CALIFICACIÓN: SOBRESALIENTE — 8,5
Acabamos de ver Querido Evan Hansen, uno de los musicales contemporáneos más premiados de los últimos años, que llega al Teatro Rialto de Madrid tras triunfar en Broadway y el West End londinense. La producción original obtuvo seis premios Tony en 2017, incluido el de Mejor Musical, además del Grammy al Mejor Álbum de Teatro Musical. La producción londinense, por su parte, recibió tres premios Olivier. Con libreto de Steven Levenson y música y letras de Benj Pasek y Justin Paul, el montaje español está brillantemente dirigido por David Serrano. Durante las dos horas y media del espectáculo, incluido un intermedio de quince minutos, la obra pone sobre la mesa algunos de los conflictos más delicados y actuales a los que se enfrentan los jóvenes, como la soledad adolescente, la salud mental, el duelo y la necesidad de sentirse aceptados y encontrar su lugar en el mundo.
Evan Hansen es un adolescente de 17 años, estudiante de secundaria, que se siente solo y anhela encontrar su lugar en el mundo y sentir que pertenece a algún sitio. Por recomendación de su terapeuta, comienza a escribirse cartas a sí mismo para darse ánimos y afrontar sus inseguridades. Estas cartas van encabezadas siempre por las palabras «Querido Evan Hansen, hoy va a ser un buen día y esta es la razón». Una de ellas cae en manos de Connor Murphy, un compañero de clase conflictivo que la utiliza para provocar a Evan. Días después, Connor se suicida y sus padres encuentran la carta entre sus pertenencias. Al leerla, creen que su hijo la había escrito para Evan y que ambos mantenían una estrecha amistad. Cuando acuden a Evan en busca de respuestas y recuerdos de su hijo, él se encuentra ante la oportunidad de sentirse por fin aceptado y querido, algo que siempre ha anhelado. Aunque podría aclarar el malentendido, termina optando por mantenerlo y comienza a inventar una historia sobre la amistad que supuestamente lo unía a Connor. Lo que empieza como una mentira para aliviar el dolor de una familia en duelo acaba convirtiéndose en una situación cada vez más difícil de sostener, que obliga a Evan a enfrentarse a las consecuencias de sus decisiones.
Un libreto contemporáneo que pone voz a los problemas de los jóvenes
Una de las grandes fortalezas de Querido Evan Hansen reside en la solidez de su libreto, firmado por Steven Levenson, que explora hasta dónde puede llevarnos la necesidad de sentirnos queridos sin presentar a Evan como un héroe ni reducirlo a la figura de un villano. Comprendemos las carencias que alimentan su mentira, aunque eso no significa justificar el daño que causa. La obra mantiene un delicado equilibrio entre la empatía hacia el protagonista y la responsabilidad por sus actos, al tiempo que retrata una sociedad en la que la imagen que proyectamos puede llegar a pesar más que la verdad. La adaptación española, realizada por David Serrano y Alejandro Serrano, traslada esta historia al escenario del Teatro Rialto y acerca al público español los conflictos y las emociones que articulan la obra.
Esta reflexión adquiere especial relevancia en una sociedad atravesada por las redes sociales, donde la búsqueda de aceptación, el miedo al rechazo y la exposición constante forman parte de la experiencia cotidiana de muchos jóvenes. El entorno digital no es un mero decorado, sino un espacio que amplifica los conflictos y puede generar una falsa sensación de conexión. La historia de Evan trasciende así el drama individual para retratar a una generación hiperconectada que, pese a estar en contacto permanente con los demás, no siempre consigue sentirse acompañada.
La conexión de la historia con el público se hizo patente durante la función y pudimos comprobarla de cerca. A nuestro lado, dos adolescentes se emocionaron intensamente en distintos momentos del espectáculo; delante de nosotros, otro grupo de espectadores también muy jóvenes reaccionaba con lágrimas ante determinadas escenas. Son dos ejemplos concretos de lo que vivimos anoche en el teatro, que reflejan hasta qué punto la historia de Evan puede llegar a tocar a quienes se reconocen, de una u otra manera, en sus conflictos. Evidentemente, no podemos saber qué experiencias personales resonaban en ellos, pero la emoción que vimos en sus rostros nos recordó que la importancia de este musical va más allá de sus méritos artísticos: reside también en su capacidad para dar voz a un sufrimiento que a menudo permanece oculto.

