‘LAS ÚLTIMAS’: LUCÍA MIRANDA PONE EL FOCO EN LA HISTORIA ENTRE FILIPINAS Y ESPAÑA EN UN MONTAJE QUE MEZCLA EL TEATRO DOCUMENTAL Y EL DIVERTIMENTO MÁS ALOCADO

CALIFICACIÓN: NOTABLE.- 7

Hasta el 21 de junio, en la Sala Grande del Valle Inclán se puede ver ‘Las últimas’, uno de los montajes más originales y delirantes de la cartelera madrileña. Un espectáculo creado por Cross Border, con texto y dirección de Lucía Miranda, autora de ‘Casa’ o ‘Fiesta, fiesta, fiesta’, entre otras obras que abordan el teatro social, documental y comunitario. 

En ‘Las últimas’, que se estrenaba el pasado 12 de mayo, Miranda firma -en sus propias palabras- su obra más personal y también la que más investigación le ha requerido, con más de 40 personas entrevistadas. Se trata de una pieza que aborda la historia en común entre Filipinas y España y que mezcla el teatro documental y la especulación ficticia más disparatada. 

A lo largo de casi dos horas, el montaje va alternando testimonios reales -fruto del trabajo de investigación- con otros episodios significativos de la historia entre ambos países en clave de humor y con mucha música. Por ejemplo, el encuentro de Imelda Marcos y Carmen Polo en un cocktail en el Pardo, la aventura de Sor Jerónima de la Asunción y sus monjas embarcando en un galeón rumbo a Filipinas y fundando el primer convento femenino en Oriente Medio, una estatua de los últimos de Filipinas que se inaugura en 2020 por el alcalde José Luis Martínez-Almeida, la Exposición General de Filipinas en 1887 donde se inauguró el Palacio de Cristal en el Retiro -con un poblado indígena incluido- o la llegada de Magallanes en modo conquistador y su enfrentamiento a las diferentes tribus que termina provocando su muerte a manos de Lapu Lapu.

Pero en el texto también hay un componente emocional y es que, tres días antes de coger el vuelo a Filipinas para hacer su investigación, la madre de Lucía Miranda le confesaba que tenía cáncer. En ese momento, nada parecía tener sentido: «A mí ahora el colonialismo me da igual, a mí ahora lo que me importa es mi madre”. Pero curiosamente, al día siguiente le llevaron a Lucía la novela de José Rizal ‘Noli me tangere’, base de la independencia de Filipinas de España. El libro relata una apasionada historia de amor con el telón de fondo político de la represión, la tortura y el asesinato. Fue la primera gran manifestación artística de la resistencia asiática al colonialismo europeo y convirtió a Rizal, fusilado, en guía de la revolución filipina. Fue entonces, en el prólogo de ese libro, cuando Lucía encontraba el sentido a la obra que iba a empezar: el cáncer y la madre patria, la Matria. Un personaje que cobra especial protagonismo en ‘Las últimas’ -encarnado por Belén Ponce de León-. Y es que según afirma Miranda: «En Filipinas la naturaleza lucha por salir entre el asfalto como las células cancerígenas de mi madre por reproducirse».

Uno de los aciertos de ‘Las últimas’ es, sin duda, el humor con el que está salpicado todo el montaje. Un humor alocado, delirante y burlesco. Es de lo más gratificante ver reírse a carcajadas a todo tipo de público que llenaba la Sala Grande del Valle Inclán, desde señoras mayores del barrio de Salamanca, hasta jóvenes más alternativos de Lavapiés, pasando por algunos universitarios que estaban detrás de nosotros -y que se lo pasaron en grande- y algunos espectadores filipinos de distintas edades que también estaban en la sala. Bajo nuestro punto de vista, abordar la historia a través del humor siempre es un acierto.

