EL GRAN PEDRO CASABLANC Y SU EXCEPCIONAL VIRTUOSISMO NOS DELEITAN EN LA DELIRANTE ‘YO, FEUERBACH’

CALIFICACIÓN.- EXCELENTE: 8’4

Tras cosechar un enorme éxito la temporada pasada, ayer se reestrenaba en La Abadía ‘Yo, Feuerbach’, un texto del alemán Tankred Dorst magistralmente interpretado por Pedro Casablanch que, en la piel de un veterano y lunático actor, vuelve a darnos un auténtico recital. Hasta el 19 de noviembre se puede ver este espléndido montaje que cuenta con Antonio Simón en la dirección y con  un magnífico Samuel Viyuela González dándole la réplica -de forma brillante- al maestro Casablanc. 
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Pedro Casablanc interpreta al gran actor ‘Feuerbach’ mientras que Samuel Viyuela encarna a un ayudante de dirección.

No se puede  concebir ‘Yo, Feuerbach’ sin la figura de Pedro Casablanc. El texto de Tarkred Dorst, profundo y con muchos registros, necesita un actor de su categoría. No es nada fácil interpretar este personaje complejo y lleno de excentricidades; un veterano actor bastante perturbado que lo ha hecho todo en el mundo del teatro y que, tras siete años de parón, desea volver a los escenarios. Pero antes debe pasar la prueba de fuego con un famoso director. Un día, por tanto, acude a la sala de ensayos de este señor para hacer una audición y lo recibe su joven ayudante. El director está ocupado. La espera se hace larga y ‘Feuerbach’ pronto entabla conversación con el joven. Es entonces cuando empieza a relatarle episodios de su vida profesional y, poco a poco, con la desesperación, se le va cayendo la máscara. ¿Cuál es la verdadera razón por la que ‘Feuerbach’ lleva tantos años retirado?.

En un soberbio trabajo interpretativo, lleno de registros y matices, Pedro Casablanc se sumerge en un auténtico carrusel de emociones dando vida a este  lunático y extravagante actor que guarda muchas semejanzas con la Norma Desmond de ‘El crepúsculo de los dioses’. Primero llega a la prueba con los típicos nervios y la emoción del que ‘regresa’ al lugar del que nunca debió marcharse. Pero esta alegría e ilusión del principio pronto se irán convirtiendo en impaciencia y exaltación con el paso de los minutos, hasta que llega un momento en que, el director se sigue retrasando, y la desesperación y el desequilibrio se apoderan de él. Pero ahí no queda la cosa. El ayudante le hace una determinada pregunta a Feuerbach y se desata la tempestad.  Tras el delirio y la locura, Feuerbach acaba confesando SU VERDAD. Al final, tras hacer la prueba, la pena y la tristeza le invaden y, finalmente, la resignación.  A lo largo de noventa minutos, Casablanc hace este increíble viaje emocional en el que nos va deleitando con su poderosa interpretación, una actuación llena de virtuosismo y que, por momentos, alcanza la excelencia. Un personaje así solo lo pueden interpretar unos pocos ‘elegidos’ como es el caso de Casablanc.

A medida que transcurre la función, te vas deleitando con la actuación de este animal escénico y con la recreación que hace de todas las anécdotas que componen la historia del personaje, desde aquella primera vez que fue al teatro y sintió que ese era su destino. Durante la larga espera, el veterano actor y el ayudante establecen una singular relación. El joven, al principio, no sabe quien es ‘Feuerbach’ y éste, para impresionarle, no para de interpretar algunos fragmentos de los muchos papeles que ha hecho en su vida, aunque para ello se tenga que subir en una silla. Uno de los momentos álgidos se produce cuando él recita un monólogo en italiano y, en una explosión de locura, coge el extintor y hace volar los folios mientras suena de fondo Venecia sin ti’ de Charles Aznavour. Un momento realmente hermoso. ¡Grande Pedro Casablanc!. Por supuesto, hay que destacar también el magnífico trabajo de Samuel Viyuela dándole la réplica al maestro. ¡Tiene mucho mérito!. Después de verlo recientemente en ‘Don Gil de las calzas verdes’ en un registro totalmente cómico, sorprende verlo aquí frente a Casablanc  en un tono más serio, pero Samuel supera el examen con nota ofreciéndonos una actuación llena de frescura y determinación. ¡De casta le viene al galgo!.

Como comentaba antes, este montaje se sustenta fundamentalmente en la portentosa interpretación de Casablanc, sin embargo, el texto versionado y adaptado por Jordi Casanovas, aunque esté cargado de profundidad y sea realmente entretenido, no te llega a ‘enamorar’ ni a emocionar por completo. Durante toda la obra estás esperando que rompa en algún instante, que te toque la fibra, pero ese momento nunca termina de llegar. Antonio Simón, por su parte, dirige el montaje con bastante solvencia y nos ofrece una puesta en escena sobria y sencilla en la que destaca el diseño de luces de Pau Fullana y la ambientación sonora de Nacho Bilbao. ‘Yo, Casablanc’ no te seduce, precisamente, por su propuesta escénica. Es una obra en la que te dejas embriagar, de principio a fin, por la extraordinaria actuación de Casablanc aunque, al final te queda la sensación agridulce de que, con un actor de este calibre, se podía haber llegado mucho más lejos. A pesar de todo, merece mucho la pena ver este montaje y disfrutar de Casablanc en todo su apogeo. 

Aldo Ruiz

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