CALIFICACIÓN.- SOBRESALIENTE: 9
Lo han vuelto a hacer. El tándem artístico formado por Sergio Peris-Mencheta y Juan Diego Botto nos vuelve a tocar la fibra con un espectáculo lleno de realidad, emoción y humanidad, y dotado de esa magia que solo ellos son capaces de crear en una sala de teatro cada vez que unen su inmenso talento. Tras sus éxitos en 2014 con ‘Un trozo invisible de este mundo’ (Matadero) y en 2021 con ‘Una noche sin luna’ (Teatro Español), Peris-Mencheta y Botto regresan con una conmovedora pieza que cuenta la experiencia personal como migrante de Ahmed Younoussi, un joven marroquí que cruzó el estrecho con nueve años con la esperanza de encontrar una vida mejor en Europa.
Botto, Peris-Mencheta y el propio Younoussi han creado la potente dramaturgia a partir de la historia de este último, narrada en primera persona. Desde un punto de vista realista, pero también poético, los tres plasman el viaje que separa dos mundos que viven a tan solo 14,4 kilómetros de distancia. De ahí, el titulo de la función.
La obra relata la vida de Ahmed, un niño que escapa del maltrato familiar para habitar las calles de Tánger. En ellas llegarán sueños, desventuras y una obsesión que lo recorre todo: cruzar a España. Una España que es vista como el paraíso en la tierra, la Ítaca con la que sueña todo viajero. Con nueve años, Ahmed consigue cruzar a la península escondido en los bajos de un camión. Y aquí, en la tierra prometida, llegará otra odisea que se aleja de lo soñado, pero que no está exenta de sentido del humor, aventuras, redes de solidaridad y finales inesperados.
El origen de ‘14,4’ se sitúa en 2009, durante el rodaje del cortometraje ‘Metrópolis Ferry’, que cuenta la historia de tres hermanos que, volviendo de Marruecos, tienen un incidente en el puerto de Algeciras al descubrir el maltrato por parte de las autoridades portuarias a un chico marroquí que viajaba escondido en los bajos de un camión. El primer día de rodaje, el actor que debía interpretar al chico marroquí no apareció en el set y terminó interpretando el papel el chaval en quien estaba inspirada parte de la historia, Younoussi. Ahmed, que entonces tenía 17 años, había ido al set acompañado de su tutor legal, Borja, para asesorar al actor que no se presentó.
Después de escuchar su historia, Perís-Mencheta ayuda a Younoussi y le busca una beca en la escuela de interpretación de Cristina Rota. Pero además, le promete a Ahmed que algún día él mismo se subirá a un escenario a compartirla con el público. 15 años después, el proyecto se ha hecho realidad y el circulo se ha cerrado, ¡y de qué manera tan especial! Del 27 de junio al 28 de julio, Ahmed Younoussi relata su historia en la Sala Max Aub del Matadero en una conmovedora pieza en la que termina con los ojos inundados en lágrimas. Un montaje que está cosechando un gran éxito de crítica y público, colgando el cartel de ‘sold out’ durante todos los días de representación.
Ahmed Younoussi realiza una actuación repleta de naturalidad, frescura y magnetismo. Nadie mejor que él para relatar su cruda (y esperanzadora) historia. Las limitaciones técnicas que pueda tener y el abuso de ciertas coletillas las suple con carisma, talento y mucha verdad. El actor, de 34 años y padre de un hijo, -que actualmente alterna la interpretación con su trabajo de transportista, como él mismo desvela durante la obra-, es pura verdad. En él, no hay trampa ni cartón. De ahí, que se meta al público en el bolsillo desde su primera y sorprendente aparición.

Younoussi destila humanidad por los cuatro costados y sabe transmitir con esa mirada cristalina que dios le dio al nacer y que es oro puro para un actor. Su narración sobrecoge, especialmente en las partes habladas en su idioma original. Es muy emocionante su relato, salpicado de simpatía y humor, no recreándose en el drama, que era el recurso fácil tratándose de una historia de este tipo. Sus lágrimas al final de la función y sus gestos de agradecimiento a todos los espectadores que han escuchado atentamente su historia durante una hora y cuarenta y cinco minutos nos conmueven.
En cuanto a la puesta en escena, Peris-Mencheta vuelve a hacer gala de su maestría en este apartado. Dirigir ‘14,4’ ha sido un bálsamo para él, precisamente en uno de los momentos más difíciles de su vida, mientras luchaba contra la leucemia. Salvando el comienzo, -en el que pensamos que abusa un tanto de la diapositivas-, el artista nos brinda una puesta escena sencilla, elegante y brillante al mismo tiempo. Al igual que hiciera en ‘Una noche sin luna’, Peris-Mencheta se sirve de una estructura simple y funcional, en la que, -como si fuera un mago-, se va sacando elementos de la chistera.
Destacar el diseño del espacio escénico confeccionado por Alessio Meloni -otro mago, en este caso de la escenografía-, el precioso diseño de luces de Javier Alegría, las videoescenas de Ezequiel Romero -que juegan un papel crucial en el montaje-, la espléndida música original de Joan Miquel Pére, el vestuario de Elda Noriega y el diseño artístico de Eva Ramón. Con Peris-Mencheta al frente, todos los elementos del montaje están perfectamente encajados y cobran significados.
En definitiva, ‘14,4’ es una de las grandes obras de este 2024. Un montaje con alma y con todas las señas de identidad de dos de los grandes talentos de nuestra escena, Juan Diego Botto y Peris-Mencheta. Ahmed Younoussi narra su propia historia con emoción y mucha verdad. Una historia que, esperemos, regrese muy pronto a la cartelera madrileña.
Aldo Ruiz
- Crítica ‘Una noche sin luna’ de El Teatrero
- Crítica ‘Un trozo invisible de este mundo’ de El Teatrero
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