‘POR MIS MUERTOS’: DIVERTIDÍSIMA COMEDIA, BRILLANTEMENTE EJECUTADA, LLENA DE ENREDOS, VODEVIL Y MUCHOS ESPÍRITUS

CALIFICACIÓN: NOTABLE.- 7’5

Se acaba de estrenar en el Teatro Lara la que promete ser una de las comedias del verano y de los próximos meses, ‘Por mis muertos’. Una obra del dramaturgo gaditano José Warletta, autor -entre otros éxitos- de ‘Santas y Perversas’, ‘Última Planta’ o ‘Los Tacones de Papá’, montajes que también se pueden ver en el Lara y que han dado el salto internacional, estrenándose en más de siete países. 

En su último trabajo, Warletta utiliza su humor freso e irreverente para confeccionar una comedia sobre el mundo de los espíritus. Siempre se ha dicho que en el Teatro Lara hay fantasmas, pues ha llegado el momento de convertirlos en protagonistas. La acción transcurre en un elegante salón de los años 20. Allí, una disparatada e histriónica vidente con acento francés -encarnada por un genial Miguel de Miguel- convoca a cuatro personas para celebrar una sesión de espiritismo por orden expresa del más allá. Lo que promete ser una velada sobrenatural, rápidamente se convierte en una noche de enredos, secretos, sustos y muchas risas. Un auténtico vodevil que inunda de carcajadas el patio de butacas del Lara.

Esas cuatro personas que acuden a la desternillante sesión de espiritismo son: Muselina Sincler (Cristina Irala), una prometedora actriz estadounidense del mundo de la lírica y del teatro; una marquesa viuda que acaba de perder a su marido y que esconde grandes secretos (Eva Rodríguez); el Sr. Norton (David Tortosa), reconocido periodista del London Journal, especializado en desmantelar todo lo relacionado con las ciencias ocultas, y Andrew (Julio Bellido), el mayordomo de la marquesa, bastante alocado y siempre al borde de un ataque de nervios. Los cuatro se ven enredados en la artimañas de Madame Jacim de Lacroix, una médium de lo más polifacética que lo mismo te lee las cartas que te realiza una manicura de fantasía.

José Warletta vuelve a demostrar, una vez más, que domina a la perfección el arte de la comedia y todos sus mecanismos. ‘Por mis muertos’ es una pieza con un ritmo vertiginoso, repleta de humor ácido y situaciones propias del vodevil, con gags muy graciosos y constantes giros de guion que mantienen siempre viva la sorpresa. A lo largo de poco más de hora y media de duración, la función está construida como un mecanismo teatral de precisión, capaz de mantener al espectador completamente atrapado de principio a fin. Entre risas y carcajadas, la obra introduce además elementos de suspense, intriga y surrealismo que enriquecen aún más la propuesta. 

Como contrapunto, podríamos decir que Warletta recurre a numerosos tópicos y clichés propios del género. Ahí están figuras tan reconocibles como la vidente farsante que se reencarna en otros personajes, la joven ingenua y sensual que aspira a ser actriz, el mayordomo gracioso y alocado, el gentleman inglés, atractivo y tímido al mismo tiempo, o determinadas situaciones que al espectador le sonarán o habrá visto en otras comedias. Sin embargo, la gran virtud del dramaturgo gaditano reside precisamente en su capacidad para apropiarse de esos elementos tan familiares y hacerlos funcionar a su favor. Lejos de resultar repetitivos o gastados, los integra con habilidad en una maquinaria cómica perfectamente engrasada, dotándolos de una personalidad propia. Warletta demuestra que no siempre es necesario reinventar los códigos de la comedia; a veces basta con conocerlos a fondo y ejecutarlos con precisión para conseguir que sigan siendo eficaces y tremendamente divertidos.

Más allá de su labor como dramaturgo, el gaditano realiza también un notable trabajo en la dirección y la puesta en escena. Para ello se apoya en la cuidada y colorida escenografía de Asier Sancho Senosiain, que recrea un distinguido salón de los años veinte. La utilización del espacio, junto con una acertada gama cromática, contribuyen a crear una atmósfera envolvente que seduce al público desde que se alza el telón. A este apartado visual se suma el magnífico trabajo de Juanjo Llorens en el diseño de iluminación, fundamental para marcar los cambios de tono y reforzar tanto los momentos cómicos como los más cercanos al suspense. También merece una mención especial el diseño de sonido de Inma Warletta, que adquiere un gran protagonismo a lo largo de la función gracias a una amplia variedad de efectos sonoros. Por último, hay que destacar el acertadísimo vestuario diseñado por el propio Warletta junto a Miguel de Miguel.

Uno de los grandes aciertos del montaje reside en su reparto. En una comedia de estas características, donde el dominio de los códigos humorísticos es crucial, el elenco demuestra una excelente vis cómica y una perfecta sintonía con la propuesta planteada por WarlettaSobresale especialmente Miguel de Miguel, que borda el personaje de Madame Jacim de Lacroix. Su composición de la medium es sencillamente brillante, divertida, desbordante de energía y dotada de un histrionismo hiperbólico que encaja perfectamente con el tono de la función. De Miguel exhibe un don innato para la comedia, sabiendo improvisar en todo momento y es, sin ninguna duda, el pilar en el que se sustenta toda la función.

 

Junto a él destaca Cristina Irala, estupenda en la piel de esa actriz tan ingenua como sensual, una figura que evoca a las grandes rubias ‘tontas’ del cine clásico (aunque ella sea morena). Sus constantes meteduras de pata, especialmente en cuestiones culturales y geográficas, así como sus recurrentes ataques de narcolepsia, generan algunos de los momentos más hilarantes de la función.  También resulta sobresaliente el trabajo de Julio Pulido como Andrew, uno de los personajes más graciosos de la obra. Pulido exhibe su extraordinario talento para la comedia, componiendo un personaje de lo más disparatado que alcanza su climax cuando entra en esos delirios en los que parece convencido de estar protagonizando un musical.

Por su parte, David Tortosa interpreta con gran solvencia al señor Norton, un personaje inicialmente más contenido y racional que acude a la sesión espiritista dispuesto a desenmascarar cualquier fraude. Sin embargo, a medida que avanza la trama, su evolución resulta especialmente interesante y acaba convirtiéndose en una de las sorpresas más agradables del espectáculo. Completa el reparto Eva Rodríguez, encargada de dar vida a la marquesa viuda, un personaje lleno de secretos. Aunque al principio se siente como pez fuera del agua en aquella reunión de bichos raros, pronto se dará cuenta de que va a desempeñar un papel fundamental en el desarrollo de la historia. Rodríguez realiza una actuación sólida y muy versatil. Por una lado tiene que exhibir la seriedad y la clase de una marquesa pero, por otro lado, no puede evitar que se le escapen grandes golpes de humor, sobre todo con su mayordomo. En este papel, Rodríguez se alterna habitualmente con Goizalde Núñez. 

En definitiva, el resultado es un elenco perfectamente ensamblado, en el que cada intérprete encuentra su sitio y contribuye a que la maquinaria cómica diseñada por Warletta funcione con la precisión y eficacia que exige una comedia de estas características.

Lo mejor:

El talento de Warletta para la comedia y el dominio que tiene para que todo funcione con el mecanimo de un reloj. Y también el maravilloso elenco, bien empastado, y brillantemente dirigido por su director. 

Lo que se podría mejorar:

La utilización de algunos tópicos y chichés, muy habituales en el género de la comedia, que -aunque muy manidos-, en las manos de Warletta les saca el máximo rendimiento. 

Aldo Ruiz

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