPAÑÍA NACIONAL DE DANZA FIRMA UN VIAJE DEL CLASICISMO A LA CONTEMPORANEIDAD QUE VA IN CRESCENDO HASTA DESLUMBRAR

Del 23 de octubre al 1 de noviembre, la Compañía Nacional de Danza presenta en el Teatro de la Zarzuela AIÓN, un programa que reúne obras de tres figuras fundamentales de la historia de la danza: Marius Petipa, uno de los grandes maestros del ballet clásico; Jiří Kylián, referente indiscutible de la danza contemporánea; y William Forsythe, uno de los coreógrafos más innovadores e influyentes de las últimas décadas. Bajo la dirección artística de Muriel Romero, la compañía propone un recorrido por distintos lenguajes del movimiento, desde la tradición académica hasta las formas más libres y rompedoras de la contemporaneidad. Una velada de contrastes que pone a prueba su versatilidad y que, a nuestro juicio, encuentra sus mejores momentos en la sensibilidad de Petite Mort y en la energía arrolladora de The Second Detail.

Uno de los aspectos destacados de esta propuesta es la participación en directo de la Orquesta de la Comunidad de Madrid, bajo la dirección musical de Daniel Capps. La formación acompaña desde el foso las dos primeras coreografías, Paquita y Petite Mort, aportando una dimensión sonora que enriquece la experiencia escénica. Escuchar la música interpretada en directo refuerza la intensidad del espectáculo y estrecha el vínculo entre el movimiento de los bailarines y la partitura. En la última pieza, The Second Detail, la música de Thom Willems forma parte de un planteamiento sonoro diferente, que mantiene la energía de la velada hasta el final.

La propuesta se articula como un viaje entre épocas, estilos y maneras de entender el movimiento. Las tres obras presentan exigencias muy diferentes, tanto técnicas como expresivas, y permiten apreciar cómo cambia el papel del cuerpo según el lenguaje coreográfico. El programa va claramente de menos a más: comienza con una pieza clásica en la que algunas imprecisiones restan brillo al conjunto, continúa con una coreografía de gran belleza y carga emocional y culmina con una explosión de energía contemporánea que nos deja un excelente sabor de boca.

Paquita: el clasicismo bajo la exigencia de la precisión

Paquita nos sitúa en el universo del ballet clásico, con su vocabulario académico, su elegancia formal y sus exigencias técnicas. La obra original, estrenada en París en 1846 con coreografía de Joseph Mazilier y música de Édouard Deldevez, adquirió una nueva dimensión con la versión de Marius Petipa, que incorporó materiales musicales de distintos compositores, entre ellos Ludwig Minkus, Adolphe Adam, Cesare Pugni, Yuli Gerber y Alexei Papkov.

La Compañía Nacional de Danza incorporó esta versión a su repertorio en noviembre de 1988, cuando todavía era el Ballet del Teatro Lírico Nacional, bajo la dirección de Maya Plisétskaya. La puesta en escena correspondió a Azari Plisetski y Valentina Savina. La historia original relata el amor entre una joven gitana española y un oficial napoleónico, aunque en este Grand Pas Classique el protagonismo recae sobre todo en la exhibición técnica y artística de los bailarines.

Petipa evoca el carácter español mediante pequeños detalles coreográficos, sin recurrir necesariamente a los códigos más evidentes de las danzas de carácter. Las variaciones, el pas de deux y la intervención del cuerpo de baile conforman un conjunto en el que la limpieza de las líneas, la musicalidad y el dominio del movimiento resultan esenciales. La música de Deldevez y Minkus proporciona el marco para una coreografía que exige precisión, control y una ejecución impecable.

Sin embargo, la interpretación de Paquita por parte de la CDN resulta algo irregular y no alcanza en conjunto el virtuosismo que cabría esperar de una pieza de estas características. A lo largo de los aproximadamente treinta minutos que dura la pieza, se apreciaron diversas imprecisiones, desde algunos giros que no llegaron a completarse con toda la limpieza deseable hasta dos ligeros traspiés, durante las variaciones solistas de los bailarines y bailarines, que provocaron algunos espontáneos «¡uy!» entre el público. Todo ello convive, no obstante, con momentos magníficos, en los que algunos de los intérpretes se muestran verdaderamente soberbios y demuestran la calidad que puede alcanzar la compañía. Son esos contrastes los que hacen que el resultado global no termine de ser tan redondo como cabría esperar de un ballet de tanta exigencia técnica, donde la precisión, el control y la limpieza del movimiento resultan fundamentales.

