‘PLACERES ÍNTIMOS’: JOSÉ MARTRET CONSIGUE DOMAR, A BASE DE MAESTRÍA, A CUATRO BESTIAS ESCÉNICAS, PERO NO PUEDE EVITAR LA DEBACLE DEL AMOR

CALIFICACIÓN.- EXCELENTE: 8

Hoy domingo es el último día para disfrutar de ‘Placeres íntimos’ en el Teatro Fernán Gómez. Una magnífica adaptación de la obra ‘Nattvarden’ de Lars Norén realizada por José Martret quien, además, dirige el montaje con enorme brillantez. Cristina Alcázar, Francisco Boira, Toni Acosta y Javi Coll se dejan la piel interpretando a los cuatro protagonistas de este drama familiar que ha cosechado grandes elogios por parte de la crítica y del público en los cinco días que se ha representado en la capital. Dado el éxito, esperamos y deseamos que estos ‘Placeres íntimos’ de Martret regresen muy pronto.
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Cartel de ‘Placeres íntimos’

¿Por qué cuesta tanto desengancharse de un amor? ¿Es mejor sobrevivir junto a un amor moribundo el resto de nuestra vida o arriesgarse a encontrar otro amor que nos haga vibrar?. ¿Por qué la mayoría de las personas no saben amar y se conforman con lo que tienen aunque no les haga felices?. Estas y otras muchas cuestiones se plantean en ‘Placeres íntimos’, la adaptación que ha hecho José Martret de ‘Nattvarden’ de Lars Norén. Pero lo que podía ser tranquilamente un dramón, Martret lo convierte -con muchísima inteligencia- en una obra donde lo ridículo y lo grotesco juegan un papel primordial. La obra de Norén, que puede resultar un drama asfixiante y apabullante, Martret se la lleva al terreno de la comedia (negra) gracias a los personajes de Toni Acosta (Mónica) y Javi Coll (Alan). Y, aquí radica, precisamente, una de las claves de este montaje. 

Todo comienza cuando Charlotte (Cristina Alcázar) y Jon (Francisco Boira) llegan a su casa tras la incineración del cuerpo de la madre de él, recientemente fallecida. Lo que debería ser un mar de lágrimas (por parte de Jon) por la pérdida de la mujer que le dio la vida, se transforma, rápidamente, en una marejada con la tremenda discusión que mantienen Charlotte y Jon, un matrimonio que lleva muchos años casados y que, en principio, parece que tienen una gran fogosidad sexual pero que, en realidad, no se soportan. En el momento álgido de la discusión aparecen Alan, el hermano de Jon, y su mujer Mónica, que van a pasar allí la noche, aunque no haya mucha confianza porque los hermanos llevan sin verse muchísimos años.

Este es el punto de partida de ‘Placeres íntimos’, un texto en el que José Martret ha hecho un trabajo extraordinario como adaptador condensando una obra extensísima en poco más de una hora y media. El resultado es una historia espléndida que transcurre a un ritmo trepidante, repleta de situaciones surrealistas y mucho humor negro que reflejan a la perfección el desgaste de la pareja, del ser humano y de la vida misma. La urna que guarda las cenizas de la madre será testigo de la decadencia de esos dos matrimonios y de los continuos enfrentamientos entre los hermanos. 

No menos brillante es la puesta en escena que nos brinda Martret, caracterizada por su elegancia, su tremendo dinamismo y su gran estilo. El que fuera director de ‘MBIG’ derrocha solvencia y muchísimo gusto para poner en escena esta historia tremendamente compleja y excesiva. Uno de los pilares del montaje es la bonita escenografía –diseñada por Isis de Coura y el propio Martret- que recrea una preciosa y coqueta casa sueca, con paredes de madera, y toda clase de comodidades. Destacar también el espacio sonoro de Luis Ivars y el excelente diseño de luces de Pedro Vera. Me gusta especialmente cómo va cambiando -de manera sutil- la iluminación en las transiciones; cuando un personaje se ‘sale’ de las conversaciones grupales y pasa a relatar sus breves monólogos internos -que muestran verdaderamente lo que piensan-.

‘Placeres íntimos’ no es, precisamente, una obra de ligera digestión. La agresividad, las continuas faltas de respeto -tremendas-, la violencia verbal y la fiereza sin medida están presentes de principio a fin entre esos dos matrimonios que se detestan y de los que, aquí, presenciaremos su batalla final. Durante los noventa y cinco minutos hay momentos especialmente duros y crueles que Martret dirige con muchísimo oficio. También es de alabar su trabajo en la dirección de actores. No es nada fácil domar a esas cuatro bestias escénicas que se meten en la piel de cuatro personajes que son una bomba de relojería. Cristina Alcázar y Francisco Boira realizan unas actuaciones magníficas dando vida a Charlotte y Jon. Dos interpretaciones siempre al límite, como dos caballos desbocaos a los que, de vez en cuando, hay que ponerles las riendas -sobre todo, a Boira que a veces se pasa en su vena macarra. Es evidente la química y la complicidad que existe entre ambos y, en sus encuentros, saltan chispas. La única pega que se les puede poner -quizás se deba a la dirección- es que, ya desde el principio, empiezan tan alto que es difícil mantener esa tensión durante toda la obra. El exceso y la angustia que producen Charlotte y Jon lo compensa Martret con el toque de comicidad que provocan Mónica y Alan, a los que encarnan Toni Acosta y Javi Coll.

Mónica y Alan, aunque al principio se guíen por las apariencias, tampoco son un matrimonio feliz. Es, más, su relación hace aguas desde hace tiempo (Un tercero mucho más joven tiene la culpa). Lo bueno de esta pareja es que, a pesar de vivir también una situación muy dramática, lo exteriorizan de una manera muy divertida. Y en esto tienen mucho que ver -aparte de Martret-, Toni Acosta y Javi Coll que se encargan de componer dos personajes sumamente graciosos. Ella parece una mosquita muerta pero cuando abre la boca, arde Troya. Él es el típico gruñón, malhumorado, que se pasa todo el día quejándose y criticando a su mujer. Acosta y Coll hacen un trabajo sobresaliente y pueden presumir, una vez más, de la increíble vis cómica que tienen. 

En definitiva, ‘Placeres íntimos’ es una de las mayores sorpresas que nos hemos llevado en las últimas semanas. Teníamos mucho miedo de que fuese una obra demasiado farragosa dada la densidad y extensión de la obra original de Norén, pero la brillante labor como adaptador de Martret y de sus cuatro ‘domesticadas’ bestias, la convierten en uno de los montajes más atractivos de 2018. Esperamos y deseamos, por tanto, que estos ‘Placeres íntimos’ de Martret regresen muy pronto a la cartelera madrileña. 

Aldo Ruiz

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