Una espléndida partitura musical con varias canciones que son auténticas joyas
Uno de los aspectos más potentes de Querido Evan Hansen es, sin duda, la música y la belleza de sus canciones, compuestas por Benj Pasek y Justin Paul, autores también de las canciones de La La Land y The Greatest Showman. A la calidad melódica de la partitura se suma la naturalidad con la que los números musicales se integran en el libreto. Desde los primeros acordes, música y dramaturgia fluyen de manera orgánica: los temas nacen de las situaciones, acompañan la evolución de los personajes y hacen avanzar la historia sin que parezcan insertados a la fuerza. Las canciones no interrumpen la narración, sino que forman parte esencial de ella.
Entre los números más hermosos destaca «A través de la ventana» (Waving Through a Window), una canción que expresa con enorme sensibilidad la soledad de Evan, su dificultad para conectar con los demás y su anhelo de ser visto y aceptado. También nos encanta «Te encontrarán» (You Will Be Found), un tema de gran fuerza emocional que cierra el primer acto y amplía el conflicto individual del protagonista hasta convertirlo en un mensaje colectivo sobre la necesidad de sentirse acompañado. Su potencia musical y dramática hace de este final de acto uno de los momentos más impactantes del espectáculo.
En un registro muy diferente encontramos «Sinceramente, yo» (Sincerely, Me), un número lleno de humor en el que Evan, Connor y Jared inventan correos electrónicos ficticios para dar credibilidad a la supuesta amistad entre Evan y Connor. La escena introduce un contrapunto cómico dentro de una historia cada vez más compleja y demuestra la versatilidad de la partitura. La combinación de humor, emoción y conflicto contribuye a mantener el ritmo de la narración y evita que los números musicales se sientan ajenos a ella.
Otro tema que merece una mención especial es «Para siempre» (For Forever), en el que Evan construye el relato de una jornada idílica que supuestamente compartió con Connor. La belleza de la canción contrasta con la falsedad del recuerdo que sostiene, una contradicción que le aporta una especial carga dramática. Además, su material musical reaparece más adelante y adquiere una nueva dimensión dentro del desenlace. Ese retorno crea una continuidad emocional entre el relato inventado del primer acto y el cierre de la obra, mostrando cómo una misma melodía puede adquirir otro significado a medida que avanza la historia.
La evolución musical acompaña también el cambio de tono del libreto. Si la primera parte mantiene momentos más desenfadados, el segundo acto intensifica progresivamente el conflicto y conduce a escenas de enorme fuerza dramática. Entre ellas destaca «Me faltan las palabras» (Words Fail), cuando Evan se enfrenta a las consecuencias de sus mentiras e intenta explicar a la familia de Connor qué le llevó a construir aquella historia. Es uno de los números más potentes y conmovedores de esta parte, porque el protagonista deja de refugiarse en la ficción y se enfrenta a su propia vulnerabilidad. La música se convierte aquí en el vehículo de una verdad dolorosa que ya no puede seguir ocultando.
A todo ello se suma el extraordinario nivel vocal del elenco, cuyas voces destacan por su calidad y su capacidad para transmitir la intensidad emocional de cada canción. También merece un reconocimiento especial la orquesta, que sonó magníficamente durante la función y aportó fuerza y sensibilidad a cada número. La dirección musical de Joan Miquel Pérez resulta fundamental para lograr esa cohesión entre las voces y el acompañamiento instrumental, contribuyendo a que las composiciones de Benj Pasek y Justin Paul luzcan en todo su esplendor.

Guillermo Martín: un Evan Hansen difícil de superar
Cuando supimos que Querido Evan Hansen llegaría a España, una de las primeras preguntas que nos hicimos fue quién asumiría el papel protagonista. No es un personaje fácil: requiere una gran capacidad interpretativa para transmitir una fragilidad emocional llena de matices y afrontar los cambios de ánimo de un adolescente atrapado en una mentira que crece hasta amenazar con desbordarlo. Después de ver la función, creemos que no se podría haber elegido mejor que a Guillermo Martín. Su interpretación está llena de sensibilidad y precisión; consigue transmitir la ansiedad, el nerviosismo y la inseguridad de Evan sin caer en el exceso y sin perder nunca la naturalidad. Un trabajo que nos permite comprender las carencias del personaje sin justificar sus decisiones.
