‘CAMA’: LA PASIÓN SE DESATA EN LOS LUCHANA CON EL BELLÍSIMO TEXTO DE PILAR G. ALMANSA Y LAS PODEROSAS ACTUACIONES DE MARÍA MORALES Y CARLOS TROYA

CALIFICACIÓN.- EXCELENTE: 8’5

Solo quedan tres oportunidades para ver “CAMA” en los Teatros Luchana; 12, 19 y 26 de enero. Estamos ante uno de los montajes más sugerentes que hemos visto en los últimos meses. Una obra desbordante de sensualidad y carnalidad y, al mismo tiempo, cargada de poesía, escrita y dirigida por Pilar G. Almansa, e interpretada, con suma brillantez, por María Morales y Carlos Troya.

Pocas veces en una sala de teatro se respira la pasión y la carnalidad de una forma tan rotunda y apabullante como en “CAMA”, mérito -por supuesto- que hay que achacar a Pilar G. Almansa, -y a su excelente labor en la dirección y en la dramaturgia del montaje-, y a María Morales y Carlos Troya que logran, desde su primera aparición, que salten las chispas y se desate el desenfreno en los Luchana. La química entre los dos dos actores es indiscutible y supone uno de los grandes aciertos de esta obra desbordante de talento y de sensualidad. 

Pero ‘CAMA’ no es solo una historia de pasión o desenfreno, ésta es una historia de amor en toda regla y en todas sus fases; desde ese primer contacto y el coqueteo tan hermoso de los inicios, pasando por la fase enamoramiento y la pasión sin límites, continuando por la convivencia hasta llegar a la ruptura y al inevitable recuerdo de lo que hubo o podía haber sido. Ya lo dice el refrán: -Donde hubo fuego siempre quedan cenizas-. Pilar G. Almansa ha confeccionado un texto potente, muy rico de léxico, tremendamente dinámico y que alcanza su clímax -nunca mejor dicho- en la escena en la que los dos protagonistas (ÉL Y ELLA) se entregan a la pasión, se desnudan completamente -en cuerpo y alma-, bailan entre las sábanas al ritmo de la preciosa coreografía diseñada por Amaya Galeote, y desprenden carnalidad raudales. De manera muy inteligente, G. Almansa ha optado por la poesía para verbalizar estas escenas tan físicas y electrizantes. Y, precisamente, la mezcla de ambos estados no puede ser más efectiva. De hecho, la escena del acto sexual y todo el preámbulo, es lo mejor del montaje -sin menospreciar el resto, por supuesto-. Está escrita, dirigida e interpretada de manera genial. Es una escena bellísima, no exenta -evidentemente- de un alto riesgo, y  que podía resultar un tanto ‘violenta’, sin embargo, G. Almansa la resuelve con muchísimo gusto y un gran estilo, ayudada, cómo no, del increíble trabajo que realizan los dos actores que se dejan llevar completamente y apuestan por la naturalidad. 

El montaje en su conjunto está magníficamente dirigido, con sencillez, con una cuidada iluminación y un acertadísimo espacio sonoro. La acción gira en torno a una gran cama blanca, no hay más elementos de escenografía. Alrededor de la cama y encima de ella, tiene lugar la historia de amor entre los dos personajes protagonistas. Allí seremos testigos de los primeros roces, de las chispas, de cómo les revolotean las mariposas en el estómago y de su desmedida atracción física, que desemboca en un pasional encuentro amoroso. María Morales está espléndida, -¿y cuándo no?- dando vida a ELLA, una mujer madura que se acaba enamorando de su joven y atractivo compañero de trabajo. La actriz brilla en todos los registros, desde el más desenfadado del principio, hasta el más dramático y doloroso de la parte final. María es un seguro para cualquier director y ‘CAMA’ no sería lo mismo sin ella. Dándole la réplica está Carlos Troya, poderoso en su cara a cara con Morales, cosa -por cierto- que no es nada fácil, pero el actor consigue estar a la altura brindándonos una destacadísima actuación que combina a la perfección la sensibilidad y la carnalidad. Sus primemos minutos, cuando está intentando conquistar a ELLA, son realmente maravillosos. (Es especialmente bonito ver a un actor tan físico como Troya -tipo Bardem- mostrando la vulnerabilidad y la ingenuidad del personaje). Lo cierto es que María y Carlos tienen una química excepcional sobre el escenario y eso se transmite al patio de butacas desde el minuto cero. Un arma letal, de la que se sirve Pilar G. Almansa inteligentemente para llevar a cabo la puesta en escena de ‘CAMA’. Si le tuviéramos que poner un solo pero al montaje, ese sería el final -que se resuelve, a nuestro juicio, de una manera muy abrupta-, bien es verdad, que cuando lo digieres, entiendes la opción elegida por G. Almansa. Quizás, un desenlace más progresivo, o una escena final más suave, hubieran puesto el colofón perfecto a este montaje fantástico y tremendamente sugerente. 

Aldo Ruiz

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