‘A.K.A. (ALSO KNOWN AS)’: ALBERT SALAZAR HECHIZA ‘LA ABADÍA’ CON UNA MAGNÉTICA ACTUACIÓN LLENA DE ‘MAGIA’, VALEDORA DEL PREMIO MAX AL MEJOR ACTOR

CALIFICACIÓN.- EXTRAORDINARIA: 10

Por fin ha llegado a Madrid uno de los fenómenos teatrales de los últimos tiempos, ‘A.K.A. (ALSO KNOWN AS)’. El montaje se estrenó hace año y medio en una pequeña sala del circuito off de Barcelona y ya lo han visto más de 15.000 espectadores. Hasta el 17 de noviembre se puede ver en La Abadía este espectáculo protagonizado de forma magistral por Albert Salazar, ganador del Premio Max por esta actuación cargada de verdad. El texto, obra del argentino, Daniel J. Meyer también se ha alzado con el mismo galardón en el apartado de ‘Autoría Revelación’. Estamos, sin duda, ante un montaje extraordinario dirigido por Montse Rodríguez Clusella. 
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Albert Salazar en una de las imágenes de ‘A.K.A.’

Hay actores que tienen ángel y desprenden luz sobre el escenario. Y Albert Salazar es uno de ellos. Lo que hace en ‘A.K.A. (ALSO KNOWN AS)’ es sencillamente espectacular. A lo largo de los 75 minutos que dura el montaje, Salazar hechiza la Abadía con una actuación desbordante de magia, energía y magnetismo. Con tan solo 23 años, Albert posee un carisma brutal y una frescura arrolladora y, desde que abre la boca, se come el escenario metiéndose al público en el bolsillo. Dando vida a Carlos -un niño de 15 años-, el  actor da un auténtico recital y realiza un enorme despliegue físico. Salazar no para ni un segundo en toda la función;  corre, baila, se levanta, se sienta entre el público e inter-actúa con él, circula en monopatín, hace el pino en la pared, recta por el suelo, se sube a la silla, se cambia de ropa, ríe, sonríe, vacila, seduce, llora, se rompe… y todo ello con una naturalidad pasmosa. Por todo esto, y por la capacidad que tiene para hacernos sonreír y para emocionarnos (su interpretación en la parte final es increíble) no es de extrañar, en absoluto, que se haya ganado el Premio Max al mejor actor -superando a Nacho Guerreros y Kike Guaza, protagonistas de ‘Juguetes Rotos’-. Se lo tiene muy merecido. Albert Salazar realiza una interpretación LLENA DE VERDAD y, ante eso, solo queda rendirse. 

Pero no es el único Max de este montaje. Su autor, Daniel J. Meyer también recogió el galardón a ‘Autoría revelación’. Lo cierto es que ‘A.K.A.’ no ha parado de cosechar éxitos desde que se estrenó en marzo de 2018 en la sala Flyhard de Barcelona, un pequeño espacio del Off catalán con solo 45 butacas. La propia sala produjo el montaje sin sospechar lo más mínimo que se iba a convertir en un fenómeno teatral. Una vez estrenada la obra, el boca a boca empezó a funcionar rápidamente y el montaje permaneció allí durante dos meses. De ahí saltó al Lliure y a la sala Villarroel.  Y el fenómeno se ha hecho imparable. Más de 15.000 personas han visto ya este montaje que ahora llega a Madrid, al Teatro de la Abadía. 

‘A.K.A. (ALSO KNOWN AS)’ es un monólogo que habla de la identidad, y de la diferencia entre lo que sientes que eres y lo que deter­mina la sociedad que eres. En un texto magnífico, el argentino Daniel J. Meyer nos relata el día a día de Carlos, un chico de 15 años de origen árabe adoptado por una familia española que vive en Barcelona, de padre murciano y madre del norte. Una de las señas de identidad de Carlos es que siempre viste una sudadera con capucha, quizás para no exponerse a las burlas por su ‘pelo de moro’. A pesar de eso, Carlos es un chico entusiasta que pasa su adolescencia en su cuarto con el móvil, escuchando música, bailando hip hop, hablando con su madre, asistiendo a terapia, yendo al instituto, desplazándose en su monopatín, en el parque con sus amigos… Es una persona feliz y un día conoce a Claudia y… ¡MAGIA!. Durante 75 minutos seremos testigos de su primer amor, de las mariposas en el estómago, del deseo… Pero también seremos participes de la dolorosa injusticia que se comete con él. Y todo a raíz de una denuncia de tintes racistas completamente falsa. A partir de ahí, la vida de ese muchacho alegre y feliz se tambalea por completo. Las risas se convierten en lágrimas. Y lo que es peor, los ojos de los demás le harán plantearse cuál es su verdadera identidad. 

Daniel J. Meyer ha confeccionado un texto potente, valiente, cargado de verdad y tremendamente dinámico. Un relato que empieza de una manera desenfadada y en tono de comedia, para girar bruscamente en la parte final y convertirse en un drama que duele y estremece. J. Meyer ha sabido mostrar a la perfección todas las inquietudes y las emociones que afloran en los jóvenes de esa hoy en día utilizando, además, el lenguaje de ellos. Y es ahí donde Albert Salazar lo borda dirigido por Montse Rodríguez Clusella. (Recordamos de nuevo que él tiene 23 años e interpreta a un chaval de tan solo 15). En ‘A.K.A.’ está perfectamente reflejado el universo milenial, las redes sociales, el skate, el hip hop y las músicas actuales, el despertar sexual y la búsqueda de uno mismo. De ahí, que tantos y tantos jóvenes se hayan sentido identificados y hayan ido a ver la obra junto a sus padres. Esta es una de las claves del fenómeno ‘A.K.A’. 

Y si Albert Salazar y Daniel J. Meyer han hecho un trabajo excepcional, el tercer vértice del triángulo lo conforma Montse Rodríguez Clusella, que dirige el montaje con suma brillantez e imprimiéndole un gran dinamismo. Para contarnos el día a día de Carlos, Rodríguez Clusella se apoya en la escenografía de Anna Tantull, sencilla pero tremendamente efectiva. El espacio escénico recrea el ‘universo’ de Carlos y su cuarto. En él hay gran espejo, su equipo de música, una estantería, una silla, su patinete y, por supuesto, su inseparable compañera de viaje; su sudadera granate con capucha… Constantemente, además, el personaje entra y sale del cuarto para dirigirse hacia el público donde rompe la cuarta pared, en sus visitas a terapia o cuando va al parque con sus amigos. Como hemos señalado en varias ocasiones, la acción transcurre de manera trepidante, Salazar no para ni un instante quieto y, en esta potente puesta en escena, juegan un papel determinante el magnífico diseño de luces de Xavi Gardés y Fernando Portillo -con cuatro focos situados en los vértices del rectángulo escénico- y, por supuesto, el espectacular espacio sonoro creado por el propio Gardés y el equipo A.K.A. que han escogido una potente selección de temas urbanos y música hip hop. Este apartado es, sin duda, otro de los puntos fuertes de este montaje. Es impresionante ver a Salazar cómo se mueve y se contonea al ritmo de la música y de las coreografías diseñadas por Guille Vidal-Ribas. 

Afortunadamente se han cumplido las mejores expectativas. Habíamos escuchado tantas maravillas de ‘A.K.A. (ALSO KNOWN AS’) que temíamos que no se correspondieran con la realidad. Pero, al contrario, una vez vista la obra podemos asegurar que todo lo que se decía era muy cierto y que estamos ante un montaje extraordinario. De lo mejor que hemos visto en este 2019. 

Aldo Ruiz

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