Petite Mort: Mozart, sensualidad y vulnerabilidad

Con Petite Mort, el programa cambia radicalmente de registro y entra en un territorio en el que la sensualidad, el deseo y la vulnerabilidad se expresan a través del movimiento. Jiří Kylián creó la pieza para el Festival de Salzburgo de 1991, con motivo del bicentenario de la muerte de Mozart. La coreografía fue estrenada por el Nederlands Dans Theater y se incorporó al repertorio de la Compañía Nacional de Danza en 1995, durante la etapa en que Nacho Duato estuvo al frente de la compañía.

La música de Mozart es fundamental para comprender la propuesta. Kylián utiliza el Adagio del Concierto para piano n.º 23 en la mayor, KV 488, y el Andante del Concierto para piano n.º 21 en do mayor, KV 467. La delicadeza y la profundidad de estas páginas musicales contrastan con la intensidad física de la coreografía, creando una tensión que atraviesa toda la pieza.

Sobre el escenario, seis bailarines y seis bailarinas interactúan con seis floretes que, por momentos, se convierten en compañeros de danza y adquieren una presencia casi autónoma. La escenografía del propio Kylián y la iluminación de Joop Caboort, junto con el vestuario de Joke Visser, contribuyen a construir un espacio sobrio y sugerente, en el que cada gesto adquiere significado. El título, que puede traducirse como «pequeña muerte», alude a una expresión utilizada como eufemismo del orgasmo y conecta con los temas de la obra: el deseo, la agresividad, la energía y la fragilidad humana.

La pieza nos ha encantado. Kylián construye un lenguaje coreográfico de enorme belleza, en el que los cuerpos se acercan, se separan, se enfrentan y se abandonan a un movimiento que combina sensualidad y vulnerabilidad. La coreografía nos regala figuras de una gran potencia visual, con movimientos marcados y una expresividad que atrapa la mirada. La música de Mozart, interpretada en directo, acompaña esa relación entre delicadeza y tensión sin restarle protagonismo al movimiento. La música y la danza encuentran aquí un equilibrio extraordinario, y la coreografía consigue transmitir emociones complejas a través del cuerpo y de imágenes que permanecen en la memoria.

Entre los momentos más impactantes destacan las figuras de meninas que se desplazan sobre ruedas por el escenario. Se trata de unas estructuras escénicas de madera que reproducen la silueta acampanada y el volumen de los vestidos femeninos de época, de modo que los cuerpos de las bailarinas quedan ocultos bajo ellas y solo asoman sus cabezas. El efecto es sorprendente: las bailarinas se transforman en figuras casi escultóricas que se deslizan por el escenario, componiendo imágenes de gran fuerza visual y originalidad. También resulta especialmente poderoso el instante en que el cuerpo de baile corre hacia atrás para recoger las telas y después las impulsa hacia delante, generando una imagen de enorme belleza y dinamismo. Son auténticos momentazos, de una plasticidad y una fuerza estética apabullantes, que convierten determinados pasajes de Petite Mort en estampas memorables.

La respuesta del público, con una de las grandes ovaciones de la noche, confirma la fuerza de una propuesta que conserva intacta su capacidad de conmover. Es uno de los momentos más inspirados de AIÓN y una muestra de cómo la danza contemporánea puede dialogar con la música clásica para explorar aspectos profundamente humanos.

The Second Detail: el caos aparente como expresión de libertad

El tramo final del programa llega con The Second Detail, de William Forsythe, una coreografía estrenada por el National Ballet of Canada el 20 de febrero de 1991 en Toronto. La Compañía Nacional de Danza la incorporó a su repertorio el 12 de marzo de 2026, en los Teatros del Canal, ya bajo la dirección artística de Muriel Romero.

Forsythe firma la coreografía, la escenografía y la iluminación, mientras que la música de Thom Willems y el vestuario de Joke Visser y Yumiko Takeshima e Issey Miyake (artífice del vestido blanco) contribuyen a definir la identidad visual y sonora de la pieza. La reposición de la puesta en escena corre a cargo de Stefanie Arndt y Amy Raymond. El resultado es una propuesta atrevida, compleja, lúdica y de una exigencia física increíble.

