‘JULIETA Y OFELIA, SUICIDAS DE TODA LA VIDA’: UNA PROPUESTA ORIGINAL Y TRANSGRESORA, MUY POTENTE VISUALMENTE Y CON UNA CUIDADÍSIMA PUESTA EN ESCENA

CALIFICACIÓN.- CORRECTA: 6’5

Con dramaturgia de Julio Rojas y dirección de Aarón Lobato, ‘Julieta y Ofelia, suicidas de toda la vida’ es una de las propuestas más personales e innovadoras que se pueden encontrar ahora mismo en la capital. Se estrenó en Nave 73 con motivo del ‘Surge’ y, dado su éxito, se prorrogó durante un mes más. Ahora, solo quedan un par de domingos para poder ver este espectáculo que mezcla el teatro con pinceladas de danza, y que está protagonizado por los propios Rojas y Lobato. Estamos ante un montaje valiente y transgresor en el que han participado grandes nombres como Chevi Muraday, en el diseño del movimiento, y Felype de Lima, artífice del vestuario. 
Captura

Este es el cartel de la obra con Julio Rojas y Aarón Lobato, los artífices de este montaje.

Todos sabemos que hacer teatro hoy en día no es una tarea fácil y, mucho menos, llevar a cabo proyectos tan personales como este, que no buscan satisfacer a todos los públicos. De ahí, el mérito de Julio Rojas y Aarón Lobato que se han arriesgado haciendo una obra muy original y sugerente, que parte de una idea realmente brillante y que cuenta con una estética muy potente y una cuidadísima puesta en escena. Se nota que, detrás del montaje, hay mucho esfuerzo y cariño. 

El espectáculo está protagonizado por dos de los personajes más emblemáticos del teatro universal; Julieta y Ofelia, dos mujeres cuyos trágicos destinos se han representado más de un millón de veces a lo largo de la historia. Todos conocemos muy bien la visión que de ellas nos dejó Shakespeare, pero ¿cómo son realmente Julieta y Ofelia? ¿Qué piensan de sus respectivos amores (Romeo y Hamlet) que les destrozaron la vida? ¿Qué ha sido de ambas con el transcurrir de los años? ¿Os las imagináis?. Esto es lo que ha hecho Julio Rojas, el dramaturgo de esta obra. Y, para ello, se ha llevado a las dos heroínas al limbo. Así comienza este montaje; con ellas durmiendo plácidamente en sus tumbas. De pronto, se despiertan y nos empiezan a hacer partícipes de sus desdichas, de sus reproches, de sus sueños frustrados y de sus fantasías suicidas. Gracias a la güija se reencuentran con sus amados y con sus no amados, analizan los asuntos más candentes de la actualidad e, incluso, responden sin pudor a las preguntas más dolorosas que les lanzan los periodistas del corazón. Este es el atractivo y original planteamiento de estas suicidas de toda la vida.

Además de dramaturgo, Julio Rojas es el encargado de dar vida a Julieta, mientras que su compañero Aarón Lobato, director del montaje, interpreta a Ofelia de una manera muy convincente. La dirección, precisamente, es uno de los puntos fuertes de este montaje. Lobato, acompañado de Pablo Martínez Bravo en labores de ayudante, ha hecho un trabajo magnífico ofreciéndonos una puesta en escena muy poderosa visualmente en la que destaca el espléndido diseño de luces de Diego Domínguez -espectacular durante toda la obra-, la escenografía -sencilla pero tremendamente efectista- y el vestuario creado por Felype de Lima con esas maravillosas faldas negras que, cuando Julio y Aarón bailan, lucen en todo su esplendor.

Además, en este montaje, el movimiento juega un papel fundamental. Los dos intérpretes de la historia se mueven continuamente a lo largo y ancho de un cuadrilatero cubierto de arena blanquecina e, incluso, se atreven, a bailar con una coreografía que lleva el sello inconfundible de Chevi Muraday. Este es, sin duda, uno de los momentos álgidos -y más sorprendentes- de un espectáculo que, quizás, es más cuestionable en cuanto al texto, alternándose grandes diálogos, con otros más prescindibles. Rojas somete a Julieta y Ofelia a todo tipo de pruebas, a situaciones dramáticas y a otras más cómicas, con partes muy consistentes y, otras, no tanto. Probablemente, ha querido contar tantas cosas que, en determinados momentos, esa mezcla no termina de cuajar. A pesar de todo, el ritmo no decae durante los setenta minutos gracias a la solvencia de los dos actores y a la belleza de las imágenes que nos dejan las dos mujeres más famosas de la obra de Shakespeare. 

Aldo Ruiz

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