‘LA ÚLTIMA BOQUEÁ’: TEATRO A LA PLANCHA AHOGA SUS PENAS ENTRE RISAS Y SEVILLANAS EN UNA DOLOROSA COMEDIA TEÑIDA DE LÁGRIMAS

CALIFICACIÓN.- SOBRESALIENTE: 9

Solo quedan dos días -hoy viernes y mañana sábado- para poder disfrutar en la Cuarta Pared de ‘La última boqueá’, una tragicomedia escrita y dirigida con maestría por Selu Nieto que, dado el éxito obtenido hace unos meses, ha regresado ahora a la capital. A lo largo de sesenta minutos, la compañía ‘Teatro a la plancha’ nos brinda una excepcional comedia con tintes dramáticos en la que tres personas velan en un bar a un amigo que acaba de fallecer. Selu Nieto, María Díaz y Pablo Gómez-Pando protagonizan, de forma genial, este montaje que es un auténtica joya. 
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Con esta imagen comienza ‘La última boqueá’, una tragicomedia escrita, dirigida y protagonizada por Selu Nieto (a la derecha de la fotografía). 

‘La última boqueá’ es una de esas comedias negras que siguen brillantemente la estela de ‘La Zaranda’ convirtiendo en arte la tragedia andaluza. La compañía ‘Teatro a la Plancha’ firma esta espléndida obra en la que, bajo un envoltorio de risas y carcajadas, se esconde el profundo drama de tres personas que viven atenazadas por el miedo a salir de su particular isla. 

‘La última boqueá’ cuenta la historia de dos hombres y una mujer que están en un bar velando a un amigo que, por su apariencia, hace bastante tiempo que los ha dejado. Supuestamente, él ha muerto por ahogamiento. Intentó nadar demasiado profundo y el mar se vengó matándole. Eso es, al menos, lo que cuentan sus amigos reiteradamente mientras lloran su pérdida, entre chistes y sevillanas, y ahogan sus penas en alcohol. Dice el refrán que el alcohol siempre lo cura todo. Ojalá y fuera verdad. Escrita y dirigida por Selu Nieto, ‘La última boqueá’ destaca por su estructura narrativa cíclica; una estructura tremendamente original que nos impacta con un potente e inesperado desenlace. A pesar de su corta edad para la dramaturgia -solo 31 años-, Nieto nos sorprende por su madurez y por la profundidad que llega a alcanzar la historia, una excepcional comedia que nos recuerda visiblemente a ‘La Zaranda’ y también a otra obra magistral de José Troncoso, ‘Las Princesas del Pacífico’. Obras, todas ellas que, bajo la apariencia de divertimento y ese humor típico andaluz, ocultan graves tragedias que nos hacen reflexionar y mucho. 

Además de sus excelentes dotes como dramaturgo, Selu Nieto demuestra una gran maestría a la hora de poner en escena el montaje. La escenografía creada por el propio Nieto junto a Margarita Ruesga y Carlos Villareal es realmente magnífica. Los tres protagonistas de la historia se encuentran en una isla redonda, compuesta de arena, en la que podemos encontrar un par de mesas, dos o tres sillas y una lámpara creada por botellas de vino. A medida que va transcurriendo la acción, la isla se va reduciendo y esos tres amigos, no solo ahogan sus penas en alcohol, sino que sentimos cómo se ahogan ellos mismos. Me parece una idea genial de dirección que, junto al magnífico diseño de luces de Guillermo Jiménez y la ambientación sonora de Ignacio Román, nos dan como resultado una espléndida -y muy original- puesta en escena. 

Lo cierto es que ésta es una de esas obras redondas en la que todo fluye a la perfección; el texto es una joya al igual que la puesta en escena y, por si fuera poco, cuenta con tres interpretaciones sensacionales. Selu Nieto está sembrao dando vida al gracioso de turno, con un humor pesado y reiterativo, que se pasa toda la velada contando chistes que solo le hacen gracia a él. María Díaz, por su parte, brilla encarnando a la viuda del difunto mezclando de forma genial la comicidad con el drama. Completa el reparto Pablo Gómez-Pando que interpreta brillantemente al personaje más sorprendente de la historia. Aparentemente es el más tonto de los tres, el más reservado, sin embargo, a medida que transcurre la trama nos vamos percatando de que es el más valiente y el que tiene más inquietudes. En definitiva, tres personajes maravillosos y tres actuaciones magníficas que nos dejan escenas memorables y un poso de amargura que todavía anda rondando en mi cabeza. 

Aldo Ruiz

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