CALIFICACIÓN.- SOBRESALIENTE: 9
Hay espectáculos que trascienden el paso del tiempo y se convierten en auténticos referentes del teatro musical. ‘Los Miserables’, sin duda, pertenece a esa categoría. El montaje que se puede ver ahora mismo en el Teatro Nuevo Apolo, producido por Cameron Mackintosh y heredero de la puesta en escena del West End londinense, demuestra por qué la obra basada en la inmortal novela de Victor Hugo continúa emocionando a millones de espectadores de todo el mundo más de cuatro décadas después de su estreno.
La adaptación musical concebida por Claude-Michel Schönberg, con libreto de Alain Boublil y del propio Schönberg, logró transformar uno de los grandes clásicos de la literatura universal en una de los musicales más influyentes de la historia. El resultado es una creación de extraordinaria fuerza dramática, que aborda temas tan universales como el amor, la justicia, el sacrificio y la esperanza, y que mantiene intacta su capacidad para emocionar al público generación tras generación.
‘Los Miserables’ sigue la historia de Jean Valjean, un exconvicto que busca redimirse tras salir de prisión. Perseguido incansablemente por el inspector Javert, Valjean reconstruye su vida mientras cuida a Cosette, la hija de Fantine, una mujer explotada por la pobreza y que trabajó en la fábrica del propio Valjean, sin este percatarse. En el contexto de la Francia postrevolucionaria, los destinos de Valjean, Cosette y otros personajes se entrelazan con el levantamiento de jóvenes idealistas en las barricadas.
El montaje de Cameron Mackintosh, que se estrenaba en Madrid en noviembre de 2025 coincidiendo con el 40º aniversario de su estreno en Londres, es un verdaero prodigio de precisión artística desde el primer acorde hasta el emocionante desenlace. La escenografía, el diseño de iluminación, el sonido, la utilización de recursos audiovisuales y la impecable dirección escénica se integran con absoluta brillantez para poner toda la espectacularidad al servicio del relato.

La puesta en escena alcanza cotas de auténtica excelencia y nos deleita con secuencias de una fuerza visual apabullante. Por ejemplo, la escena de las barricadas, que culmina con la muerte de los jóvenes revolucionarios tras el desgarrador destino del pequeño Gavroche, está resuelta de forma magistral, convirtiéndose en uno de los momentos más estremecedores de toda la función. El estruendo de los disparos y bombardeos, perfectamente sincronizado con los efectos de luces y sonido, envuelve al espectador y lo sumerge por completo en el fragor de la batalla. Igualmente impactante resulta la muerte de Javert. La resolución escénica de su caída desde el puente constituye uno de los grandes logros técnicos del montaje. La integración de la escenografía con los recursos audiovisuales crea una ilusión de enorme realismo y potencia visual.
Pero si hay un elemento que eleva ‘Los Miserables’ a una categoría extraordinaria es su música. La memorable partitura compuesta por Claude-Michel Schönberg, sobre el libreto de Alain Boublil y del propio Schönberg, constituye una de las cimas de la historia del teatro musical. No es casualidad que canciones como -en castellano- ‘Soñé una vida’, ‘La canción del pueblo’, ‘Sale el sol’, ‘Solo para mí’ o ‘Sálvalo’ hayan trascendido el escenario para convertirse en auténticos himnos. Son composiciones de una fuerza melódica y emocional únicas, capaces de conmover tanto en el contexto de la representación como fuera de ella. De hecho, aunque las escuches una y otra vez, conservan intacta su capacidad de emocionar.
En este apartado, hay que destacar la magnífica labor de Enric García al frente de la dirección musical, ejerciendo además como director de orquesta. Su trabajo consigue que una partitura de enorme complejidad respire con naturalidad, manteniendo un equilibrio impecable entre la orquesta y las voces durante toda la representación. La formación musical suena con una una precisión y una potencia admirables, cautivando al público desde el primer compás. Desde nuestra ubicación, en la fila 7 del patio de butacas, el sonido resultaba sencillamente espectacular, permitiendo apreciar con total nitidez la calidad de la orquesta y el excelente trabajo realizado por todos los músicos.