Desde el comienzo, el ritmo vertiginoso y las trayectorias de los bailarines generan una sensación de movimiento incesante, con cambios de dirección, entradas y salidas y secuencias de una rapidez extraordinaria que parecen sumir el escenario en un caos constante. Sin embargo, ese desorden es solo aparente: detrás hay un trabajo coreográfico minucioso y de enorme complejidad, en el que cada movimiento está medido al milímetro. Cada bailarín y cada bailarina deben conocer con absoluta precisión sus desplazamientos, anticipar los de sus compañeros y mantener una sincronización impecable para que todo funcione dentro de esa aparente anarquía. Conseguir que tantos movimientos, trayectorias y cuerpos convivan a semejante velocidad sin perder la coordinación exige una disciplina, una concentración y un dominio técnico excepcionales. El resultado es una pieza de ritmo electrizante, de una exigencia física y mental enorme, que nos parece una de las coreografías más complejas y fascinantes que ha abordado la Compañía Nacional de Danza a lo largo de su trayectoria.

La música de Willems refuerza esa energía y sostiene el ritmo vertiginoso de una coreografía que no concede apenas tregua. Forsythe juega con las expectativas del espectador y convierte la complejidad en una forma de libertad, en un lenguaje en el que la técnica no limita la expresión, sino que la hace posible. Nos ha parecido una de las coreografías más brillantes que hemos visto a la Compañía Nacional de Danza. Su potencia, su dinamismo y la precisión que exige a los bailarines la convierten en un cierre electrizante. Además, demuestra hasta qué punto la compañía puede desenvolverse en registros muy alejados del ballet clásico, sin perder la calidad técnica ni la capacidad expresiva. Es un final arrollador que deja al público con una sensación de energía y libertad.

Un programa que crece hasta su mejor momento

En definitiva, AIÓN plantea un recorrido por tres maneras muy distintas de entender la danza. Paquita representa la tradición académica y el rigor del ballet clásico; Petite Mort explora la sensualidad, la emoción y la vulnerabilidad a través del lenguaje de Kylián; y The Second Detail lleva al escenario la libertad, la complejidad y la energía de la creación contemporánea de Forsythe. Tres coreografías muy diferentes que obligan a la compañía a cambiar de registro y a demostrar su versatilidad en una misma función.

La música desempeña también un papel fundamental en este recorrido, desde las partituras vinculadas al ballet clásico hasta Mozart y la propuesta sonora de Thom Willems. La interpretación en directo de las dos primeras piezas añade una dimensión especial a la experiencia, mientras que la última apuesta por una energía sonora que acompaña su ritmo vertiginoso.

El programa va de menos a más y encuentra en sus dos últimas coreografías sus momentos más inspirados. Si Paquita deja algunos reparos por determinadas imprecisiones, Petite Mort nos conquista por su belleza y profundidad, y The Second Detail termina de convencernos con una demostración de fuerza, precisión y libertad escénica. Salimos del Teatro de la Zarzuela con la sensación de haber asistido a una velada que crece a medida que avanza y que termina por todo lo alto. Un programa exigente y lleno de contrastes que permite apreciar la amplitud de registros de la Compañía Nacional de Danza y que encuentra en su tramo final sus momentos más brillantes. 

Elenco AIÓN — 28 de octubre

PAQUITA

Laura Pérez Hierro, Felipe Domingos, Sara Khatiboun, Celia Dávila, Daniel Lozano

Margaux Chesnais, Mariavittoria Muscettola, Natalia Muñoz, Irene Ureña, Samantha Vottari, Emma Cámara, Nora Peinador, Valeria García, Natalia Butragueño, Akane Kogure, Margarida Canto e Castro, Tamara Juárez

PETITE MORT

Francesca Sari — Daniel Lozano
María Muñoz — Tomás Sanza
Hamin Park — Joshua Feist
Samantha Vottari — Thomas Giugovaz
Nora Peinador — Gianmarco Moschino
Daniella Oropesa — Felipe Domingos

THE SECOND DETAIL

Kayoko Everhart, Natalia Muñoz, Cristina Casa, Ayuka Nitta, María Muñoz, Nora Peinador, Mar
Aguiló, Erez Ilan, Gianmarco Moschino, Alessandro Riga, Gaizka Morales, Rubén Vaquero, Juan
José Carazo, Joshua Feist

Aldo Ruiz

 

Deja una respuesta