‘UNA VIDA AMERICANA’: SOBERBIA INTERPRETACIÓN DE CRISTINA MARCOS EN UNO DE LOS MONTAJES MÁS ATRACTIVOS Y SUGERENTES DEL MOMENTO

CALIFICACIÓN.- EXCELENTE: 8’2

Hasta el próximo cuatro de marzo se puede ver en el Teatro Galileo ‘Una vida americana’, una magnífica obra escrita por Lucía Carballal y dirigida por Víctor Sánchez Rodríguez. Cristina Marcos, maravillosa en la piel de Paloma, está al frente de un espléndido reparto que completan Esther Isla, Vicky Luengo y César Camino. Uno de los puntos fuertes del montaje es la puesta en escena que gira en torno a la brillantísima escenografía de Alessio Meloni.

Estéticamente, muy hermosa; a nivel interpretativo, impecable, y un texto imprevisible con grandes dosis de emoción. Así es ‘Una vida americana’, una de las obras más sugerentes que existen actualmente en la cartelera madrileña. La historia se localiza en un precioso bosque de Minnesota. Hasta allí viajan Paloma y sus dos hijas;  Linda (la mayor) y Robin (la pequeña), con el objetivo de reencontrarse con el padre de estas, un estadounidense (Warren) al que ella conoció en Madrid, en los años ochenta, y del que se enamoró perdidamente. Pero el sueño americano se truncó pronto para ellas. Warren les prometió que se iban a ir a vivir todos juntos a EEUU pero no fue así. Él las abandonó cuando Linda tenía apenas 10 años y regresó a su país de origen. Desde entonces, ellas han vivido en el madrileño barrio de Tetuán y Linda sigue  traumatizada por la ausencia de la figura paterna. Veinte años después, ella ha decidido ajustar cuentas con él, aunque su madre Paloma no está muy de acuerdo e intenta protegerla de un encuentro demasiado arriesgado dada la vulnerabilidad de su hija.

Este es el argumento de ‘Una vida americana’, una obra en la que Lucía Carballal profundiza en la relación de esta madre con sus dos hijas, una relación llena de turbulencias y que ha estado marcada por la ausencia del padre. El laberinto emocional diseñado por Carballal es complejo y muy hermoso aunque le cuesta un poco arrancar. Al principio, durante los primeros 20-25 minutos, el ritmo se hace un tanto lento y cuesta meterse en la piel de los personajes pero, con la aparición del novio de Linda (Levi, César Camino), la historia pega un subidón y adquiere velocidad de crucero, continuando así hasta el final. Otro punto que podríamos cuestionar del texto es que, en la primera parte de la obra, se abren varios frentes entre los distintos personajes provocando, quizás, unas expectativas que luego no se terminan de cumplir del todo. Bien es cierto que el desenlace es muy emotivo y concluyente, pero igual no es lo rotundo que esperábamos. Aún así, nos deja muy buen sabor de boca.

Cristina Marcos es, sin duda, una de las grandes sensaciones de ‘Una vida americana’. Tras mucho tiempo alejada de los focos, me parece todo un acierto que haya regresado a los escenarios con este papel. La que fuera chica Almodóvar en ‘Tacones Lejanos’ interpreta aquí a Paloma, una madre valiente que ha tenido que sacar a sus dos hijas adelante, una mujer fuerte y luchadora que, quizás, ha llevado todo el dolor por dentro para que no la vieran sufrir. Es un personaje maravilloso, muy rico y  lleno de matices, que también tiene su vena cómica, con un humor afilado que Marcos ejecuta con absoluta maestría. En definitiva, un caramelo para cualquier actriz. Y ella lo sabe agradecer con una interpretación soberbia, de esas que se ven de cuando en cuando en una sala de teatro. La actriz hace un trabajo muy bonito de contención en la primera parte de la obra y luego, poco a poco, va abriendo su corazón, culminando su actuación con una escena bellísima en la que ella se rompe por completo delante de sus hijas confesando la verdad.  ¡Enorme Cristina Marcos!.

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Esther Isla y Cristina Marcos en una de las mejores escenas de la obra. Fotografía: Javier Naval

Acompañan a Marcos otras dos actrices estupendas, Esther Isla y Vicky Luengo. Acostumbrada a verla últimamente en comedias como ‘Tartufo, el impostor’, Isla nos muestra aquí un registro completamente diferente encarnando a Linda, un personaje con muchos traumas, que ha pasado una fuerte depresión y que tiene una relación muy complicada con su madre. Isla sale bastante airosa del reto, demostrando su enorme versatilidad como actriz, y brilla especialmente en sus cara a cara con Cristina Marcos. También fantástica Vicky Luengo dando vida a Robin, un personaje tremendamente singular, en este caso, una chica que aún no tiene definido su género, y que Luengo interpreta con suma brillantez. Lo inteligente de Carballal es que ha confeccionado unos personajes muy atípicos, que se salen de lo normal, y que no estamos acostumbrados a ver. Lo original y lo diferente siempre es un plus. Completa el reparto César Camino que borda el papel de Levi, el novio ‘judio’ de Linda. Es el personaje más divertido de la historia y el que aporta la comicidad necesaria en este huracán de emociones. Camino deja patente sus grandes dotes para la comedia y nos regala algunas de las mejores escenas de la obra como su magnífico vis a vis con Cristina Marcos en la tumbona, o la desternillante cena judía. 

La dirección es otro de los puntos fuertes de este montaje. Víctor Sánchez Rodríguez, autor y director de la extraordinaria ‘Nosotros no nos mataremos con pistolas’ realiza una brillante puesta en escena, llena de colorido y muy hermosa visualmente. Sánchez Rodríguez logra crear una atmósfera muy cálida sustentada fundamentalmente en la genial escenografía de Alessio Meloni que, una vez más, vuelve a acertar de pleno con su elección. En ‘Una vida Americana’, el escenógrafo italiano nos deslumbra con un precioso bosque de abetos y al fondo, en lo alto, una vieja caravana con mucho encanto, que es el centro neurálgico del decorado. A un lado de la caravana, las escaleras por las que se accede a ella y, al otro, una enorme farola. Para completar la escenografía y, en primer plano, unas mesas de madera y varias sillas de camping, que tienen gran utilidad en el desarrollo de la historia. Destacar también, en esta puesta en escena, el fabuloso diseño de luces de Luis Perdiguero –el momento en que se iluminan todos los abetos es una maravilla-, el vestuario de Guadalupe Valero -muy acorde a la línea estética del montaje- y la partitura musical de Luis Miguel Cobo. Con todos estos elementos, Víctor Sánchez construye el marco incomparable para que fluya el original texto de Carballal y las grandes interpretaciones de los cuatro protagonistas.

Aldo Ruiz

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