MIGUEL DEL ARCO SE DEBATE ENTRE LA CRUELDAD Y LA DIVERSIÓN EN SU LARGA Y BELLÍSIMA NOCHE DE LAS TRÍBADAS

CALIFICACIÓN.- EXCELENTE: 8’5

Ya está aquí lo nuevo de Miguel del Arco. Ayer se estrenó en el Teatro Kamikaze Pavón ‘La noche de las tríbadas’, la última maravilla llevada a cabo por uno de los mayores genios de nuestro teatro. Basada en una pieza de Per Olov Enquist, Del Arco recrea la malísima relación entre el famoso dramaturgo August Strindberg y su ex mujer Siri von Esse. Jesús Noguero y Manuela Paso nos deleitan en la piel de estos dos insignes personajes. Pero no están solos; Miriam Montilla y Daniel Pérez Prada completan un cuarteto de auténtico lujo que nos ofrece unas soberbias interpretaciones.
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Maravilloso cartel de ‘La noche de las tríbadas’

Siempre es un inmenso placer disfrutar de un nuevo trabajo de Miguel del Arco por muchísimas razones: por esa manera tan suya de entender el teatro -apasionante y contundente-; por su extraordinaria visión para plasmar una historia que la hace tan especial; por su apabullante sentido de la estética; y por su increíble capacidad para sorprendernos -él nunca decepciona-. En ‘La noche de las tríbadas’, Del Arco vuelve a cautivarnos con su infinito talento y, aunque no sea la más redonda de sus obras, nos deslumbra con la fascinante historia entre August Strindberg y su ex mujer Siri von Esse, una pieza histórica escrita por Per Olov Enquist en 1975, que trata sobre el amor y la misoginia, y que tiene como telón de fondo un ensayo teatral. Más no se puede pedir; teatro dentro del teatro, y de la mano de Miguel del Arco, se convierte en TEATRO EN MAYÚSCULAS. 

La acción se sitúa en 1890, en un teatro en Copenhague, donde Strindberg ha decidido llevar a escena su último texto, ‘La más fuerte’, interpretado por Siri, su ex mujer y madre de sus hijos, con la que se encuentra en un proceso salvaje de divorcio y a la que quiere recuperar a toda costa. (Por eso le ha dado ese papel y la ha nombrado directora de ese teatro). Acuciado por las deudas, esta obra supone la última oportunidad del dramaturgo para conseguir el éxito y poder salir adelante. Pero lo que podría ser motivo de alegría pronto se convierte en una pesadilla. Al llegar allí, Strindberg descubre que la coprotagonista de la obra es, nada más y nada menos, que la amante de su esposa, Marie. Se desata entonces una auténtica batalla campal sobre el escenario y una de las luchas dialécticas más brillantes que se recuerdan. Aparece la misoginia de Strindberg pero también el profundo dolor que tiene por la pérdida de su gran amor. En definitiva; el conflicto en estado puro, un terreno en el que Miguel del Arco se desenvuelve como pez en el agua.

‘La noche de las tríbadas’ destaca, ante todo, por su brillantísima dirección. Miguel del Arco es el gran maestro en este apartado y aquí lo vuelve a evidenciar sacando a relucir ese toque genial que tanto le caracteriza. El prestigioso director hace un auténtico alarde de puesta en escena moviendo a los actores por todos los rincones del teatro -no solo por el escenario-. ¡Qué maravilla!. Iconoclasta donde los haya, Miguel también nos cautiva con una estética portentosa -plagada de imágenes bellísimas-, donde todos los detalles están sumamente cuidados. Se podrían poner muchos ejemplos, pero me voy a quedar con la impresionante recreación que hace el director de la famosa noche de las tríbadas -con esa poderosa iluminación y los inquietantes efectos sonoros-. Es absolutamente genial. ¡Cómo es capaz de pasar del presente al pasado en décimas de segundo, con unas fantásticas y sutiles transiciones!. Por supuesto, hay que destacar el espléndido diseño de luces de Pau Fullana y el espacio sonoro de Sandra Vicente, dos elementos técnicos muy importantes en los que se sustenta el director. 

