‘LA NORIA INVISIBLE’: JOSÉ TRONCOSO REALIZA UN FASCINANTE RETRATO MUSICAL DE LA ADOLESCENCIA CON BELÉN PONCE DE LEÓN Y OLGA RODRÍGUEZ DE ESPLÉNDIDAS PROTAGONISTAS

CALIFICACIÓN.- EXCELENTE: 8

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Tras su explosión en el mundo del teatro, en 2015, con esa obra maestra llamada ‘Las Princesas del Pacífico’, cada nuevo trabajo de José Troncoso es esperado con enorme expectación. Este 2022 está siendo especialmente prolífico para el dramaturgo y director gaditano, que ha estrenado ‘Los despiertos’ en el Teatro del Barrio y ‘Manolita Chen: un cuento chino’ en el Circo Price. Ahora en septiembre, ha llegado el turno de ‘La noria invisible’, que se representa -con gran éxito- en la sala Margaritu Xirgu del Teatro Español hasta el 9 de octubre. 

En ‘La noria invisible’, Troncoso pone el foco en la adolescencia y retrata la vida de Juana y Raquel, dos quinceañeras que sufren acoso escolar. A la primera le llaman ‘la gafas’ porque es muy empollona y le gusta escribir poesía. La segunda, que le han puesto de mote ‘la tetas’, es nueva en el instituto y se siente sola y desplazada. Tras un comienzo un poco abrupto entre ambas, las dos jóvenes terminarán siendo grandes amigas y vivirán los sentimientos en su máxima expresión: el amor, los celos, la amistad… Como suele ocurrir en todas las obras de Troncoso, ambos personajes generan una gran empatía con el espectador por todo lo que les ocurre.  Además, si a un quinceañero generalmente la vida suele parecerle insoportablemente injusta, en el caso de Juana y Raquel la vida realmente lo es con ellas porque son dos adolescentes que han sufrido mucho. 

‘La noria invisible’ contiene todo lo mejor del teatro de Troncoso: el humor reiterativo (geniales los ‘pues eso’ de toda la primera parte), la sensibilidad, la poesía, el extraordinario talento para la comedia dramática, la originalidad, el uso de las elipsis, la creatividad, la fantasía, la magnífica elección de las músicas… Y, como en todas sus obras, el dramaturgo gaditano aborda la realidad (en este caso, el bullying, el acoso escolar, la adolescencia) combinando la comedia y el drama, y deleitándonos con su personalísimo estilo que tanto llega al público

Troncoso también ejecuta un brillante trabajo en la dirección y puesta en escena. De hecho, el montaje contiene momentos mágicos. Por ejemplo, la escena en la que Juana y Raquel se montan en la noria del parque de atracciones es una delicatessen en todos los sentidos. La elegancia, la sutileza y la poesía de ese momento, combinadas con el maravilloso trabajo de las dos actrices, dan como resultado una auténtica maravilla. Quizás, el único pero que le podemos poner a la dirección reside en la escena del sueño de Raquel donde aparece un monstruo cuya estética nada tiene que ver con el resto del montaje (la caracterización resulta demasiado infantil y a nivel visual no concuerda con la línea elegante de la obra en su conjunto). Bien es cierto que la escena está resuelta de forma tremendamente bonita, (no ahondamos para no hacer más spoilers).

En la puesta en escena ideada por Troncoso hay que resaltar el diseño de luces de Leticia L. Karamazana y la escenografía, que ha contado con Alessio Meloni como asesor. Y, por supuesto, destacar la música original de Mariano Marín que ha vuelto a dar en el clavo con esta banda sonora que se ajusta como un guante a la historia y sus dos personajes: las canciones son muy divertidas y acertadísimas. No nos podemos olvidar tampoco del trabajo de movimiento y las coreografías, obra de Luis Santamaría.

Hemos dejado para el final la espléndida actuación de las dos actrices protagonistas: Belén Ponce de León y Olga Rodríguez. La primera, a la que estamos acostumbrados a ver en (casi) todos los montajes de Troncoso, realiza en ‘La noria invisible’ un trabajo fabuloso. Dando vida a Juana, Belén hace una composición hermosísima llena de gracia, verdad, sensibilidad y un punto de fantasía porque «su vida es videoclip». La escena en la que llega a la zapatería de su padre, por primera vez, y le enseña el almacén a su amiga Raquel es oro puro y una buena muestra de ese toque ‘fantástico’ que le ha inyectado Troncoso a su ‘noria invisible’. 

Si la actuación de Belén está cargada de verborrea y gracia, la de Olga Rodríguez está protagonizada por el silencio (aunque sea también muy graciosa). En toda la primera parte, la actriz da una lección de interpretación gestual. Su mirada y sus ojos son capaces de mostrar, de forma absolutamente genial, todo aquello que no puede decir con las palabras. Al llegar al instituto y ser la nueva, está poseída por el miedo, el temor al rechazo, el dolor… Olga Rodríguez nos brinda una extraordinaria actuación en la piel de Raquel. La evolución de su personaje -y cómo lo plasma a lo largo de los 75 minutos- es un gran reto para cualquier actriz y ella lo supera con un sobresaliente.

Además, la química y la complicidad que tienen las dos actrices sobre el escenario es increíble desde la primera escena en el instituto hasta el potente desenlace en la zapatería. Olga Rodríguez y Belén Ponce de León se suben a ‘La noria invisible’ de Troncoso y nos regalan un viaje fascinante lleno de humor, dolor y realidad. 

Aldo Ruiz

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