En el apartado vocal, Martín demuestra también unas cualidades excepcionales, con una voz que brilla especialmente en canciones como «A través de la ventana» y «Te encontrarán», el poderoso número que cierra el primer acto. En ambas despliega una gran expresividad y sabe conectar con la emoción que encierra cada tema. Pero quizá uno de sus mayores aciertos sea la naturalidad con la que da vida a Evan: su frescura hace que el personaje resulte cercano y reconocible, casi como cualquier chico que pudiéramos encontrarnos fuera del teatro, y facilita que el público joven pueda identificarse con él, incluso cuando sus decisiones resultan cuestionables. Martín reúne la voz, la presencia y los recursos interpretativos de un gran protagonista de musical sin que su talento eclipse nunca la humanidad del personaje.
Guillermo Martín está muy bien arropado por un reparto que combina artistas consolidados con intérpretes jóvenes que vienen pisando fuerte. Entre estos últimos, Iván Clemente destaca por su fantástica voz en el papel de Connor, mientras que Arnau Camps, como Jared, aporta buena parte de los momentos más divertidos de la función y contribuye a aligerar el tono, especialmente durante el primer acto. Elvira Santa María nos convence dando vida a Zoe, la hermana de Connor, tanto por su interpretación como por la belleza de su voz. Además, la complicidad que establece con Guillermo Martín da lugar a uno de los números más bonitos de la segunda parte: «Solo nosotros» (Only Us), un dúo romántico que ambos interpretan en una cama y en el que la cercanía entre los personajes se traslada con naturalidad al escenario. Por su parte, Jessica Garcés compone una estupenda Alana, un personaje que refleja a la perfección la dependencia de la exposición digital y la necesidad constante de validación y reconocimiento.
Junto a la juventud y la vulnerabilidad que atraviesan la historia, el espectáculo encuentra en sus intérpretes más veteranos un contrapunto de enorme calado emocional. Verónica Ronda está estupenda dando vida a la madre de Evan, Heidi, a quien dota de una humanidad que va mucho más allá de sus propias dificultades. Su interpretación alcanza uno de sus momentos más intensos en el segundo acto, cuando intenta hacerle entender a su hijo que, pese a sus errores y a las dificultades que los separan, ella sigue ahí y no piensa dejar de estarlo. Por su parte, Lorena Calero y Armando Pita, como Cynthia y Larry, los padres de Connor, aportan también una notable hondura a una familia devastada por la pérdida, dando cuerpo a ese dolor que no siempre encuentra palabras y a las dificultades de quienes intentan seguir adelante cuando la ausencia lo ocupa todo.
David Serrano: una puesta en escena que fluye con precisión al ritmo de la historia
Al frente de la dirección encontramos a David Serrano, uno de los nombres más destacados del teatro musical en España, que vuelve a demostrar su dominio del género. En su trayectoria figuran montajes como Billy Elliot, el musical, Matilda, el musical y Grease, el musical: Especial 50 Aniversario, que dan cuenta de su experiencia al frente de grandes producciones. En Querido Evan Hansen, su trabajo sobresale por la atención que presta a los intérpretes y por su capacidad para equilibrar la intimidad de los conflictos personales con la dimensión colectiva de la historia.
La dirección de Serrano imprime a la acción un ritmo fluido, en el que las escenas y los números musicales se enlazan con naturalidad y brillantez, contribuyendo al avance de la historia. Los cambios de espacio se suceden con agilidad, sin interrumpir el desarrollo de la acción ni restar protagonismo a los personajes. En este engranaje escénico adquiere especial relevancia la plataforma circular giratoria situada en el centro del escenario, un recurso que Serrano aprovecha con inteligencia para componer algunas de las imágenes más bellas e impactantes del montaje. Sobre ella se sitúan Evan y otros integrantes del reparto, creando estampas de gran fuerza visual que enriquecen la narración.
Mención especial merece la escenografía diseñada por David Pizarro, que transforma el espacio escénico para adaptarlo a los distintos escenarios de la historia sin perder la coherencia visual del conjunto. La habitación de Evan, el salón de su casa, los espacios que remiten al instituto y los ambientes asociados a Alana, Jared y la familia Murphy se integran en un mismo universo escénico. Para dar paso a cada lugar, los distintos módulos avanzan hacia el primer plano o retroceden, modificando la configuración del escenario ante los ojos del público. Esta solución permite enlazar los espacios con dinamismo y mantener la continuidad de la acción, sin recurrir a cambios de decorado convencionales. El resultado es una escenografía versátil que acompaña el ritmo de la obra y facilita que la atención permanezca en la historia.
