“LA FUERZA DEL CARIÑO: LOLITA, SÓLIDA Y CONVINCENTE, REGRESA A LAS TABLAS CON LA VERSIÓN TEATRAL DE LA FAMOSA PELÍCULA

CALIFICACIÓN.- NOTABLE: 7’3

Hasta el 17 de noviembre se representa en el Teatro Infanta Isabel, ‘La Fuerza del Cariño’, un texto de Dan Gordon, con Lolita de máxima protagonista. La mayor de los Flores regresa a las tablas con esta obra basada en la película de James L. Brooks, ganadora de cinco oscars en 1983. Magüi Mira dirige el montaje que cuenta también con la participación de Luis Mottola, Antonio Hortelano y Marta Guerras en sus papeles principales. 
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Cartel de ‘La Fuerza del Cariño’ don Lolita Flores, Luis Mottola, Marta Guerras y Antonio Hortelano.

Tras cosechar un gran éxito con ‘Fedra’, su última aventura teatral, Lolita ha escogido ‘La Fuerza del Cariño’, nada más y nada menos, para regresar a los escenarios. Si en aquella ocasión fue Luis Luque quien la dirigió, ahora es Magüi Mira la que se pone al frente de este montaje que, a buen seguro, recogerá los aplausos del público como ya ocurriera con la famosa película escrita y dirigida por James L. Brooks, ganadora de 5 premios de la academia en 1983, entre otros, el de mejor actriz principal para Shirley MacLaine y el de Jack Nicholson a mejor actor secundario. 

‘La fuerza del cariño’ es una comedia melodramática que nos cuenta la historia de Aurora (Lolita Flores) y Emma (Marta Guerras), una madre y una hija muy unidas, pero con puntos de vista muy distintos sobre la vida. Aurora, viuda desde hace años, es una mujer temperamental pero que tiene un gran corazón. Por su parte, Emma, es una chica muy rebelde que está deseando independizarse. Ansiosa por escapar de su casa y de su madre, la joven se casa con el profesor universitario, Flap (Antonio Hortelano), y tienen una hija. A pesar de sus frecuentes disputas y dificultades para llevarse bien, Emma y Aurora tienen un potente vínculo entre ellas que no se puede romper, y mantienen contacto constantemente por teléfono. Por su parte, Aurora mantiene un romance con un ex astronauta, Garret (Luis Mottola). Sus escenas con este último sacan la parte más divertida de Lolita Flores. Ambos desprenden química y complicidad en el escenario como ya ocurriera en su anterior colaboración, “Prefiero que seamos amigos”. 

Como hemos dicho anteriormente, ‘La Fuerza del Cariño’ es una comedia melodramática y es, justamente, en las partes humorísticas, donde más crece la obra. Los flirteos amorosos entre los personajes de Aurora y Garret son realmente graciosos. La escena de cama entre Lolita y Mottola es desternillante y provoca las mayores carcajadas del público. A lo largo de toda la función, Lolita demuestra una gran solidez como actriz. Nos convence especialmente en el registró cómico y se muestra también muy convincente en el dramático; en esa parte de la historia cuando a su hija le diagnostican una grave enfermedad y tiene que sacar fuerzas de donde no las tiene. Es ahí, precisamente, donde aparece ‘La fuerza del cariño’… en los momentos más dolorosos del ser humano. Recordamos que Lolita Flores ya ha ha interpretado otros papeles de enorme fuerza dramática como es el caso de ‘La Plaza del Diamante’, su mejor trabajo en el teatro que supuso, sin duda, un antes y un después en su carrera como actriz. 

Acompañan a Lolita, Luis Mottola y Marta Guerras, ambos magníficos como Garret y Emma. Completa el reparto Antonio Hortelano que, aunque solvente como Flag, es el más flojo de los cuatro. 

En líneas generales, esperábamos un poco más de este montaje que cuenta con la dirección de Magüi Mira, la ganadora -este año- del Max a Mejor Dirección por ‘Consentimiento’. Dejando a un lado las interpretaciones, la dirección también se puede considerar notable. Nos gusta especialmente el dinamismo que la imprimido Mira al montaje con las continuas llamadas de teléfono (hay un momento espléndido en que se van cruzando las llamadas vertiginosamente entre los cuatro personajes), las transiciones entre escena y escena, y el movimiento actoral. Sin embargo, no nos convence en absoluto la estética escogida por Magüi para su puesta en escena. No nos encaja la escenografía de Curt Allen Wilmer -aspecto sorprendente, ya que estamos ante uno de los escenógrafos más brillantes y efectivos de este país y que pocas veces se equivoca. Pero aquí, creemos, que no ha estado muy acertado. Esa mezcla de decorados no empasta demasiado bien ‘afeando’ la puesta en escena -. El vestuario de Lorenzo Caprile tampoco nos termina de gustar. Salvando algún modelo de Lolita, la elección de trajes no es la más adecuada y, por tanto, no permite que los actores luzcan en todo su esplendor. 

Aldo Ruiz

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