LIBRES!!!, UN CABARÉ IRREVERENTE Y MUY DIVERTIDO CON ALBA FLORES AL FRENTE DE UN MAGNÍFICO REPARTO BAJO LA DIRECCIÓN DE ANDRÉS LIMA

CALIFICACIÓN.- NOTABLE: 7’5

Del 11 de septiembre al 11 de octubre, el Teatro de la Abadía acoge LIBRES!!!, uno de los montajes más esperados de comienzos de la temporada teatral. Una pieza con texto de Esther F. Carrodeguas, dirigida por Andrés Lima y protagonizada por Alba Flores, Laura Galán y Nüll García, con Eva Valdelomar al piano. Se trata de una coproducción de Teatro del Barrio con el Comisionado para la Celebración de los 50 años de España en Libertad.

A través de un cabaré divertido, deslenguado y cargado de humor corrosivo, el espectáculo recupera la memoria de unas mujeres fundamentales en la historia de este país: las que en 1936 fundaron Mujeres Libres, una organización anarquista que luchó por la emancipación femenina, el antifascismo y la revolución social. Mujeres que quisieron liberarse de aquella triple «esclavitud de ignorancia, de mujer y de productora» y que, en apenas tres años de existencia, llegaron a reunir a más de veinte mil afiliadas.

A lo largo de una hora y media conoceremos a las tres fundadoras de Mujeres Libres: Amparo Poch y Gascón, interpretada por Alba Flores; Mercedes Comaposada, a la que da vida Laura Galán; y Lucía Sánchez Saornil, encarnada por Nüll García. También resulta muy estimulante que, además de ellas, aparezcan sobre el escenario muchas otras mujeres que forman parte de esta historia: Teresa Claramunt, Federica Montseny, Guillermina Rojas, Clara Campoamor, Victoria Kent, Emilia Pardo Bazán o La Pasionaria, entre otras. Algunas apenas aparecen durante unos minutos, pero lo suficiente para despertar la curiosidad del espectador y hacer que, al llegar a casa, nos entren ganas de profundizar en sus vidas, descubrir qué hicieron y conocer mejor la importancia que tuvieron en nuestra historia.

La mirada de Esther F. Carrodeguas vuelve a apoyarse en el humor y la irreverencia para hablar de asuntos que siguen siendo muy serios. La dramaturga, a quien ya pudimos disfrutar con Supernormales, estrenada en el CDN en 2022, cambia ahora de territorio, pero no de espíritu. Si entonces se adentraba, desde la comedia negra, en los prejuicios y las violencias que afectan a las personas con discapacidad, especialmente en torno a su sexualidad, aquí se lanza de lleno a reivindicar la memoria de unas mujeres que hicieron de la libertad y la emancipación una forma de vida.

Y lo hace alejándose de cualquier tentación de solemnidad. En un presente en el que abundan los discursos sobre el desastre y las distopías, LIBRES!!! apuesta por imaginar algo mucho más luminoso: una utopía alegre, descarada, divertida y, sobre todo, muy musical. La obra se mete de lleno en el mundo del cabaré y recupera el espíritu de aquellas mujeres que hicieron del cuplé y de los espectáculos de variedades una forma de jugar con las normas de su tiempo, de hablar de deseo y de cuestionar el papel que la sociedad había impuesto a las mujeres. Todo ello pasado por el filtro de un humor irreverente y provocador que consigue que la reivindicación nunca pese y que la historia se nos presente de una manera cercana y tremendamente divertida.

La propuesta, además, no da prácticamente tregua y avanza a toda velocidad, encadenando escenas, canciones, personajes y situaciones sin dejar apenas espacio para que el ritmo decaiga. No hay lugar para el aburrimiento ni para esa sensación de que una obra se estanca o empieza a dar vueltas sobre sí misma. Todo sucede con una energía constante y, en ocasiones, incluso con cierto caos en las transiciones entre unas escenas y otras. Los cambios son rápidos, atropellados y aparentemente desordenados, pero ese pequeño caos le sienta muy bien al montaje. Lima se mueve como pez en el agua en ese territorio y consigue convertir lo que sobre el papel podría parecer un defecto en uno de los rasgos que terminan dando personalidad al espectáculo.

