CALIFICACIÓN: BIEN.- 6
La temporada de los Teatros del Canal ha arrancado con la adaptación de ‘Los locos de Valencia’, de Lope de Vega. Hasta el 20 de septiembre, en la Sala Verde se puede disfrutar de un montaje de lo más entretenido, dirigido con solvencia por Pepa Pedroche y que parte de la versión de José Luis Alonso de Santos, quien convierte la pieza en una comedia musical.
‘Los locos de Valencia’ es una obra que pertenece a la primera etapa del genial dramaturgo. Es decir: no estamos ante el Lope plenamente maduro, estamos ante un joven en plena formación, experimentando con los mecanismos que acabarán caracterizando su teatro. La obra se sitúa precisamente en un momento en que Lope está descubriendo una fórmula dramática nueva: mezclar amor, enredo, humor, personajes de diferentes niveles sociales, equívocos, disfraces y una acción muy dinámica, buscando ante todo mantener la atención del público.
La acción arranca cuando Floriano (Daniel Muriel) huye a Valencia a casa de su amigo el conde Valerio tras creer que ha matado al príncipe Reinero, en una reyerta por cuestión de amoríos. Valerio (Jacobo Dicenta) le aconseja que finja estar demente e ingrese en un hospital para locos que hay en la ciudad, para evitar la justicia. Allí se encontrará con Elvira (Florencia Otero), de la que se enamorará perdidamente, ingresada en la institución ya que se escapó de su casa con uno de sus criados, que después la traicionó, robó y abandonó, y acabó metida en ese hospital creyendo que estaba loca.
En el hospital hay recluidos una serie de personajes, por enfermedades del amor, y a partir de la llegada de Floriano surgen una serie de tramas e historias entrelazadas en donde no se acaba de distinguir qué es locura y qué realidad, ya que el amor se cruza en el camino de todos. El doctor Cabezas (Arturo Querejeta), personaje peculiar y un tanto mágico, regulará las relaciones y tratará de sanar las enfermedades amorosas, aunque nunca podrá remediar su grave problema: el desamor. Al final llega el príncipe Reinero, que no había muerto realmente, y solucionará todos los conflictos. El amor acabará por imponerse en un loco mundo donde el amor es su martirio inevitable, pero también su principal razón de existir.
A tenor del argumento y siendo, además, grandes entusiastas de las comedias de Lope de Vega, la propuesta de Pepa Pedroche nos ha generado sentimientos un tanto encontrados. Es cierto que la función resulta muy entretenida y ofrece momentos especialmente divertidos, y no cabe duda de que consigue conectar con el público. De hecho, la respuesta de los espectadores el día que asistimos nosotros fue bastante entusiasta, como se puede comprobar en el vídeo de abajo. Sin embargo, en nuestro caso, hay determinados aspectos del montaje que nos impidieron disfrutarla plenamente. Y es precisamente ahí donde queremos detenernos.
Al apostar por la adaptación de José Luis Alonso de Santos en clave de comedia musical, parece necesario contar con un reparto que responda con solvencia a las exigencias del canto y el baile. Y es precisamente ahí donde encontramos una de las principales debilidades de la propuesta. El elenco es muy variopinto y, aunque cada intérprete se desenvuelva bien en el terreno actoral, no todos cuentan con las mismas cualidades vocales ni con las mismas aptitudes para el baile. Esto se hace especialmente evidente en los números musicales, que pueden resultar simpáticos y provocar la sonrisa, pero que transmiten cierta sensación de falta de cohesión. En las escenas de baile, cada intérprete parece moverse con un lenguaje propio, sin que llegue a percibirse una verdadera unidad de conjunto.

Ante esta circunstancia, cabe preguntarse si la elección de un reparto tan heterogéneo es la más adecuada para una propuesta planteada como comedia musical. Quizás habría sido necesario apostar por un elenco con mayores recursos en estas disciplinas o, en su defecto, plantear la adaptación desde otro lugar. A ello se suma que las letras de las canciones resultan, en general, demasiado banales y poco incisivas. En una obra de estas características se echa en falta un mayor sentido crítico, cierta ironía o incluso algo más de acidez, así como unos textos de los números musicales que dialogasen de manera más directa con los temas y conflictos que plantea la propia obra de Lope de Vega. Como apunte, señalar que las letras de las canciones de esta versión las ha confeccionado Alonso de Santos usando textos de otras obras de Lope.
