‘LA FIESTA DEL CHIVO’: JUAN ECHANOVE Y LUCÍA QUINTANA ENCABEZAN UN MAGNÍFICO REPARTO EN UN DESIGUAL MONTAJE DIRIGIDO POR CARLOS SAURA

CALIFICACIÓN.- NOTABLE: 7

En el Teatro Infanta Isabel se representa ‘La Fiesta del Chivo’, una adaptación de la famosa novela de Vargas Llosa. La obra maestra del premio Nobel de literatura apenas ha sido adaptada al teatro debido a su enorme complejidad. Natalio Grueso se atreve con el reto, firmando esta versión que dirige Carlos Saura y que protagoniza Juan Echanove en la piel del dictador Trujillo. Acompañan a Echanove un grupo de fantásticos actores compuesto por Lucía Quintana, Manuel Morón, Eduardo Velasco, Gabriel Garbisu y David Pinilla. Todos ellos están excelentes. La solidez del elenco es, sin duda, lo mejor de un montaje que, a nuestro juicio, se queda en el notable justito.

Esperábamos mucho más de ‘La Fiesta del Chivo’, la adaptación que dirige Carlos Saura de la novela de Vargas Llosa. Sin embargo, el montaje nos ha dejado un sabor agridulce. Nadie duda del talento de Saura a nivel cinematográfico, pero en el apartado teatral, su forma de dirigir se ha quedado obsoleta. Le ocurrió lo mismo con ‘El Coronel no tiene quien le escriba’ protagonizada por Imanol Arias. En el 2019, una historia tan rica y compleja como ‘La Fiesta del Chivo’, nos pide a gritos una puesta en escena más moderna en la que se sepan utilizar los códigos teatrales. Y, aquí, desde luego no se consigue el objetivo. Sin apenas escenografía, Carlos Saura nos brinda una discreta puesta en escena que se apoya en unas proyecciones que en lugar de servir de apoyo, más bien desvían la atención de los espectadores. A pesar de todo, el montaje llega a buen puerto gracias a la brillante actuación de todo el elenco encabezado por un enorme Juan Echanove. 

Evidentemente no es nada fácil trasladar al teatro una novela de tales características. De ahí, el mérito y la valentía que hay que atribuirle a Natalio Grueso, un hombre que en su día -cuando dirigía los espacios escénicos del Ayuntamiento de Madrid -apostó firmemente por llevar a escena la obra dramática de Vargas Llosa. En líneas generales, podemos decir que Grueso ha hecho un buen trabajo en esta adaptación, con pequeñas salvedades (Quizás narrativamente se podían potenciar algunas escenas, pero la historia está muy bien contada en solo noventa minutos). La acción se sitúa en los últimos días del dictador Trujillo en la República Dominicana. Para ello, el autor se vale del personaje de Urania Cabral (estupenda Lucía Quintana), una abogada que abandonó el país de forma misteriosa siendo una niña. Tres décadas después, regresa para visitar a su padre moribundo, el senador Agustín Cabral, un antiguo alto cargo del Régimen caído en desgracia. Durante ese viaje, se desvelará el terrible secreto que la protagonista ha guardado celosamente desde su huida.

Sin duda, lo más flojo del montaje montaje es la puesta en escena. Da mucha rabia tener una historia tan rotunda y un elenco de lujo, y que no se saque más rendimiento al montaje. A nuestro juicio, la puesta en escena es bastante discreta. A Saura habría que exigirle mucho más. El cineasta pone todo su foco en la dirección de actores que, desde luego, están impecables. Pero, al final nos queda una sensación agridulce. Se podía haber un hecho un pedazo de montaje con todos estos mimbres y, sin embargo, el resultado se queda en un notable justito. 

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Juan Echanove, imponente, da vida al dictador Trujillo.

Una vez que transcurren los primeros minutos de la función, y ‘aceptando’ -o intentándolo, mejor dicho- el concepto de puesta en escena de Saura, lo mejor es dejarse llevar por la historia y deleitarse con el trabajo actoral. Es un placer inmenso ver, sobre las tablas, el trabajo de todos ellos, empezando por un enorme Juan Echanove dando vida a Trujillo. Echanove, imponente, borda el papel del dictador transmitiendo a la perfección todos los matices de este personaje despiadado, corrupto y maquiavélico. Espléndida también Lucía Quintana -como siempre en todo lo que hace- en la piel de Urania Cabral, -la narradora de esta historia-, que nos emociona y nos conmueve en la recta final con ese dramático y potente desenlace. (Estremecedora la escena conjunta entre Echanove y Quintana). 

Completan el reparto cuatro soberbios actores; Gabriel Garbisu (Agustín Cabral), Manuel Morón (Abbes), David Pinilla (Balaguer) y Eduardo Velasco, excelente como Manuel Alfonso. Pocas veces en un montaje podemos encontrar un reparto tan sólido y brillante como en ‘La Fiesta del Chivo’. Solo por verlos, ya merece la pena ir al Infanta Isabel, a estremecerse con una de las cumbres literarias de Vargas Llosa.

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