La música es, sin duda, uno de los grandes motores de este cabaré. El espectáculo recupera canciones populares y cuplés de distintas épocas, que adapta y reelabora para ponerlos al servicio de la historia de estas mujeres. Esther F. Carrodeguas se encarga brillantemente de reescribir las letras de estos temas míticos, en un ejercicio de actualización que combina humor, memoria y crítica. Así, nos encontramos, entre otras, con una versión muy divertida de La chica ye-yé, popularizada por Concha Velasco; con Se dice, el célebre cuplé que hizo suyo Concha Piquer; o con El día que nací yo, interpretada originalmente por Imperio Argentina y convertida aquí, gracias a una nueva letra que imagina el nacimiento de la Segunda República, en uno de los grandes momentos musicales del espectáculo.

Las canciones no están de adorno. Sirven para contar, para reivindicar y, sobre todo, para disfrutar. Y buena parte de que funcionen con tanta naturalidad se debe al trabajo de Jaume Manresa, responsable de la composición musical y los arreglos, y de Pepe Alacid, encargado de la dirección musical y el coach vocal. La música atraviesa toda la función y se integra de manera orgánica en una puesta en escena que apuesta sin complejos por el cabaré.

El espacio escénico de Beatriz San Juan y la iluminación de Pedro Yagüe terminan de construir ese universo. Unas enormes cortinas, con un acabado casi plastificado, enmarcan el escenario, mientras una pequeña plataforma circular se convierte en el principal espacio de juego de las protagonistas. A un lado, una mesa con sus respectivas sillas; al otro, el piano de Eva Valdelomar, siempre presente. Sobre este dispositivo sencillo, la iluminación de Yagüe va marcando los diferentes momentos de la función y contribuye a convertir la sala Juan de la Cruz de la Abadía en un luminoso y festivo cabaré.

Lima dirige todo este cóctel desde un territorio que conoce bien. Su experiencia en el teatro documental, con montajes como 1936 y la saga Shock, se deja notar en la manera de manejar materiales históricos y convertirlos en espectáculo. Pero aquí da un paso más: toma algunas de esas herramientas y las pone al servicio de una propuesta mucho más festiva, hilarante y descarada. El director potencia el tono desenfadado de la dramaturgia y consigue acercarnos a estas mujeres pioneras sin convertir su historia en una lección de historia al uso.

Ahora bien, precisamente porque LIBRES!!! mantiene ese tono festivo, hilarante y corrosivo prácticamente de principio a fin, hemos echado en falta algunos momentos de pausa. A diferencia de otros montajes de teatro documental dirigidos por Lima, como los citados anteriormente, donde se alternan escenas más divertidas con otras dramáticas, emocionantes o conmovedoras, aquí apenas hay cambios de registro. La apuesta funciona y encaja perfectamente con el espíritu de la propuesta, pero algunos respiros habrían permitido que todo lo que estamos viendo nos llegara todavía un poco más.

Hay un momento especialmente significativo en el que las tres fundadoras de Mujeres Libres se presentan ante el público. Sentadas en unas sillas, frente a los espectadores, comienzan a interpelarnos y nos preguntan si nos parece normal que en 1931 las mujeres no tuvieran determinados derechos. Van enumerando algunos de ellos y, mientras lo hacen, las tres van clavando su mirada en el público. Durante unos segundos desaparece el cabaré, desaparece la broma y desaparece el artificio. Solo están ellas, mirándonos y haciéndonos conscientes de una realidad que hoy puede parecernos increíble, pero que no hace tanto tiempo formaba parte de la vida cotidiana de las mujeres.

Y ahí aparece algo muy potente: verdad y emoción. Precisamente por eso nos hubiera gustado encontrar más momentos como ese a lo largo de la función. No porque el tono festivo, irreverente y gamberro no funcione —todo lo contrario—, sino porque esos pequeños respiros habrían servido para potenciar todavía más el resto del espectáculo. Cuando todo es celebración, humor y desparpajo, unos segundos de silencio, una mirada o un momento de verdad pueden adquirir una fuerza enorme. Y en LIBRES!!! esos momentos existen, pero quizá son demasiado escasos.

