‘EL CARTÓGRAFO’: BLANCA PORTILLO Y JOSÉ LUIS GARCÍA-PÉREZ RESUELVEN CON MAESTRÍA EL COMPLICADO PUZZLE VARSOVIANO DE MAYORGA

CALIFICACIÓN: EXCEPCIONAL: 8’8

Blanca Portillo y José Luis García-Pérez protagonizan ‘El Cartógrafo’, lo nuevo de Juan Mayorga, sin duda, uno de los grandes eventos teatrales del año. Hasta el próximo 26 de febrero, en la sala Fernando Arrabal del Matadero, todos los espectadores tienen la oportunidad de disfrutar de este espléndido montaje ambientado en Varsovia y que entrecruza tres historias que ocurren desde 1940 hasta nuestros días. 
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José Luis García-Perez y Blanca Portillo dan vida a los protagonistas de ‘El Cartógrafo’. Fotografías: Ceferino López y MarcosGpunto

Después de ver ‘El cartógrafo’, uno tiene que rendirse a la evidencia de que estamos ante un dramaturgo realmente extraordinario. Aparte de tener un talento infinito como contador de historias, Juan Mayorga despliega en esta obra todo su ingenio matemático. ‘El Cartógrafo’ es un puzzle perfectamente diseñado, en el que todo está medido al milímetro y dónde, además de contarnos una interesantísima historia, se aporta muchísima información sobre el mundo de la cartografía y de los mapas. Quizás, demasiada. Es tal el alarde de sabiduría y de documentación que nos brinda Mayorga que, a veces, esto puede jugar en su contra ya que el espectador se puede sentir un tanto sobrepasado ante la complejidad y la desbordante cantidad de información. 

El relato de Mayorga comienza en la Varsovia actual donde residen Blanca y Raúl, un matrimonio al que dan vida Blanca Portillo y José Luis García-Pérez. Él se encuentra allí trabajando en la embajada española mientras ella, en un proceso vital extremadamente delicado, se dedica todo el tiempo a dibujar mapas. Un día, Blanca escucha la leyenda de un viejo cartógrafo, según la cual, este hombre que vivía en el gueto judío se empeñó en dibujar el mapa de aquel mundo en extinción, mientras todo desaparecía a su alrededor; pero como sus piernas ya no le respondían, mandaba a una niña a que saliera a buscar los datos que le ayudaran a configurar ese mapa. Blanca le da credibilidad absoluta a esa vieja leyenda y, con una obsesión enfermiza, se lanza a las calles con el objetivo de reconstruir esa historia y encontrar el viejo mapa y, al mismo tiempo, y sin saberlo, a la búsqueda de sí misma, revelando finalmente la realidad que tanto la atormenta y por la que no se quiere marchar de Varsovia.

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Blanca Portillo y José Luis García-Perez dando vida a la niña y al viejo cartógrafo en una de las escenas más emotivas.

Para dar vida a todo ese universo de personajes creados por Mayorga, el autor se sirve de dos intérpretes absolutamente geniales; Blanca Portillo y José Luis García-Pérez. Eso se llama apostar a caballo ganador. Portillo está realmente espléndida a lo largo de todo el relato. Ya sea interpretando a Blanca, esa mujer rota de dolor cuyo matrimonio hace aguas, o bien encarnando a Deborah, esa cartógrafa que lleva toda la vida desarrollando su trabajo con el fin de ayudar a los más desfavorecidos, la actriz brilla -como siempre- sacando a relucir ese don innato que tiene para la interpretación. Pero es, sin duda, cuando se mete en la piel de la niña ayudante del viejo cartógrafo, cuando logra conmovernos y emocionarnos. Sus gestos, sus muecas, su manera de caminar y de hablar, su mirada inocente… Todo es ternura en la actriz dando vida a esa pequeña que nos atrapa el corazón. A Blanca Portillo no hay reto que se le resista y, aquí, demuestra una vez más por qué es una de las grandes de nuestro teatro. A su lado y dándole la réplica perfecta, otro animal escénico; José Luis García Pérez que, durante las dos horas que dura la función, se mete en la piel de nueve personajes diferentes. Es increíble, cómo en cuestión de segundos, es capaz de pasar de un personaje a otro con una asombrosa naturalidad. García-Pérez da un auténtico recital de interpretación pero es, por supuesto, encarnando al viejo cartógrafo con quién se gana la ovación del público, un personaje entrañable, lleno de matices, y que es un regalo para cualquier actor. La química entre García-Pérez y Blanca Portillo es más que evidente durante toda la función y para los espectadores supone un inmenso placer poder disfrutar del trabajo conjunto de estos dos monstruos de la escena. 

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José Luis García Pérez y Blanca Portillo encarnando a Raúl y Blanca, un matrimonio español que se ha trasladado a vivir a Varsovia.

La puesta en escena es otro de los platos fuertes de ‘El Cartógrafo’. Siguiendo la estela iniciada en ‘Reikiavik’, Mayorga se basa en el trabajo físico de los actores para dar rienda suelta a su imaginación. Blanca y José Luis hacen un esfuerzo titánico para recrear las decenas de movimientos milimétricamente diseñados por la privilegiada mente del dramaturgo. Con una escenografía minimalista -obra de Alejandro Andújar- compuesta por un tapiz negro, unas cuántas sillas y dos mesas, y un llamativo vestuario rojo, Blanca Portillo y García-Pérez se mueven magistralmente al compás de Mayorga y bajo el espectacular diseño de luces de Juan Gómez-Cornejo y el espacio sonoro creado por Mariano García. El resultado es un montaje elegante, sofisticado y muy dinámico, -que no decae en ningún momento-, y que entrecruza brillantemente los tres tiempos de la historia; el actual, el que transcurre durante la segunda guerra mundial en el gueto judío, y las distintas etapas evolutivas de la vida de Deborah, la cartógrafa polaca, el tercer personaje al que da vida Blanca Portillo. 

Lo cierto es que ‘El Cartógrafo’ es otra de esas maravillas creadas por este hombre dotado de un talento descomunal para el teatro. Un maravilloso montaje en el que Mayorga vuelve a poner sobre el tapiz todos esos elementos que lo han convertido en el dramaturgo español más adaptado a nivel internacional y, además, vuelve a evidenciar -tras ‘Reikiavik’- que estamos ante un director excepcional. Sin embargo, debido quizás a su excesiva complejidad, yo situaría este trabajo un escalón por debajo de ‘Reikiavik’. Es evidente que son obras de temáticas muy diferentes, pero yo me quedo con la rotundidad de ‘Reikiavik’, para mí, una historia mucho más compacta y con un montaje dotado de una ingeniería dramatúrgica perfecta.

Aldo Ruiz

Enlace relacionado: Crítica de ‘Reikiavik’ de El Teatrero

Fotografías: Ceferino López  y MarcosGpunto


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Un comentario en “‘EL CARTÓGRAFO’: BLANCA PORTILLO Y JOSÉ LUIS GARCÍA-PÉREZ RESUELVEN CON MAESTRÍA EL COMPLICADO PUZZLE VARSOVIANO DE MAYORGA

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