90 AÑOS DEL ASESINATO DE LORCA: EL POETA QUE NO LOGRARON MATAR

El 18 de agosto de 1936, Federico García Lorca era asesinado en Granada, víctima de la violencia y la represión de la Guerra Civil española. Un informe de la Policía de Granada, años más tarde, detalló que el poeta fue fichado y acusado de ser «socialista y masón» (perteneciente a la logia Alhambra). El mismo documento y los estudios históricos resaltan que se le atribuyeron «prácticas de homosexualismo», un factor clave de persecución por parte de los sectores ultraconservadores y falangistas. En las denuncias iniciales también se le tachó de «rojo peligroso» y simpatizante del Frente Popular (coalición electoral de partidos de izquierda en España) lo que selló su destino al comienzo de la Guerra Civil Española.

Con solo 38 años fallecía uno de los dramaturgos más geniales que ha dado el teatro universal y uno de nuestros poetas más importantes. A lo largo de los años hemos visto representadas en decenas de ocasiones algunas de sus míticas obras como ‘Yerma’, ‘La casa de Bernarda Alba’, ‘Bodas de sangre’, ‘Doña Rosita, la soltera’ o ‘La zapatera prodigiosa’. Y en su poesía permanecen para siempre obras míticas como ‘Romancero gitano’, ‘Poeta en Nueva York’ o ‘Poema del cante jondo’.

Hay algo en el teatro de Lorca que siempre me resulta difícil de explicar, quizás porque no se queda solamente en lo que ocurre sobre el escenario, sino que se mete dentro. Y son, sobre todo, sus mujeres las que me llevan a ese lugar oscuro y profundo: mujeres que desean, que esperan, que sufren, que callan y que, en el fondo, están luchando por algo tan sencillo y tan imposible como poder ser libres. En ellas hay una oscuridad que no es solo tristeza, sino también rabia, deseo, miedo y una enorme necesidad de vivir. Creo que ahí está la hondura de Lorca: en hacer que esas mujeres, aun estando atrapadas por su tiempo, nos hablen también a nosotros, tantos años después. Y quizá por eso su teatro sigue doliendo; porque debajo de la poesía, de la belleza y de esa oscuridad tan suya, hay algo profundamente humano que reconocemos y que nos obliga a mirar.

La figura de Lorca ha influenciado inevitablemente al teatro contemporáneo y ahí están las múltiples obras que se han hecho sobre la vida y la obra del genio de Fuente Vaqueros. A mí me gustaría recordar dos especialmente. En primer lugar, ‘Una noche sin luna’, un hermosísimo monólogo, cargado de emoción, que pude ver en junio de 2021 en el Teatro Español, escrito y protagonizado por Juan Diego Botto y dirigido magistralmete por Sergi Peris-Mencuenta. Una obra que aborda la figura de Lorca desde una mirada contemporánea y que, a través de sus textos, entrevistas y conferencias, recorre distintos episodios de su vida -hasta su terrible asesinato- y de su obra, convirtiendo al poeta en presencia viva sobre el escenario.

 

También recuerdo con gran emoción ‘La piedra oscura’, de Alberto Conejero, dirigida por Pablo Messiez y estrenada en 2015 en la Sala de la Princesa del Teatro María Guerrero, dentro del Centro Dramático Nacional. Aquí el acercamiento a Lorca es muy diferente. El poeta no aparece sobre el escenario, pero su presencia lo ocupa todo. La obra sitúa la acción en una habitación de un hospital militar y gira alrededor de Rafael Rodríguez Rapún, secretario de La Barraca y compañero sentimental de Lorca, que custodia algunos de sus documentos y manuscritos. A través de la memoria, del amor y de la ausencia, Conejero construye una pieza extraordinaria en la que Federico se convierte en una presencia invisible pero constante. Si ‘Una noche sin luna’ consigue que Lorca vuelva a hablar, ‘La piedra oscura’ consigue algo quizás todavía más difícil: que podamos sentirlo en aquello que queda cuando alguien ya no está.

Desde que descubrí la obra de Lorca siendo tan solo un niño, no puedo evitar preguntarme qué habría sido de él si aquella bala no hubiera acabado con su vida. ¿Qué habría escrito? ¿Cuántas obras nos habría regalado? ¿Cuántos poemas, cuántos personajes, cuántas historias quedaron para siempre en la oscuridad junto a él? Quizás una pequeña muestra de todo aquello que pudo ser la encontremos el próximo 10 de septiembre, con el estreno en cines de ‘La bola negra’, la película de Los Javis que parte precisamente de una obra inacabada de Lorca y por la que consiguieron la Palma de Oro a Mejor Director en el último Festival de Cannes. Una película que, por supuesto, estamos deseando ver.

Pero más allá de su prodigiosa obra, hay algo que, 90 años después de su muerte, sigue llamando poderosamente la atención: sus restos continúan sin haber sido encontrados. ¡Y esto clama al cielo! Como clama al cielo que, casi un siglo después, tantas y tantas víctimas de aquella barbarie continúen enterradas en cunetas y fosas, sin que sus familias hayan podido recuperar sus restos y darles una sepultura digna.

Estatua en homenaje a Lorca, situada en la Plaza de Santa Ana, enfrente del Teatro Español

Estatua en homenaje a Lorca, situada en la Plaza de Santa Ana, enfrente del Teatro Español

Lo que es evidente es que nueve décadas después de su asesinato, seguimos recordándolo. Seguimos leyéndolo. Seguimos representándolo. Y, sobre todo, seguimos escuchando su voz. Porque podrán haber intentado silenciar a Lorca, pero no pudieron matar su obra, que sigue más viva que nunca.

Aldo Ruiz

 

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