El montaje de Lima termina de sostenerse gracias a un reparto que entiende a la perfección las reglas del juego. A priori, Alba Flores, Laura Galán y Nüll García forman un trío bastante peculiar, con personalidades y registros muy diferentes. Sin embargo, cuando las vemos juntas sobre el escenario, la combinación funciona y aparece una complicidad que atraviesa toda la función. A ellas se suma Eva Valdelomar al piano, que no se limita a acompañar musicalmente, sino que también encuentra sus propios momentos de humor en este peculiar cabaré.

Alba Flores da vida a Amparo Poch y Gascón, una de las tres fundadoras de Mujeres Libres, y a lo largo de la función se desdobla también en otros personajes, como La Pasionaria. Es precisamente en esa capacidad para cambiar de registro donde vuelve a demostrar todo su talento. Si hace unos años nos hubieran dicho que íbamos a ver a Alba cantando copla, haciendo revista, bailando o incluso con una guitarra eléctrica sobre el escenario, quizá nos habría costado imaginarlo. Aquí se atreve a cantar El día que nací yo, tumbada sobre el piano y micrófono en mano, en uno de los momentos más elegantes del espectáculo, y demostrando que es una artista polifacética, con un desparpajo y una libertad escénica enormes. Ella también parece libre ahora: canta, baila, interpreta y juega con el público con una naturalidad que confirma el arte que tiene y que le corre por las venas. 

Laura Galán interpreta a Mercedes Comaposada, otra de las fundadoras de la organización y asume brillantemente otros roles. Está especialmente graciosa como Emilia Pardo Bazán, con ese ese acento deliberadamente exagerado que le imprime al personaje, pero también como Clara Campoamor, en unos momentos en los que resulta imposible no reírse. ¡Y qué decir cuando se mete en la piel de Federica Montseny, la anarquista que llegó a convertirse en ministra durante la Segunda República! De hecho, encarnando a Montseny -y junto a Alba Flores y Nüll García-, nos deleita con uno de los números musicales más divertidos de la función: Soy anarca. Además, su facilidad para moverse por el escenario y acercarse al público hace que algunos de sus momentos sean también de los más cabareteros de la función.

Nüll García encarna a Lucía Sánchez Saornil, una de las tres fundadoras de Mujeres Libres, y da vida también a otros personajes a lo largo del espectáculo, entre ellos la anarquista Teresa Claramunt, figura que sentó algunos de los precedentes del feminismo. García construye sus personajes desde la naturalidad y la frescura, sin necesidad de subrayar cada gesto, y demuestra una particular capacidad para transitar entre el humor y la emoción sin perder la verdad de lo que cuenta. Sobre el escenario, aporta al trío un registro diferente al de sus compañeras, que termina encajando con precisión en la dinámica conjunta.

Es en esa suma de personalidades donde reside buena parte de la fuerza del reparto. Alba Flores aporta arte y versatilidad; Laura Galán, desparpajo y una extraordinaria vis cómica; y Nüll García, esa mezcla de luz y verdad que la hace tan especial sobre el escenario. Tres maneras muy diferentes de entender la interpretación que terminan encajando y sosteniendo el ritmo de una función que no concede tregua. Y cuando las tres se unen para interpretar People Have the Power, la mítica canción de Patti Smith, llega el colofón perfecto: un momento de celebración que levanta al público de sus asientos y resume muy bien el espíritu del espectáculo.

En definitiva, estamos ante un montaje muy recomendable y divertido que nos acerca, desde el humor, la música y la irreverencia, a unas mujeres pioneras y a una parte de nuestra historia que, al menos en mi caso, era mucho menos conocida de lo que debería. Una forma lúdica de recuperar su memoria, de despertar la curiosidad por seguir investigando y, sobre todo, de celebrar la libertad sin solemnidad.

Lo mejor:

El desparpajo, el talento y la enorme complicidad de Alba Flores, Laura Galán y Nüll García sobre el escenario. También el tono corrosivo, divertido y jocoso del texto, que consigue acercarnos a esta historia sin solemnidad y con muchas ganas de pasarlo bien.

Lo que se podría mejorar:

En un montaje con tanto humor y ritmo, hemos echado en falta algún momento más de pausa, verdad y emoción. Hay material suficiente para que la función se permita respirar un poco más y profundizar en algunos de los momentos más conmovedores. Ese tono festivo y desenfadado funciona de maravilla, pero una mayor mezcla de registros, incorporando más momentos de reflexión y emoción, habría conseguido que el montaje fuese todavía más redondo.

Aldo Ruiz

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