‘ILUSIONES’: VERÓNICA RONDA Y MARTA ETURA BRILLAN EN UN DOLOROSO -Y DESCOMPENSADO- CUENTO A CUATRO BANDAS DIRIGIDO CON PRECISIÓN POR MIGUEL DEL ARCO

CALIFICACIÓN: NOTABLE: 7’6

Anoche tuvo lugar en el Teatro Kamikaze el estreno de ‘Ilusiones’, el nuevo montaje dirigido por Miguel del Arco con texto del autor ruso Ivan Viripaev. Una comedia existencialista de historias entrelazadas, que tienen el amor como nexo de unión, y que está protagonizada por dos parejas de ancianos que superan la barrera de los ochenta años. Marta Etura, Verónica Ronda, Daniel Grao y Alejandro Jato se alternan en la figura de narrador de este cuento doloroso, oscuro y paradójico que se podrá ver en el Kamikaze hasta el 13 de mayo.
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Cartel de ‘Ilusiones’ con Marta Etura, Daniel Grao, Alejandro Jato y Verónica Ronda.

El estreno de cada  obra de Miguel del Arco se convierte en una cita ineludible para todos los amantes del teatro y ayer no iba a ser menos. Ni la semifinal de la Champions entre el Bayern de Munich y el Real Madrid logró empañar una velada teatral que reunía a la flor y nata de la escena madrileña, ansiosa por ver el nuevo trabajo de uno de los grandes. Y a tenor de lo sucedido tras la representación, ‘Ilusiones’ no defraudó al público asistente que, en una gran mayoría, ovacionaba en pie a todo el equipo de la obra.

Nosotros acudíamos al Kamikaze con mucha curiosidad y, dicho sea de paso, con bastante cautela. Era la primera vez que se estrenaba en España un texto de Viripaev, un dramaturgo de 43 años, afincado en Polonia, y considerado la punta de lanza de la nueva dramaturgia rusa. Y, aunque confiamos en el buen criterio que siempre ha mostrado Del Arco a la hora de escoger sus proyectos, esta vez había que ser cautelosos. Y el resultado final nos ha dado -en parte- la razón. Es evidente que ‘Ilusiones’ reúne algunas de las virtudes que han hecho grande a Miguel del Arco; una maravillosa puesta en escena, una excelente dirección de actores -mejores ellas que ellos-, y destellos geniales de una de las mentes más privilegiadas que tenemos en nuestro teatro. Sin embargo, la historia de Viripaev está bastante descompensada. Los primeros treinta minutos son muy potentes, al igual que los últimos quince. Sin embargo, toda la parte central se compone de relatos secundarios y anecdóticos que nos distraen e, incluso, nos desconectan de la fascinante trama principal. Y es una pena porque estamos ante un material muy sólido y con una carga dramática brutal. 

Ilusiones’ nos cuenta la historia de dos matrimonios. Por un lado, el de Dani y Sandra. Y, por otro, el de Margarita y Alberto. Este último y Dani fueron amigos desde muy jóvenes, por tanto las dos parejas han mantenido una estrecha relación a lo largo de toda la vida. (Los cuatro superan ya la barrera de los ochenta años). La historia tiene un comienzo potentísimo, con la dolorosa muerte de Dani, narrada de manera muy hermosa por Marta Etura. A lo largo de noventa minutos, Viripaev propone un recorrido vital por la trayectoria de estas dos parejas que intentan, juntos y por separado, encontrar su lugar en el mundo. Una de las claves del texto es que no está narrado por ellos mismos –Dani, Sandra, Margarita y Alberto–. Viripaev ha escogido a cuatro narradores que se van alternando durante el relato y a los que interpretan Marta Etura, Daniel Grao, Verónica Ronda y Alejandro Jato. A través de las historias entrelazadas de estas dos parejas, ‘Ilusiones’ revela las paradojas de la pasión y la muerte, de la verdad y la mentira, de la lealtad y la traición. 

Como señalábamos al comienzo, Miguel del Arco realiza en ‘Ilusiones’ una de esas puestas en escena a las que nos tiene acostumbrados; brillante y precisa. Toda la acción gira en torno a la deslumbrante escenografía de Eduardo Moreno que ha diseñado un antiguo desván -lleno de recuerdos y enseres- consiguiendo crear la atmósfera idónea para que tenga lugar ese oscuro y doloroso cuento, lleno de existencialismo, que nos plantea Viripaev en ‘Ilusiones’. Juanjo Llorens y su excepcional diseño de luces -como es habitual en él-, y Arnau Vilá y su acertadísima partitura original también juegan un papel importante en la poderosa puesta en escena de Del Arco. 

Si la dirección es uno de los puntos fuertes del montaje, la parte central del texto es lo más inconsistente del mismo. Además, cae por su propio peso. El arrollador comienzo tiene tanta fuerza -en el que Viripaev empieza a hacer su particular disección sobre el amor- que esas historias secundarias y completamente intrascendentes que vienen a continuación, suponen un considerable bajón en la trama. Ni siquiera los juegos meta-teatrales usados por Del Arco y el impresionante chorro de voz de Verónica Ronda en una canción que introduce el director, logran compensar la poca consistencia de la historia en ese tramo central. Menos mal, que el impactante desenlace lo vuelve a poner todo en un su sitio. Un estremecedor final para este cuento extremadamente doloroso -y descompensado- que termina por todo lo alto dejándonos un buen sabor de boca. 

Respecto a los cuatro intérpretes también hay cierta desigualdad. Ellas están mucho mejor que ellos. Bien es cierto, que sobre las chicas recaen las partes más conmovedoras de la narración. Marta Etura es la primera en abrir fuego, y lo hace con emoción, dulzura y unos ojos chispeantes que se le iluminan cuando habla del amor. (Su primer monólogo me recuerda a la Etura de ‘Return’ de Chevi Muraday). Marta tiene ángel -eso es incuestionable- y así lo demuestra en los primeros y mágicos minutos de la obra cuando narra la muerte de Dani y la declaración de amor que éste le hace a su mujer (Sandra) en el lecho de muerte. Etura está espléndida al igual que su compañera Verónica Ronda, que crece sobre las tablas a pasos agigantados. Si hace unas semanas alabábamos su actuación en ‘La Casa del Lago’, aquí nos volvemos a deshacer en elogios. Es asombrosa la versatilidad que tiene esta mujer para la interpretación. En ‘Ilusiones’ nos sobrecoge tomando el testigo de Marta Etura, llevando la narración al punto más álgido y mezclando, con maestría, la emoción y el humor, cosa que no es nada fácil. ¡Soberbia Verónica Ronda!. Completan el reparto un buen Daniel Grao que aquí le ha tocado el papel del gracioso de la historia (quién no recuerda la manida frase; “Margarita tiene un finísimo sentido del humor”), y un correcto Alejandro Jato, que también sobresale en el registro cómico. Es obvio que las chicas se llevan lo mejor de este pastel cocinado con tan buen gusto por Viripaev y Miguel del Arco. 

Aldo Ruiz

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