‘HEARTBREAK HOTEL (VANIA)’: ÁLEX RIGOLA LOGRA PLASMAR LA ESENCIA DE CHÉJOV EN UNA CAJA MÁGICA QUE DESPRENDE LUZ Y MUCHA VERDAD

CALIFICACIÓN.- SOBRESALIENTE: 9

Tras el ‘Tío Vania’ de Oriol Tarrason en el Fernán Gómez y, el más reciente de Veronese en el CDN -que llevaba por nombre ‘Espía a una mujer que se mata’-, ahora podemos disfrutar del tercer Vania en muy poco tiempo, el de Álex Rigola, que se representa en los Teatros del Canal bajo el título de ‘Heartbreak Hotel, Vania (Escenas de la vida)’. Una obra que destaca por su excepcional puesta en escena: solo 60 personas dentro de una caja de madera son testigos cada día de un montaje que destila magia por sus cuatro paredes, y que será recordado por las interpretaciones de un reparto de lujo formado por Ariadna Gil, Gonzalo Cunill, Irene Escolar y Luis Bermejo. 

‘Heartbreak Hotel’ o lo que es lo mismo la adaptación de ‘Tio Vania’ por parte de Álex Rigola es uno de los montajes que más expectación ha levantado en los últimos tiempos. Tal es así, que al poco de salir las entradas a la venta, ya se habían agotado. Hay varias razones para explicar tanta expectación; la primera es que estamos ante un reparto de esos de campanillas compuesto por cuatro grandes de nuestra escena; Ariadna Gil, Gonzalo Cunill, Irene Escolar y Luis Bermejo. ¡Ahí es nada!. El segundo motivo es porque la obra está dirigida -y también adaptada- por Álex Rigola, ex director de los Teatros del Canal, y uno de los dramaturgos más prestigiosos del momento. Y el tercer factor es que el número de espectadores por función es muy limitado; solo 60 personas pueden disfrutar cada día de la representación. Por tanto, son muy pocos los afortunados capaces de entrar en la caja mágica de Rigola y, de ahí, que volaran las entradas. 

Muchas veces, en este tipo de montajes hay depositadas tantas expectativas que, luego, la decepción es mayor al no cumplirse las mismas. Pero no es el caso. Álex Rigola nos brinda un ‘Tio Vania’ tremendamente especial y muy de verdad. Para ello, despoja a los actores de todo tipo de artificios y los introduce en una caja de madera ocupada en sus asientos por el reducido número de espectadores, situados tan cerca de los intérpretes, que escuchan prácticamente su respiración. Y entonces… surge la magia. Este es el gran acierto de Rigola; no parece en absoluto que estemos en una obra de teatro. Allí solo hay cuatro personas que están charlando, contándonos su historia, mientras los espectadores somos testigos de su conversación. De hecho, y para buscar la mayor naturalidad posible, el dramaturgo designa a los personajes con el propio nombre de los actores; Luis, Ariadna, Irene y Gonzalo. Así se llaman, pero en realidad están dando vida a Vania (Luis Bermejo), Elena (Ariadna Gil), Sonia (Irene Escolar) y Astrov (Gonzalo Cunill). El resultado es simplemente espectacular: con cuatro actores y 60 espectadores -dentro de una caja-, Álex Rigola logra plasmar perfectamente la esencia del Vania de Chéjov, elevando la obra del genio ruso a la máxima potencia. 

Una de las claves de este montaje es que Rigola ha desposeído al Tío Vanía de Chéjov de cualquier tipo de impostura. Se evita así toda clase de teatralidad. Entonces, mientras transcurren los noventa minutos de la función, solo vemos la verdad y la nobleza que se desprenden de la mirada cristalina de Luis Bermejo, la naturalidad y la frescura que irradia la figura de Irene Escolar, la nobleza y la luz que posee Gonzalo Cunill -que llega a su culmen cuando coge la guitarra y entona una hermosísima canción-, o la sonrisa hipnótica de Ariadna Gil que nos cautiva irremediablemente. El trabajo de los cuatro intérpretes es espléndido, hasta tal punto que parece que no están actuando en ningún momento, simplemente se dejan llevar por sus emociones y por la crudeza de la historia de Chéjov. Álex Rigola da un paso más allá en su forma de plasmar el teatro y es, precisamente, no haciendo teatro. Es, como si esas cuatro personas estuvieran metidas en esa caja de madera y, nosotros, a través de un agujero, viéramos lo que allí está pasando. 

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Gonzalo Cunill y Luis Bermejo en una de las imágenes que nos deja el Vania de Rigola.

‘Heartbreak Hotel’ es una obra tremendamente especial que irradia luz y verdad por las cuatro paredes de esa caja mágica. Estamos, sin duda, ante uno de los mejores montajes de los últimos meses. Pero, para mí, cuenta con un gran hándicap ajeno completamente a la obra. Y es que, unas semanas antes, habíamos visto ‘Espía a una mujer que se mata’ en el CDN, una obra realmente extraordinaria adaptada y dirigida por Daniel Veronese, con un memorable Ginés García Millán en la piel de ‘Tio Vania’. Esto hizo que viera el montaje de Rigola con otros ojos y siempre comparándolo con el del argentino. A mí, particularmente, me removió más la obra de Veronese. Esas dosis de teatralidad -ausentes por completo en el montaje de Rigola- son, precisamente, las que me provocaron una mayor exaltación de mis emociones en ‘Espía a una mujer que se mata’, con esa parte final realmente apoteósica. En definitiva, el listón había quedado tan alto con la maestría de Veronese que la magia de Rigola ha sido insuficiente para superarlo. Eso sí, se ha quedado a una mínima distancia. De todas formas, es una suerte que los madrileños hayamos podido disfrutar de dos montajes de ‘Tío Vania’ de esta categoría en tan corto espacio de tiempo.  

Aldo Ruiz

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