‘LA DISTANCIA’: PABLO MESSIEZ DIRIGE CON MAESTRÍA A TRES ACTRICES SOBERBIAS EN UNA OBRA COMPLEJA E INQUIETANTE

CALIFICACIÓN.- EXCEPCIONAL: 8´8

Tras estrenarse hace unos meses en el Galileo, ‘La Distancia’ ha vuelto durante dos semanas al Teatro Kamikaze Pavón. Los que no pudimos verla la otra vez, estamos de enhorabuena, porque Messiez realiza una extraordinaria adaptación de la novela de Samanta Schweblin. Un montaje espléndido en el que destaca la increíble actuación de sus tres actrices protagonistas: María Morales, Estefanía de los Santos y Luz Valdenebro.
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María Morales, Estefanía de los Santos y Luz Valdenebro.

Una vez más lo ha vuelto a conseguir. El genio ha vuelto a aparecer. Muy pocos directores son capaces de hacer lo que Pablo Messiez en ‘La Distancia’. El argentino se maneja, como nadie, en un texto sumamente complejo y realiza una brillantísima adaptación del turbador relato de Samanta Schweblin. No era nada fácil versionar esta obra que mezcla el thriller y el terror psicológico pero estamos hablando de un maestro como Messiez, capaz de enfrentarse a grandes retos, y que se crece en la adversidad para elevarse al terreno de la excelencia. 

‘La Distancia’ nos cuenta la historia de Amanda (María Morales), una mujer que está a punto de morir y a la que solo le quedan unos minutos para intentar entender dónde empezó todo, en qué momento tuvo lugar el acto que la ha llevado a esa fatal circunstancia. Todo comenzó mientras ella y su hija Nina (Estefanía de los Santos) pasaban unos días en el campo, en una casa alquilada a Carla (Luz Valdenebro). Esta mujer, a su vez, tiene un hijo; David (Fernando Delgado), que según su madre, perdió la mitad de su alma tras intoxicarse y ser sometido a un ritual por parte de una santera. A través de la conversación actual entre Amanda -ya moribunda- y David se reconstruye el momento en que ella perdió la distancia de rescate con la que protegía a su hija Nina. 

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Fernando Delgado y María Morales en una de las muchas escenas que comparten.

Con estas dos tramas paralelas (presente y pasado), Messiez nos ofrece una puesta en escena sensacional caracterizada por su concisión, su elegancia y por ese toque genial tan característico del director argentino. La escenografía de Elisa Sanz y el espléndido diseño de luces de Paloma Parra también juegan un papel fundamental en el montaje final. 

¡Y qué decir del trabajo de las actrices!. Las tres están impresionantes empezando por una soberbia María Morales que nos desgarra en la piel de Amanda, esa mujer a punto de morir que no sabe en qué momento ‘dejó escapar’ a su hija. María nos deleita con una asombrosa actuación, cargada de sobriedad y con una mirada profunda y sobrecogedora que llega, incluso, a producir escalofríos. Luz Valdenebro también está magnífica como Carla, un personaje complicado e inquietante, una mujer de la que nunca te llegas a fiar completamente. Cada día mejor actriz, Valdenebro brilla especialmente en el fascinante episodio del caballo, cuando relata cómo se intoxicó su hijo con el agua del arroyo. ¡Maravillosa escena llena de fuerza y suspense!. Por supuesto no me puedo olvidar de Fernando Delgado encarnando a David que sobresale en las escenas que comparte con María Morales.  

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Estefanía de los Santos da vida a Nina.

Y completando el reparto,  Estefanía de los Santos, enorme como siempre, que aquí nos enternece dando vida a la pequeña Nina. Lo que en principio podría parecer ridículo -una adulta interpretando el papel de una niña-, Estefanía se lo lleva a su terreno componiendo un personaje excepcional y calcando todos y cada uno de los gestos y los rasgos de una niña; desde la inocencia a la ternura, pasando por su voz, sus muecas o su increíble forma de mirar, llena de ingenuidad. Cuando aparece en el escenario es imposible apartar la mirada de ella. Grande Estefanía que se mete al público en el bolsillo sacándole una sonrisa tan necesaria en un relato tan oscuro como éste. La actriz, además, también está perfecta en otro registro completamente diferente, cuando se mete en la piel de la vieja curandera que trata al hijo de Carla en la primera parte de la obra. 

Sin duda, cuatro magníficas interpretaciones que, junto a la exquisita dirección de Messiez, hacen de ‘La Distancia’ una auténtica joya. El único ‘pero’ que le podríamos achacar es el monólogo final de Estefanía de los Santos que, a mi juicio, es totalmente prescindible -aunque ella esté estupenda-. En la penúltima escena, la obra ya había alcanzado su cenit -ése habría sido un gran final- y la inclusión de este monólogo impide que la historia termine en todo lo alto dejándonos un cierto regusto amargo. A pesar de todo, ‘La Distancia’ es una delicatessen made by Messiez que ningún amante al teatro debería perderse.

Aldo Ruiz

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