‘EL PRINCIPIO DE ARQUÍMEDES’: UNA PIEZA MAGISTRAL CON TINTES DE THRILLER PSICOLÓGICO QUE TE ATRAPA DE PRINCIPIO A FIN Y QUE INVITA A UNA PROFUNDA REFLEXIÓN

CALIFICACIÓN.- SOBRESALIENTE: 8’5

‘El principio de Arquímedes’ es uno de esos montajes imprescindibles que ningún buen aficionado al teatro debería perderse. Diez años después de su estreno, regresa a los escenarios esta extraordinaria obra escrita y dirigida por Josep María Miró que, en 2011, recibía el Premio Born de teatro, uno de los más prestigiosos del país. Ana Belén Beas, Guillermo López, Alejandro Tous y un magnífico Pablo Béjar protagonizan esta nueva adaptación que se representa viernes y sábados de junio y julio en los Teatros Luchana. 

El 3 de julio de 2012, ‘El principio de Arquímedes’ se estrenaba en la Sala Beckett de Barcelona. Fue tal su éxito que ese mismo año, Josep María Miró fue finalista al Premio Max al Mejor Texto Teatral y el año anterior ganaba el Premio Born de Teatro. Desde entonces, el texto se ha traducido a más de veinte idiomas y se ha representado en más de cincuenta países: desde San Petersburgo a Puerto Rico pasando por Buenos Aires y México DF hasta llegar a Londres. En Madrid, se estrenaba con enorme éxito en el Teatro de La Abadía en octubre de 2014.

Una década después de su estreno, ‘El principio de Arquímedes’ regresa a los escenarios madrileños –primero en el Teatro Quique San Francisco y ahora en los Luchana-. El magnífico texto de Josep María Miró está más vigente que nunca, como así lo confiesa el propio autor: «La intuición que planteaba hace diez años la obra es hoy en día una realidad. Quince años antes de escribirla, no hubiera tenido sentido; en 2011 empezaba a tenerlo, y ahora la veo cada vez más actual, está absolutamente vigente. Es algo increíble y aterrador. Vivimos en un mundo en el que los límites entre la seguridad y la confianza, por un lado, y el miedo y el prejuicio por otro están menos claros, y esto es aterrador; es muy preocupante que esta sociedad sea incapaz de distinguir un gesto de ternura de un gesto peligroso».

La historia de ‘El principio de Arquímedes’ está ambientada en una piscina que bien podría ser la de cualquier ciudad. Ha llegado el día en que el grupo infantil de natación (Los caballitos de mar) empieza a nadar sin burbuja. Este momento crucial para los más pequeños de la piscina es el desencadenante de la trama diseñada de forma genial por Miró. Anna, la directora del Club del natación, pide explicaciones a Javi, el entrenador de los Caballitos (magnífico Pablo Béjar), después que algunos padres se quejaran de su comportamiento con uno de los niños que tenía miedo al lanzarse al agua sin burbuja. Para tranquilizar al pequeño, Javi le daba un abrazo y un beso. Un gesto aparentemente inocente y lleno de ternura, que se convertirá en sumamente ‘peligroso’ cuando los padres pasan a verlo con inquietud y preocupación. Es entonces cuando salen a la superficie las sospechas, las dudas y los temores. ‘El principio de Arquímedes’ es una obra que invita a una profunda reflexión y que abre decenas de interrogantes sobre los miedos contemporáneos, las relaciones humanas, los prejuicios y la confianza.

Sin duda alguna, estamos ante un texto magistral, que cuenta con una potentísima estructura narrativa y que funciona como el mecanismo de un reloj. Desde el arranque y, a lo largo de los ochenta minutos, la historia te atrapa por completo, manteniéndote en vilo de principio a fin. El texto no posee una estructura lineal: la historia va hacia delante y hacia atrás e, incluso, hay partes que se repiten (exactamente igual) pero desde diferentes ángulos y cambiando la perspectiva. Este es, sin duda, otro de los grandes aciertos del texto. Esas repeticiones van generando más y más tensión, al ver a los protagonistas desde otros puntos de vista. Sin lugar a dudas, Josep María Miró ha confeccionado una auténtica joya teatral con tintes de thriller psicológico y que, por supuesto, encierra una gran carga emocional, que se va traspasando a los espectadores a medida que transcurre la trama.

El propio Miró, al igual que hizo en el montaje original, también se ha encargado aquí de dirigir esta nueva adaptación y lo hace con enorme solvencia. La puesta en escena es sencilla pero muy efectista y sigue la brillantez del texto. El espacio escénico -obra de Fer Muratori- recrea el vestuario de la piscina donde hay unos bancos, un gran espejo, las taquillas de los dos monitores y el material propio de la piscina. En las transiciones -que nos encantan- con fundidos a negro y música inquietante, los distintos elementos escenográficos se van moviendo de lugar para así recrear determinadas escenas desde otros ángulos. Miró ha hecho un excelente trabajo en la puesta en escena que está sustentando en un magnífico diseño de luces y una fantástica ambientación sonora (bien es cierto que en la última escena se echa en falta una mayor potencia sonora).

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Uno de los puntos fuertes del montaje es su sólido y excelente reparto encabezado por Pablo Béjar, que brilla en la piel del protagonista; ese joven monitor de unos 20 años al que, de la noche a la mañana, sitúan en el punto de mira por un gesto aparentemente inocente pero que le puede arruinar la vida. Béjar realiza aquí una de las mejores actuaciones de su carrera consiguiendo plasmar a la perfección la increíble evolución psicológica del personaje. La alegría y la chispa que tiene Javi al principio se van convirtiendo en miedo, desconfianza e, incluso, terror. Unas emociones que el actor andaluz logra traspasar a los espectadores gracias a su gran interpretación. De hecho, a medida que se va acercando el estremecedor desenlace-, el público empatiza más y más con su personaje. 

Completan el reparto: Guillermo López, fantástico dando vida a Héctor, el otro monitor de la piscina y gran amigo de Javi, que transmite muy bien el cambio de percepción que experimenta su personaje cuando su amigo es ‘acusado’ por los padres. Ana Belén Beas encarna, de manera convincente, a la directora de la piscina, una mujer que esconde muchos secretos y sobre la que recae una enorme presión. Nos encantaría verla mostrando algún registro más diferente a lo largo de la función puesto que su interpretación, dentro de que es buena, tiende a ser un tanto lineal. Por último, Alejandro Tous, que encarna a uno de los padres de esos alumnos, nos brinda una actuación tremendamente realista y que representa de forma muy acertada esa ‘visión peligrosa’ que tienen muchos padres sobre determinadas cuestiones que atañen a sus hijos.

Aldo Ruiz

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