‘LOS AÑOS RÁPIDOS’: 55 MINUTOS LE BASTAN A SECUN DE LA ROSA PARA SOBRECOGERNOS Y LLEGAR A LO MÁS PROFUNDO DEL ALMA

CALIFICACIÓN.- SOBRESALIENTE: 9

‘Los años rápidos’ es el nuevo trabajo como dramaturgo de Secún de la Rosa y se representa los sábados y domingos en el Teatro del Barrio. Una obra muy corta pero de suma brillantez y un gran contenido dramático, que nos sorprende con un tercer acto memorable. Secún de la Rosa, autor del texto, también es el director de este excelente montaje protagonizado por Pepa Pedroche, Marcial Álvarez, Cecilia Solaguren y una espléndida Sandra Collantes que se mete en la piel del personaje más emotivo de la historia.
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En  primer plano agachada, Pepa Pedroche.  De pie, Cecilia  Solaguren  y,  al lado, Sandra Collantes (sentada).  A la derecha, y de espaldas; Marcial Álvarez.

No deja de ser curioso que un hombre al que, muchos tenemos asociado a la comedia en su faceta como actor, luego, cuando se mete en la piel de dramaturgo, nos sobrecoja de la manera que lo hace en ‘Los años rápidos’. El culpable no es otro que Secun de la Rosa que, aquí, nos vuelve a tocar la fibra como ya hiciera en ‘El Disco de Cristal’. El famoso actor, que se dio a conocer para el gran público en la famosa ‘Aída’, pone de manifiesto una vez más el extraordinario dominio y el talento que tiene para el drama cuando se pone detrás de las cámaras. Y en ‘Los años rápidos’ firma una historia descarnada, muy sorprendente en su desarrollo y con una hondura dramática tremenda. Un relato corto pero muy emocionante, dividido en tres actos y que transcurre en dos épocas separadas por treinta años. 

La historia comienza hace más de tres décadas. Allí, en el típico piso construido durante los años del franquismo, un humilde matrimonio lucha por sacar adelante a su familia con todo el esfuerzo del mundo, trabajando como dos mulos de carga, y aprendiendo a desenvolverse en un mundo consumista que no deja constantemente de cambiar. Treinta años después, las hijas de ese matrimonio, Angelita y Martina, se reencuentran en esa misma casa para firmar la venta del inmueble y se reabren las viejas heridas del pasado; demostrando, como dice la canción, que treinta años no es nada y que el tiempo ha pasado demasiado deprisa. 

Al ritmo de canciones como “Con todo y mi tristeza” de la Dúrcal o “Frente a frente” de Jeanette, Secún de la Rosa va componiendo un brillante puzzle dramático impregnado de profundas emociones y cargado de sorpresas. Un montaje que va in crescendo a medida que transcurre la trama y que se compone de tres actos. El primero protagonizado por los padres. El segundo; el reencuentro de las dos hijas. Y el tercero; la gran sensación del montaje. No quiero desvelar nada para que los espectadores vayan lo más vírgenes posibles a ver la obra, pero puedo adelantar que la estructura narrativa es muy brillante y el tercer acto es realmente sensacional, de lo mejor que he visto en una sala de teatro en mucho tiempo. Extraordinario. 

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Pepa Pedroche interpreta a la madre. Aquí la vemos en una escena completamente desgarrada. Al fondo, difuminada, Cecilia Solaguren.

Secun de la Rosa dirige la obra con maestría y mucha sensibilidad, apoyándose en el magnífico diseño de luces de Cecilia Vincentelli y en la dirección artística de Madoka Kamiyama. Me gustan especialmente las transiciones entre los distintos actos donde destaca el gran trabajo de Vincentelli, que también se luce en la parte central con el reencuentro de las dos hermanas, donde hay una escena realmente potente con un diseño de luces espectacular. 

Y, por supuesto, no me puedo olvidar de la espléndida actuación de los cuatro intérpretes. La verdad es que el casting no ha podido ser más acertado empezando por la elección de los padres interpretados de forma fantástica por Marcial Álvarez y Pepa Pedroche, que hacen un retrato perfecto de lo que era un matrimonio de clase humilde de la época. Estupendos los dos. ¡Y qué podemos decir de las dos hijas!. Cecilia Solaguren y Sandra Collantes nos brindan unas actuaciones sensacionales protagonizando un duelo interpretativo de muchos quilates, con una carga dramática brutal y un giro de guión inesperado que te deja con la boca abierta. Las dos están realmente maravillosas, pero el papel que interpreta Sandra Collantes (Martina) está escrito y compuesto desde el corazón. Es preciosa la manera en que ella recuerda y siente aquellas canciones que sonaban en el casette de su padre. Y también son muy emocionantes sus miradas y su forma de caminar por aquella casa que tanto la ha marcado para bien y para mal. Bravo Sandra Collantes.

‘Los años rápidos’ te dejan con ganas de más y se hace demasiado corta. Es, quizás, el único pero que se le podría poner al último trabajo de Secun de la Rosa. Un defecto o una virtud, según como se mire, porque la obra puede crecer muchísimo todavía y le espera un prometedor futuro por delante. Lo que no cabe la menor duda es que 55 minutos le han bastado a Secun de la Rosa para ahondar en las raíces y en las miserias del ser humano y llegar a lo más profundo de las entrañas. 

Aldo Ruiz

 

 

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