El elenco está encabezado por Daniel Muriel y Florencia Otero, encargados de dar vida a la pareja protagonista. Muriel, como Floriano, se muestra convincente, recitando el verso con soltura y, además, sorprendiendo con su vis cómica, una faceta a la que no nos tiene acostumbrados. Por su parte, Otero -en la piel de Elvira- necesita algo más de tiempo para acomodarse al verso. De hecho, en sus primeras intervenciones, su acento argentino provoca ciertas fricciones en la dicción y hace que la palabra no termine de fluir con la naturalidad deseada. A medida que avanza la función, va ganando consistencia y finalmente logra crear un buen tándem con Muriel, capaz de sostener el juego sobre el que se articula la propuesta.
Junto a ellos, Arturo Querejeta -especialmente acertado como el doctor Cabezas, siendo de los que mejor recitan el verso-; Jacobo Dicenta -que interpreta al conde Valerio-; Carlos Manrique Sastre -que se mete en la piel del príncipe Reinero- y Lucila Gandolfo, quien encarna a la directora Gerarda, uno de los personajes que más brilla en el apartado musical pero que, sin embargo, en el terreno estrictamente interpretativo, podría haberse trabajado con algo más de profundidad.
Dentro de un elenco de perfiles tan diversos, hay cuatro actores que, a nuestro juicio, destacan por su comicidad y por el modo en que consiguen integrarse en el conjunto de la obra. Xavi Caudevilla, como Tomás, y Guillermo Calero, en la piel de Martín, protagonizan algunos de los momentos más ingeniosos de la función, especialmente en esas particulares disquisiciones sobre Platón y Aristóteles. Mención especial merecen también Antonia Paso y Ángeles Martín, dos actrices que nos encantan desde hace muchos años, y que están geniales como Fedra y Laida, respectivamente. Ambas comparten con Daniel Muriel una de las escenas más divertidas de la función y derrochan comicidad, gracia y un evidente disfrute sobre el escenario.
Más allá del reparto actoral, completan el elenco Alberto Vela y Beatriz Fernández, dos figuras que adquieren un peso específico en la vertiente musical de la propuesta. Vela, responsable además del diseño de sonido, da vida a Cupido y acompaña la función a la guitarra, incorporando el instrumento a la propia acción escénica. Beatriz, que formó parte de Operación Triunfo en 2023, interpreta a Euterpe y asume buena parte del peso musical del montaje, con una presencia ligada fundamentalmente al piano y a las canciones. Es precisamente en este ámbito donde ofrece su mejor versión, con unas cualidades vocales sobresalientes que la convierten en la voz más destacada del elenco y en uno de los principales atractivos del montaje.
Respecto a la dirección escénica, Pepa Pedroche se ha rodeado de un equipo de grandes profesionales, como Juan Gómez-Cornejo y Ion Aníbal en el diseño de luces -que firman un notable trabajo que contribuye a crear la atmósfera de la propuesta-, y Alessio Meloni, artífice de la escenografía. Su diseño recrea una suerte de jardín perteneciente al sanatorio en el que se encuentran recluidos los personajes, con un cierto aire romántico que encaja bien con el tono de la función. Aunque personalmente no nos parezca uno de sus trabajos más brillantes, su propuesta resulta -como es habitual en él- eficaz y acertada.
En definitiva, ‘Los locos de Valencia’ es una propuesta desenfadada, que consigue conectar con el público en su mayoría. Sus aproximadamente cien minutos se pasan de manera amena y ofrecen algunos momentos realmente divertidos, por lo que resulta una opción perfecta para quienes busquen pasar un buen rato en el teatro. Sin embargo, echamos en falta una mayor solidez en el apartado musical y una conexión más profunda entre las canciones, la interpretación y el espíritu de la obra original. Un montaje que entretiene, sí, pero que, en nuestra opinión, se queda a medio camino de lo que podría haber llegado a ser.
Y es precisamente en este punto donde, aunque las comparaciones sean odiosas, resulta inevitable volver la mirada a la versión de ‘La dama boba’ de Lope de Vega, dirigida por Josep Maria Mestres, que pudimos ver el pasado mes de junio en esta misma sala. A nuestro juicio, aquel montaje sí alcanzaba un mayor grado de equilibrio y lograba integrar con mayor naturalidad la propuesta escénica con el texto y el universo del dramaturgo.
Lo mejor:
Las actuaciones de Antonia Paso y Ángeles Martín, que derrochan gracia y vis cómica. Cada vez que aparecen en el escenario se llevan al público de calle.
Lo que se podría mejorar:
Es una cuestión de gustos, pero a nosotros esta versión musical de José Luis Alonso de Santos no nos termina de convencer. En el caso de hacer una comedia musical, habría apostado por otro reparto más acorde con la propuesta.
Aldo Ruiz
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