 

Sin embargo, al ver ‘Las últimas’ es inevitable no acordarse de la trilogía de teatro documental más destacada de los últimos años formada por ‘Shock 1, El Cóndor y el Puma’,  ‘Shock 2, La Tormenta y la Guerra’ y ‘1936’, todas ellas con Andrés Lima a la cabeza. Comparándola con estas obras -y reconociendo siempre que las comparaciones son odiosas-, podemos decir que ‘Las últimas’ flojea en la consistencia del montaje en su conjunto. Es cierto que es muy entretenido, tremendamente divertido, que tiene muy buen ritmo y que hay sketches delirantes, etc… Pero se echa en falta la cohesión y la solidez de las tres obras de Lima. En ‘Las últimas’ se van sucediendo las historias, a cual más disparatada y divertida, con la trama de la Matria como eje vertebrador, pero tienes la sensación de que nunca se alcanza el clímax, de que falta algo para que sea un montaje redondo. Y es que durante casi toda la obra, la parte de investigación más seria queda en un segundo plano opacada por los sketches cómicos. Echamos en falta mayor profundidad en determinados temas transcendentales que le habrían dado un mayor peso al montaje.  

Al igual que en la trilogía de Lima, la acción de ‘Las últimas’ tiene lugar en el tapiz de la Sala Grande del Valle Inclán, con el público situado a los cuatro lados y dos pantallas gigantes en los laterales donde se van proyectando algunas imágenes y subtítulos. La puesta en escena diseñada por Miranda es muy dinámica con continúas entradas y salidas de los personajes. A ello favorece la escenografía creada por Alessio Meloni y el trabajo coreográfico de Chris Angelous Manalo -que es también uno de los actores-. Sin olvidarnos del maravilloso diseño de vestuario de Anna Tusell -uno de los puntos fuertes de la obra-, la iluminación de Pedro Yagüe y el sonido de Eduardo Ruiz «Chini».

En un montaje de estas características, hay que destacar la música compuesta por Nacho Bilbao, que juega un papel fundamental, y la dirección musical del propio Bilbao junto a Laurence Aliganga, -otro de los actores de la obra- quien también toca el piano en escena. Por último, hay que mencionar la importante labor de Johny Dean en el apartado de caracterización, otro elemento fundamental del montaje dados los muchísimos personajes que aparecen. 

Una de las cosas que más nos ha gustado de ‘Las últimas’ es su variopinto reparto, compuesto por actores españoles y filipinos, o de origen filipino. Un elenco encabezado por Belén Ponce de León, espléndida dando vida a la ‘Matria’. Ella, al igual que sus compañeros, también se mete en la piel de otros muchos personajes a lo largo de la función. Mención especial merecen su entrañable interpretación de Quetita y la graciosísima de Sor Jerónima de la Asunción. Nos han encantando: Alexandra Masangkay (una artista española nacida en Barcelona, de origen filipino. Increíble cómo canta, cómo llena el escenario y su magnética presencia escénica) y Julia Enríquez (artista y dramaturga filipina, una institución en su país que ha sido galardonada con varios premios y conocida por su teatro de compromiso social. Tiene una gran presencia escénica, mucho aplomo sobre el escenario y una enorme versatilidad; es creíble en cualquier registro, desde los más cómicos a los más dramáticos). 

Completan el reparto: Juan Paños Larrauri, -impecable en todos y cada uno de los roles que desempeña-, del que desconocíamos sus antepasados filipinos; Belén de Santiago, divertidísima dando vida al alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida o a Carmen Polo de Franco -entre otros muchos personajes-; Laurence Aliganga (pianista y director musical del montaje) y Chris Angelous Manalo (bailarín y coreógrafo nacido en España y de origen filipino). Y, por supuesto, no nos podemos olvidar de la Tuna Universitaria de la Complutense, cuyos integrantes llenan el escenario de alegría, buen rollo y canciones inolvidables como ‘Clavelitos’. 

 

Lo mejor:

El poder acercarse al pueblo filipino y a su historia en común con España, el humor loco y disparatado con el que está salpicado todo el montaje y el magnífico casting de actores. Un placer verlos a todos sobre el escenario. 

Lo que se podría mejorar:

Al montaje le falta cierta consistencia y solidez ya que la parte de investigación queda opacada por la sucesión de sketches delirantes. Aún así, hay que aplaudir el riesgo y el tono burlesco que despide la obra de principio a fin. 

Aldo Ruiz

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