El universo digital cobra vida sobre el escenario de forma brillante
Junto a la escenografía, otro de los grandes aciertos de la puesta en escena es la forma en que recrea el universo digital en el que se mueven los personajes. Las redes sociales, las publicaciones, los vídeos virales y las videollamadas no son simples referencias al mundo actual, sino elementos que se integran en la acción y contribuyen a contar la historia. La tecnología se convierte así en una prolongación de las dificultades de los personajes para comunicarse y hace visible la distancia entre la imagen que proyectan ante los demás y lo que realmente sienten.
En esta recreación destaca especialmente el diseño de vídeo de Emilio Valenzuela y Joan Rodón, que traslada al escenario los códigos visuales y las formas de comunicación propias de las redes sociales con las que convivimos a diario. Los mensajes, las publicaciones y las interacciones en pantalla se integran en el desarrollo de la acción y permiten seguir el intercambio de información entre los personajes sin perder el hilo narrativo. El resultado es una propuesta visual contemporánea y bien articulada que incorpora el lenguaje digital a la dramaturgia con naturalidad, al tiempo que pone de relieve la importancia de la exposición pública, la imagen que proyectamos y la necesidad de sentirnos aceptados.
Uno de los pasajes en los que este recurso alcanza mayor fuerza dramática llega durante el homenaje a Connor, cuando Evan pronuncia un discurso que comienza a difundirse por las redes sociales y se hace viral. La puesta en escena consigue transmitir visualmente cómo crece el alcance de sus palabras, mostrando cómo un discurso pronunciado ante un grupo de personas acaba llegando a una audiencia mucho mayor. Las proyecciones acompañan esa expansión y refuerzan el impacto de la escena. El resultado es uno de los puntos más potentes del montaje a nivel audiovisual, en el que el diseño de vídeo se convierte en una herramienta esencial para amplificar la fuerza dramática de la historia.
El trabajo escénico se completa con el diseño de iluminación de Carlos Torrijos y el diseño sonoro de Gastón Briski, dos apartados que, junto a la escenografía y el diseño de vídeo, contribuyen a dar forma a la identidad visual y sonora del montaje. La iluminación aporta matices a los distintos espacios y situaciones, mientras que el sonido se integra con la música y las voces para construir una experiencia envolvente, en la que cada elemento encuentra su lugar. A ello se suma la dirección musical de Joan Miquel Pérez, que articula el trabajo de la orquesta y los intérpretes y da unidad a una partitura en la que la emoción tiene un papel central. El resultado es una producción en la que los distintos lenguajes escénicos trabajan en sintonía y contribuyen a que la historia llegue al espectador con toda su fuerza.
Una historia que nos recuerda que nadie debería sentirse invisible
Querido Evan Hansen es, en definitiva, un musical que combina una partitura espléndida, un reparto de gran nivel y una puesta en escena que sabe aprovechar los recursos audiovisuales sin perder de vista lo esencial: la fragilidad de sus personajes y la necesidad humana de sentirse comprendido. Una historia que nos recuerda que, en un mundo en el que parece que todos estamos conectados, la soledad puede seguir siendo una experiencia profundamente íntima. Y que, a veces, el primer paso para encontrar nuestro lugar consiste en atrevernos a mostrar quiénes somos de verdad.

Lo mejor
La solidez de un libreto que aborda temas delicados y actuales que afectan a los jóvenes, una partitura con cuatro canciones que son auténticas joyas y la brillante integración de los números musicales en la historia. Y, por supuesto, la extraordinaria interpretación de Guillermo Martín, un Evan Hansen difícil de superar.
Lo que menos nos ha gustado
Alguna canción aislada nos ha convencido menos en el plano melódico. Una cuestión de gustos que no afecta ni a la calidad general de la partitura ni a la excelente integración de los números musicales en la historia.
Aldo Ruiz
Otras críticas recientes:
- Crítica ‘El alma al aire, el musical’ de El Teatrero
- Crítica ‘SIX, el musical’ de El Teatrero
- Crítica ‘Los Miserables, el Musical’ de El Teatrero
- Crítica ‘Verborrea’ de El Teatrero
- Crítica ‘El club de los poetas muertos’ de El Teatrero
- Crítica ‘El caballero de Olmedo’ de El Teatrero
- Crítica ‘Personas, lugares y cosas’ de El Teatrero