‘DOS TRONOS, DOS REINAS’: UN JOYA TEATRAL ESCRITA POR PEPE CIBRIÁN QUE NOS BRINDA UN VIBRANTE DUELO INTERPRETATIVO ENTRE NACHO GUERREROS Y NICOLÁS PÉREZ COSTA

CALIFICACIÓN.- SOBRESALIENTE: 9

‘Dos tronos, dos reinas’, que se representa los domingos en los Teatros Luchana, es uno de los mejores montajes que hemos visto en este 2024. Un texto exquisito del argentino Pepe Cibrián, llevado a escena de forma magistral por dos grandes actores: Nacho Guerreros y Nicolás Perez Costa. A lo largo de 60 minutos, ambos nos brindan un vibrante duelo interpretativo, lleno de fuerza e intensidad, dando vida a dos enemigas acérrimas: Isabel I de Inglaterra y María Estuardo, reina de Escocia. Dos mujeres luchadoras y transgresoras que estaban condenadas a entenderse. Dos primas que dependían la una de la otra y que libraron una lucha sin tregua a lo largo de toda su vida, pero que -curiosamente-nunca llegaron a conocerse.

Dos tronos, dos reinas’ plantea el encuentro imaginario y soñado que nunca existió entre ellas. La feminidad y la masculinidad del poder a través de dos figuras antológicas en una joya teatral plagada de pasión, intrigas, ternura y emoción. Pepe Cibrián Campoy – director teatral, autor, dramaturgo y actor argentino- es un hombre apasionado de la historia y deja buena constancia de ello en esta pieza aproximándose, de forma genial, a la figura de dos reinas antológicas como fueron Isabel I de Inglaterra y María Estuardo. Según él, «Dos tronos, dos reinas’ es una tragedia, una historia de amor impensada, pero necesaria». Su texto, desde luego, es una delicatessen, de un riqueza léxica extraordinaria y con un dominio del verso asombroso. 

Un texto de tales características y complejidad, para ser llevado a escena con brillantez, requería la elección de dos excelentes actores. Y lo cierto es que tanto Nacho Guerreros como Nicolás Pérez Costa están soberbios y realizan dos actuaciones fascinantes que te atrapan desde su primera aparición en escena y no te sueltan hasta el potente y dramático desenlace. Es un auténtico placer ver la batalla dialéctica de los dos protagonistas, frente a frente, enfrascados en el verso diseñado por Cibrián. 

Guerreros brilla dando vida a Isabel I de Inglaterra y hace un alarde interpretativo, ya sea recitando el verso o moviéndose por todo el escenario, enfundado en ese espectacular traje. Su expresión corporal es magnífica en todo momento y en cada uno de sus gestos, cargados de matices. Nos ha gustado mucho la actuación del intérprete de ‘La que se avecina’, al que nunca habíamos visto en este registro, pero que se desenvuelve como pez en el agua. Tras su aplaudido trabajo en ‘Juguetes rotos’, vuelve a demostrar que no hay reto que se le resista y borda un papel muy complejo y lleno de aristas. 

Por su parte, Nicolás Pérez Costa deja bien patente que es un artista polifacético donde los haya: actúa, escribe, dirige, coreografía… y todo lo hace bien. En la piel de María Estuardo, está espléndido y le da la réplica de forma sensacional a Nacho Guerreros. Ambos forman el tándem perfecto y, además, suena genial la mezcla de acentos, el español con el argentino. Desde hace más de un año, el artista argentino viene cosechando un gran éxito con ‘Juana, la loca’, también en los Teatros Luchana, donde da una lección de interpretación. En ‘Dos tronos, dos reinas’ vuelve a hacer gala del enorme talento que atesora, advirtiendo que hay que seguirle muy de cerca, porque está llamado a hacer cosas grandes. 

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Hay que alabar también el fantástico trabajo de Pérez Costa como director, se nota que sabe lo que hace y la experiencia que tiene. Aunque la sala grande de los Luchana no sea el lugar más idóneo para una pieza como esta, el argentino resuelve muy bien la puesta en escena. Nos encanta el dinamismo del montaje, que no decae en ningún momento a lo largo de los 60 minutos. De principio a fin, ambos personajes están en continúo movimiento y es un deleite ver su expresión corporal y cómo se pasean por el escenario.

Destacar también el maravilloso vestuario -solo hay que ver las imágenes- y la sencilla pero simbólica escenografía, compuesta por tres tronos, a los que se les saca el máximo partido moviendo a los dos Reinas constantemente por ellos. Otro de los puntos fuertes del montaje es el cuidadísimo e intencionado diseño de luces. Y, aunque repetimos que no es la sala más adecuada para esta obra, el director muestra un gusto exquisito por la iluminación, cambiándola según cada escena y potenciando en todo momento la teatralidad. Respecto al espacio sonoro, Pérez Costa apuesta durante toda la obra por la solemnidad de la palabra y la batalla dialéctica. Solo usa música, de forma muy acertada, en el dramático desenlace para darle un tono épico.

En definitiva, ‘Dos tronos, dos reinas’ es un montaje de primer nivel que esperamos permanezca mucho tiempo en la cartelera madrileña para deleite del público, los amantes de la historia y los grandes aficionados al teatro. Porque esto es… puro teatro. 

Aldo Ruiz

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