Mención especial merece la espectacular escenografía creada por Alessio Meloni que aquí nos regala uno de sus trabajos más sobresalientes. Este italiano no para de crecer en cada una de sus escenografías. Si ya nos impresionó en ‘Danzad Malditos’, ‘Numancia’ o ‘Historias de Usera’ -por poner tan solo algunos ejemplos-, en ‘La Noche de las Tríbadas’, Meloni se ha vuelto a superar diseñando una inmensa estructura de cajas de madera que le da majestuosidad a la historia y que es una verdadera belleza. Si a eso le sumamos el precioso vestuario -también diseñado por él.  Manuela y Miriam están realmente espléndidas con esos maravillosos vestidos y esas pelucas- sobran las palabras para seguir hablando de la labor de Alessio. Lo mejor es que vayan a ver la obra y juzguen ustedes mismos. 

La excelente dirección de actores es otro de los puntos fuertes de este montaje. Como es habitual en él, Miguel del Arco saca lo mejor de cada uno de los cuatro intérpretes, que nos ofrecen unas soberbias interpretaciones. Manuela Paso, una de las musas del director, da un auténtico recital dando vida a Siri von Esse. ¡Qué clase tiene esta señora, por dios!. Nos estremece cuando se revuelve en el pasillo del patio de butacas como una gata salvaje peleando con su ex marido. Nos deleita con su sarcasmo y su tremenda ironía cuando -en el ensayo de la obra- habla sobre la ‘virilidad’ de Strindberg provocando los momentos más hilarantes de toda la función, y nos conmueve cuando abre su corazón y confiesa a Marie sus verdaderos sentimientos, con esas lágrimas que ella derrama como nadie. Siempre lo digo, pero no hay nadie en este país que llore mejor que esta señora. Manuela Paso es una actriz extraordinaria que borda cualquier tipo de registro y en ‘La noche de las tríbadas’, vestida además por Meloni, resplandece como nunca o, mejor dicho, como siempre. 

Jesús Noguero nos brinda una magnífica interpretación llena de fuerza y poderío. No era nada fácil meterse en la piel de Strindberg y plasmar la gran contradicción de su personaje; por un lado, el hombre atormentado y roto de dolor por el desamor y, por el otro, el animal despiadado y misógino, que destila odio y crueldad hacia las mujeres. Sobre Noguero recae todo el peso de la obra, pero él logra salir muy airoso del reto en una estupenda actuación que destaca por su poderosa mirada y su increíble garra. Daniel Pérez Prada es, sin duda, una de las grandes sensaciones de esta historia dando vida a Viggo Schiwe -un actor que se quedó a las puertas de protagonizar ‘La señorita Julia’- y que aquí se va a encargar de dirigir ‘La más fuerte’, la obra de teatro que están ensayando y de la que Strindberg es autor. En medio de tantas discusiones, su personaje es muy de agradecer porque aporta el punto amable y divertido en una historia tan cruda. Viggo Schiwe es un hombre un tanto ingenuo, pusilánime y siempre está al servicio de Strindberg.  Es el típico personaje serio que, por su forma de hablar, de gesticular y de interactuar con el resto, termina provocando las situaciones más graciosas y desternillantes -al más puro estilo Woody Allen-. Pérez Prada se revela como un grandísimo actor cómico. Su aspecto frágil y delicado, sus gestos, sus muecas y las meteduras de pata propias de Schiwe se llevan al público de calle inundando de risas y carcajadas el patio de butacas.   

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Una de las bellísimas imágenes que nos deja ‘La noche de las Tríbadas’

Fantástica también Miriam Montilla encarnando a Marie, la amante de Siri Von Esse, una mujer muy valiente y adelantada a su época. Al contrario que los personajes de Jesús Noguero y Manuela Paso, que son como dos potros desbocados, Montilla brilla con una actuación contenida y muy elegante. El suyo es un papel donde los silencios, quizás, son más importantes que los gritos y los improperios que le lanza Strindberg y Montilla lo sabe transmitir perfectamente.

Lo cierto es que ‘La noche de las tríbadas’ es una maravilla que nos deja muy buen sabor de boca, como no podía ser de otra manera llevando la firma de Miguel del Arco. Sin embargo, no llega a alcanzar la cota de perfección de algunos de sus anteriores trabajos y, para mí, la causa fundamental es su larga duración o, mejor dicho, su exceso de duración. ‘Hamlet’, por ejemplo, duraba más de tres horas pero no se hacía larga porque la historia lo requería. ‘La noche de las tríbadas’, sin embargo, se prolonga durante dos horas y quince minutos y creo, sinceramente, que no era necesario porque la historia se podría aligerar en determinadas partes con el fin de conseguir una trama más compacta y una obra completamente redonda. 

Aldo Ruiz


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