Si la música constituye el alma de ‘Los Miserables’, el reparto se podría decir que es el corazón. Todo el elenco brilla en sus respectivos papeles, poniendo de manifiesto un casting extraordinariamente bien concebido, en el que no existe un solo punto débil. Al frente del reparto, Carlos Solano compone un Jean Valjean de enorme solidez. Alternante de Adrián Salzedo, ofrece una interpretación que destaca por méritos propios. Su poderosa voz y la humanidad con la que construye la evolución del personaje sostienen el peso dramático de la función de principio a fin. Cada uno de sus grandes números musicales está interpretado con una intensidad contenida y una emoción que conecta de inmediato con el público.
Frente a él, Pitu Manubens da vida a un Javert imponente, de presencia escénica arrolladora y una voz firme y autoritaria que refleja a la perfección la inquebrantable personaliadad del personaje. El enfrentamiento entre Jean Valjean y Javert, auténtico eje dramático de la obra, alcanza aquí una fuerza colosal gracias a la química interpretativa entre ambos actores. Sus duelos, tanto vocales como dramáticos, constituyen algunos de los momentos más brillantes del espectáculo.
Entre las actuaciones sobresale también la Fantine de Teresa Ferrer, cargada de sensibilidad y realmente conmovedora. Su interpretación de ‘Soñé una vida’ constituye una de las cumbres del espectáculo y confirma sobradamente los motivos por los que ha sido galardonada recientemente con el Premio Talía a la Mejor Intérprete Femenina de Musical. Espléndido Quique Niza, que construye un Marius lleno de verdad y elegancia. Quienes tuvimos la oportunidad de descubrirle años atrás en ‘Grease, Especial 50 Aniversario’ podemos apreciar la grandisima evolución de este artista que ha ganado en madurez interpretativa y vocal, y que tiene una preciosa voz, cargada de matices.
Fantástico igualmente es el trabajo de Elsa Ruiz Molina como Éponine y de Alexia Pascual como Cosette, ambas aportando delicadeza y emoción a sus personajes. Soberbio Javier Manente como Enjolras, dueño de una poderosa voz y una destacada presencia escénica. Alabar igualmente la profesionalidad de Íñigo Etayo, que el día que asistimos nosotros asumió el papel de Enjolras durante la segunda parte de la representación, por indisposición de este último, resolviendo el reto con absoluta solvencia.

Si bien todo el reparto mantiene un nivel sobresaliente, merece una mención especial la pareja formada por Xavi Melero y Malia Conde, encargados de dar vida a los graciosísimos y despiadados taberneros Thénardier. Ambos firman unas actuaciones geniales, derrochando talento, vis cómica, precisión gestual y un excepcional sentido del ritmo escénico. De hecho, y sin miedo a exagerar, Xavi y Malia se comen el escenario en cada una de sus intervenciones y se convierten en el contrapunto perfecto a la dureza de la historia -marcada por el drama y la intensidad emocional-, arrancando las mayores carcajadas del público y una de las grandes ovaciones en el saludo final.
Por último, no nos podemos olvidar del elenco infantil en el que todos sus componentes exhiben un talento admirable y unas voces angelicales. Su trabajo evidencia el nivel de exigencia de una producción de estas característicias en la que absolutamente todos los integrantes del reparto contribuyen a construir un espectáculo de primer nivel.
En definitiva y, tras ver de nuevo ‘Los Miserables’ quince años después en Madrid, hay que poner en valor la vigencia del libreto y de las canciones, por las que no pasa el tiempo. Esta producción que se puede ver actualmente en el Teatro Nuevo Apolo honra ese legado con un montaje que roza la excelencia, capaz de emocionar tanto a quienes ven la obra por primera vez como a aquellos que regresan a ella dispuestos a deleitarse una vez más con esa historia de sueños rotos y esas canciones que llegan al alma.

Lo mejor:
La espectacular puesta en escena, el extraordinario elenco y por supuesto la memorable partitura que, a nuestro jucio, es insuperable.
Lo que se podría mejorar:
Poco podemos decir en este apartado. Tras más de ocho meses de funciones, el montaje está plenamente engrasado, todo funciona como el mecanismo de un reloj y son escasas las imprecisiones que pudimos observar el día que asistimos. Nos encantaría que ‘Los Miserables’ permaneciera varios años en la cartelera madrileña y aquí también se convirtiera en un clásico como ha sido el caso de ‘El rey león’.
Aldo Ruiz
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